Tras la pista de...

Las últimas guerreras

Captura de Juana de Arco, del pintor Adolphe Alexandre en 1847

Captura de Juana de Arco, del pintor Adolphe Alexandre en 1847

Al pensar en la figura del guerrero, de manera inevitable, nuestro subconsciente dibuja la imagen de un hombre de aspecto musculado, algo tosco, incluso rudo, podría decirse que hasta mal encarado y de gesto agresivo. No concebimos en ningún caso la figura de una mujer, sus formas delicadas la convierten en un ser frágil para nuestro cerebro. Aunque si rascamos un poco bajo esa capa amarga descubrimos que fueron muchas las guerreras que a lo largo de la historia desafiaron las normas demostrando la misma valentía, habilidad y determinación en el campo de batalla que sus homónimos masculinos.

La mitología griega ya asentó las bases de esas primeras luchadoras bajo la forma de la diosa Atenea, con una personalidad independiente es conocida no sólo como una guerrera astuta con grandes capacidades como estratega, sino también como un símbolo de sabiduría y valor.

La huella de esa poderosa determinación aparece reflejada en la vida de la legendaria reina Boudica, de la tribu de los icenos, en la antigua Britania, allá por el siglo I d.C., que lideró la mayor rebelión contra la ocupación romana en tiempos del emperador Nerón. Tras la muerte de su marido, consiguió reunir un ejército formado por más de sesenta mil hombres, pero a pesar de su asombrosa hazaña no logró vencer en la batalla final. Aquella mujer de gran estatura, voz áspera, mirada feroz y cabello pelirrojo hasta la cadera, siempre ataviada con una túnica de muchos colores, acabó suicidándose con veneno para no ser capturada por sus enemigos. Una imponente escultura de bronce la recuerda subida en un carro, junto con sus dos hijas, junto al gran reloj de la torre del Big Ben de Londres.

Ese mismo coraje, aunque envuelto en un halo de espiritualidad, fue el que llevó en 1429 a una joven campesina francesa, ésta sí conocida por todos, a guiar las tropas francesas en su victoria frente a los ingleses en la Guerra de los Cien años. Juana de Arco, la ‘Doncella de Orleans’, encabezó a cinco mil hombres, aunque fue hecha prisionera un año más tarde, acusada de brujería por un tribunal eclesiástico y condenada a morir en la hoguera el 30 de mayo de 1431 con apenas 19 años.

Por fortuna, no todas las guerreras de la historia tuvieron un final tan trágico. En el caso de la coruñesa María Pita, su valor fue recompensado por Felipe II con una pensión y el título de ‘Soldado Aventajado’. En 1589, los ingleses trataban de asediar la ciudad hasta que finalmente consiguieron abrir un hueco en la muralla, en ese momento fue María Pita quien se lanzó contra el comandante John Norreys, que encabezaba la tropa invasora, matándolo con su espada al tiempo que le robaba la bandera que llevaba mientras gritaba: «Quien tenga honra, que me siga». Aquel acto de valentía inspiró a las tropas españolas hasta tal punto que consiguió levantar la moral de los ciudadanos que consiguieron contener al enemigo y proteger así la ciudad.

Nuestra heroína gallega también tiene su propio monumento en La Coruña, en un lugar privilegiado, frente al Ayuntamiento, desde allí permanece con su lanza cargada mientras sujeta el cadáver de su marido con la otra mano, protegiendo la ciudad y velando por su seguridad.

Ese ímpetu tan propio de estas valientes no es algo que corresponda sólo a occidente, oriente también tuvo sus propias protagonistas. En Asia, Wu Zetian se convirtió en la única mujer emperatriz reinante en la historia de China, consolidando su poder a través de astutas maniobras políticas y militares. Mulán se disfrazó de hombre para unirse al ejército en lugar de su padre enfermo, demostrando sus habilidades militares y convirtiéndose en una leyenda que ha inspirado a generaciones. Y en Japón, los samuráis también tenían su versión femenina, las Onna-musha, un grupo reducido formado por mujeres entrenadas para la guerra que luchaban con una lanza especial, la naginata, arma mucho más larga que la katana, con la que defendían su hogar y familia, y en caso de conflicto, su país.

En tiempos más recientes, la lucha de estas guerreras ha evolucionado hacia un enfoque más reivindicativo o podríamos decir ‘social’. Mujeres como Harriet Tubman, defensora a ultranza de la libertad, que en el siglo XIX arriesgó su vida en acciones militares consiguiendo rescatar a más de setecientos esclavos durante la Guerra Civil estadounidense, o las combatientes kurdas que luchan contra el Estado Islámico en Siria e Irak, sin olvidar el papel de las actuales mujeres soldado en los conflictos contemporáneos.

Todas ellas han dejado un legado de coraje y determinación en la defensa de sus pueblos, ideales, derechos o familias, demostrando que el valor, la fuerza y la valentía no tienen género ni condición.

Ahora ya puedes desdibujar esa primera imagen del hombre fornido y crear una nueva versión de guerrero donde su aspecto físico no determine su valor, sabemos que tras muchas de aquellas batallas fueron ellas las que consiguieron la victoria gracias a su coraje y determinación. ¿Conoces alguna otra guerrera? Seguro que sí, nuestra futura reina, la princesa Leonor, quizás algún día bien podría estar en esta lista de honor junto con tantas que se quedaron en el tintero: Fu Hao, Mawiyya, Njinga, las Dahomey, María Remedios del Valle, Manuela Pedraza, Juana Azurduy, Lozen… n