La murciana Toya Viudes saca a su tía abuela del olvido

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid expone desde el lunes una selección de obras de la ‘desaparecida’ Rosario de Velasco después de encontrar unas trescientas obras por redes sociales

La periodista murciana Toya Viudes, comisaria de la exposición, en el Thyssen junto a una de las obras de su tía abuela.

La periodista murciana Toya Viudes, comisaria de la exposición, en el Thyssen junto a una de las obras de su tía abuela. / Mariscal / EFE

EFE

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid, uno de los más importantes de nuestro país, rinde homenaje desde el lunes a la pintora madrileña Rosario de Velasco, una «grandísima artista», pero que ha sido «silenciada» y que cuenta –o contaba– con la mayor parte de su obra en paradero desconocido. Sin embargo, tras un año y medio de búsqueda a través de redes sociales, su sobrina nieta ha hecho posible esta muestra. Y ella es la periodista murciana Toya Viudes, quien, por supuesto, ejerce de comisaria.

La exposición está organizada por el Thyssen junto con el Museo de Bellas Artes de Valencia, y cuenta con el apoyo del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, donde se podrá disfrutar de las obras de Velasco (Madrid, 1904 - Barcelona, 1991) hasta el próximo 15 de septiembre. Quienes se acerquen por allí antes de esa fecha podrán disfrutar de la obra perdida de una artista de honda tradición figurativa y que, pese a haber esta sumida «en las aguas del olvido» casi que hasta anteayer, está presente también en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía; en concreto, con su óleo Adán y Eva (1932), que da buena muestra del estilo de esta artista.

Pero, para llegar a las salas del Thysen con su primera muestra monográfica –recuerda el director artístico de la pinacoteca, Guillermo Solana–, Velasco y Viudes han vivido una intensa aventura. Porque la murciana dice que ella siempre supo que su tía abuela era una «grandísima artista», y que merecía, al menos, un homenaje como esto. No obstante, también era consciente de lo difícil que iba a ser, sobre todo teniendo en cuenta que su prolífica obra estaba diseminada entre familiares, amigos y desconocidos, por lo que en febrero del año pasado hizo un llamamiento en sus redes sociales para encontrar los cuadros.

«Y el 20 de mayo, el día del cumpleaños de mi tía, todo explotó», recuerda Viudes. «La iniciativa tuvo una gran acogida y empezaron a llamarme de diferentes medios de comunicación», rememora la periodista, que dice que con esta campaña se localizaron nada menos que trescientas obras. De hecho, «esta exposición sólo muestra los que pintó en los años veinte, treinta y cuarenta, pero queda mucho más por enseñar», advierte la comisaria de esta muestra. No obstante, según ha advertido el otro comisario de la exposición, el gestor cultural Miguel Lusarreta, el paradero de dos de sus mejores obras, El baño y Circo, es aún desconocido.

La cuestión es que no todo fue tan ‘fácil’, y la aventura, por tanto, no acaba aquí. Una vez localizadas las obras, según Solana, vieron que muchas de ellas no estaban en un «estado adecuado» para mostrarlo ni para «juzgar» su calidad. Así que el departamento de restauración del museo se puso manos a la obra para sacarle el brillo con el que lucen esta treintena de lienzos y otras ilustraciones expuestas, como las que hizo para los libros Cuentos para soñar (1928) y La bella del mal amor (1930), de María Teresa León.

En concreto, el visitante podrá ver –además de su Adán y Eva, cedido para la ocasión, y con el que obtuvo en 1932 la segunda medalla de pintura en la Exposición Nacional de Bellas Artes–, otros importante trabajos de la artista como La matanza de los inocentes (1936), del Museo de Bellas Artes de Valencia, y como Retrato del doctor Luis de Velasco (1933), que era su hermano. También Cosas (1933), Maternidad (1933), Mujer con toalla (1934) y Las lavanderas (1934), obra ésta que, según Solana, «debería ser comprada por algún museo».

La artista

Precisamente fue el éxito de su Adán y Eva lo que le permitió exponer en distintas ciudades europeas –como Berlín, Copenhague y París– junto a pintores de la talla de Vázquez Díaz, Miró, Dalí, Maruja Mallo y Ángeles Santos, entre otros, así como realizar un viaje a Rusia. Además, era amiga de otros intelectuales y artistas de la época como Delhy Tejero, Concha Espina, Consuelo Berges, Carmen Conde, José Gutiérrez Solana, Alfonso Ponce de León y Matilde Marquina. 

Por otro lado, en su biografía también se señala que formó parte de la Falange, donde fue una de sus primeras militantes en 1933, pues se declaraba ferviente seguidora de José Antonio Primo de Rivera. De hecho, más adelante se afiliará a la Sección Femenina de su amiga Pilar Primo de Rivera, pero durante la Guerra Civil fue apresada y liberada por su futuro marido, el médico catalán Xavier Farrerons, con quien se trasladaría primero a San Sebastián y luego a Cataluña, donde retomó su carrera artística y se alejó del franquismo.

En cualquier caso, según Lusarreta, el hecho de pertenecer a Falange no es el motivo de que su obra cayera en el olvido: «No creemos que fuese silenciada por esto (...) Abandonó el proyecto de ir a exposiciones para no alejarse de su familia». Y Viudes matiza: «Cuando Franco llega al poder, mi tía se queda en tierra de nadie. No apoyó al régimen franquista, pero al no tener marchante se empezó a retirar y a ser olvidada». Hasta hoy, cuando gracias a su sobrina nieta murciana vuelve a ocupar, por medio de obra, el lugar que le corresponde: las paredes de uno de los principales museos del país.