En su rincón

'Cristina Roca Ballester: la Pecera de Apolo', por Javier Lorente

Cristina Roca Ballester, en el patio de butacas del Teatro Apolo de El Algar.

Cristina Roca Ballester, en el patio de butacas del Teatro Apolo de El Algar. / Javier Lorente

Javier Lorente

Javier Lorente

Me encuentro con Cristina Roca Ballester en el rincón donde se entrecruza su trabajo, su pasión y, podríamos decir, el paraíso de sus sueños: en el coqueto Teatro Apolo de El Algar, esa joya de nuestra cultura regional que volvió a tomar vida en el año 2009 gracias al empeño de la asociación de vecinos y a la donación de los herederos de aquella Sociedad ‘La Amistad’ que lo construyó en 1907 en la diputación cartagenera. La foto se la hago en el patio de butacas, con el antiguo y bello telón de fondo.

Empezamos hablando de sus recuerdos infantiles, jugando por las calles del Barrio de San Félix de Cartagena: «Aquel era un mundo totalmente diferente, cuando no había tantas actividades extraescolares ni tantas pantallas, que absorben a nuestros hijos. Ya de pequeña era una fiesta cada vez que íbamos al centro de la ciudad y entraba en aquellos grandes cines, como el Carlos III, el Alfonso XIII o el Mariola, que un día perdimos pero que yo siempre reviviré». Me cuenta: «Mi hermana ya había dado un poco de disgusto a mis padres estudiando Bellas Artes, así que yo, que quería ser actriz, me contuve un poco y me matriculé en Historia del Arte, pero yo lo llevaba dentro y luego hice Arte Dramático». De una manera u otra, Cristina siempre ha estado vinculada al Arte y la Cultura. Estudió diversos cursos y algunos Másteres, como el de Gestión Cultural, que le encauzó su vida profesional hasta hoy en día.

De sus variadas inquietudes y su gran capacidad de trabajo baste indicar que aún no había cumplido 20 años cuando se vinculó al mundo del cine, participando en películas y cortometrajes, como actriz, y en la organización del Festival de Cine de Cartagena. También ha hecho bastante teatro, pero me confiesa: «Un día me di cuenta de que, además de poder estar sobre el escenario o abajo como público, había, a mitad de camino, un lugar intermedio que es el de la gestión y organización, una manera de facilitar a los profesionales que puedan hacer sus obras y a los espectadores que las puedan disfrutar; es una manera de trabajar para que sea posible esa magia de la conexión entre unos y otros».

Me cuenta que empezó a trabajar pronto: «Mientras estudiaba me sacaba un dinero haciendo de mimo y payaso en las bodas, bautizos y comuniones. Luego fundé un grupo y hacíamos actuaciones por toda la Región y hasta por la provincia de Alicante. También me dediqué a la gestión de espacios de arte, estuve casi una década trabajando en la Galería Gigarpe, asistiendo a Ferias, conociendo a artistas, colaborando con otras galerías, etc.», precisamente yo la recuerdo de cuando se montaron en Cartagena aquellas Ferias de ArtHotel, en el NH del puerto. «La verdad es que no he parado nunca, así que llegó un momento en que me fui a Barcelona e hice un Máster en Gestión Cultural de Espacios Escénicos. Después fundé mi empresa, La Pecera, y con ella me presenté a la gestión del Teatro Apolo, una vez que lo dejó Antonio Saura, de Alquibla, y aquí llevo ya 12 años. Lo de la pandemia ha sido muy duro, pero la verdad es que está siendo una experiencia muy gratificante». Me habla Cristina de grandes obras y grandes actores que ha programado, de conciertos y festivales, de la participación que se ha dado a colegios e institutos y de su gran apuesta: «Durante la pandemia le di vueltas a un gran festival de artes imaginarias que, junto a Jesús Nieto, de Onírica Mecánica, hicimos posible el año pasado y acabamos de anunciar que lo vamos a volver a hacer. Me ilusiona, el año pasado atrajo a gentes de otras regiones, era para todas las edades y los grupos también estaban entusiasmados, estas cosas no se habían visto por aquí».

En un momento de la conversación me confiesa: «La gestión cultural es una profesión poco reconocida y poco apoyada, cuando tengo que rellenar un cuestionario que me pide la profesión a veces no sé qué poner porque si pones ‘gestor cultural’ no lo captan y si pones ‘empresaria’ se imaginan otra cosa. Lo que sí tengo claro es que este trabajo de dar oportunidades a las compañías y a los espectadores es un trabajo muy bonito pero exigente, que tiene que ser vocacional. Las horas no están pagadas, claro, esto exige mucha dedicación. Yo tengo la suerte de contar con un gran apoyo por parte de la Asociación de Vecinos y de la Asociación Cultural Teatro Apolo, muy implicados en todo y colaborando siempre con todo lo que se hace en este maravilloso espacio teatral, tan maravilloso que yo viviría aquí. Lo peor es el verano, que se hace largo y duro: la gente se va a la playa y tiene otras ofertas, festivales etc. Hay que moverse mucho y yo me presento a cuantas convocatorias y subvenciones veo, sean del ICA o del Instituto Nacional de Artes Escénicas y Musicales».

Me cuenta que ha trabajado en la organización de otros festivales, como el de Música Antigua de Sierra Espuña, y me sorprende cuando me dice que no tiene un convenio con el Ayuntamiento de Cartagena, aunque no le faltan ideas y propuestas: «Lo que no me cabe en la cabeza es que Cartagena no se vaya a presentar a Capital Europea de la Cultura para el año 2031, que lo será una ciudad española. Nunca lo ha sido una ciudad mediterránea y con nuestro patrimonio y nuestros festivales deberíamos estar ahí, como Granada, que ya está presentado proyectos».

Me confiesa que se ha llegado a ver 200 cortometrajes para seleccionar entre los presentados al festival, «pero palos con gusto no duelen. Un profesor, en el Instituto, nos animó a ir al Cineclub Aníbal y aquello, con 15 años, fue todo un descubrimiento y me enganché. Hay que llevar el cine a los centros educativos. Ahora voy al cine con mi hija, hay que promocionar la pantalla grande. Hace falta un gran cine en el centro de la ciudad, y más aún un buen teatro, más ahora con el Nuevo Teatro Circo cerrado tal vez por años». Le importa tanto la cultura como los demás y su ciudad, siempre ha sido muy comprometida, fue una gran presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos. ¿De dónde sacará el tiempo? Es alta, guapa, ojazos azules, pelazo… pero lo mejor lo tiene dentro.

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