Música

Los herederos de Springsteen alzan la voz

Del ‘stadium rock’ al folk deshuesado, de lo alternativo a lo ‘mainstream’, de lo literario a lo prosaico, la sombra del rockero de Freehold lleva décadas prolongándose sobre músicos que podrían ser sus hijos o incluso nietos. También españoles

Bruce Springsteen, el pasado miércoles en el concierto de Madrid.

Bruce Springsteen, el pasado miércoles en el concierto de Madrid. / José Luis Roca

Carlos Pérez de Ziriza

No caben en la Wikipedia los músicos que se han visto marcados por Bruce Springsteen a lo largo de las últimas décadas. Tampoco en el apartado de ‘artistas relacionados’ que la socorrida y enciclopédica web Allmusic le dedica. Hubo un tiempo en el que reconocer su influencia no resultaba demasiado cool: la estampa de su trasero embutido en unos pantalones vaqueros, con la bandera de su país como telón de fondo en el cénit de su comercialidad (Born in the USA, 1984), no parecía el mejor de los avales para quien quisiera lucir credencial de autenticidad o marchamo underground o alternativo.

Su imagen aún era presa de enquistados estereotipos. Ese rockero al que algunos se veían en la necesidad de decirle que en la vida había muchas más cosas que coches y chicas: los Prefab Sprout de Cars and Girls (1987). Durante los años ochenta, apenas figuras como John Mellencamp o John Hiatt eran sistemáticamente comparadas con él, quien (a su vez) tanto se había inspirado en los albores de su carrera en la torrencial narratividad de Bob Dylan. Pero todo empezó a cambiar a mediados de los noventa. Un disco acústico gestado en 1995, The ghost of Tom Joad, heredero directo del emblemático Nebraska (1982), tuvo gran parte de culpa.

En el año 2000 el sello Sub Pop, cuna del grunge que había aupado a Nirvana al estatus de estrellas internacionales a principios de los noventa, editó el recopilatorio Badlands. A tribute to Bruce Springsteen’s Nebraska. En su nómina figuraban Johnny Cash, Deana Carter, Ani di Franco o Los Lobos, pero también Damien Jurado o Son Volt, adalides del llamado sonido americana. La soterrada influencia de los discos acústicos de Springsteen, tan influidos por las viñetas narrativas en blanco y negro que se inspiraban en las novelas de John Steinbeck o William Faulkner, se hizo notar en el llamado country alternativo, el outlaw country y el folk underground. Fue el Springsteen menos ostentoso, el que daba voz a las almas errantes, a los parias del sueño americano, el que sedujo a tantos otros músicos.

El periodista musical Jordi Bianciotto ofrece esta explicación: «Hay un ingrediente del lenguaje musical springsteeniano, la épica, que a veces ha echado un poco para atrás a los simpatizantes del folk, el country y las músicas de raíz estadounidense, y es posible que la escena americana haya tomado de Springsteen su perfil más narrativo, de singer-songwriter acústico», esgrime. El perfil de «canciones que cuentan historias, que conectan con una sensibilidad de la clase trabajadora, que hablan de la cara b del sueño americano». Es el mismo Springsteen, en resumen, que podría conectar con el imaginario de folk singers actuales que además son escritores de novelas, como Willy Vlautin (Richmond Fontaine, The Delines) o John Darnielle (The Mountain Goats), con referentes literarios compartidos. El Springsteen menos explosivo.

El ‘Boss’ fue, en cierto modo, anatema para la nación alternativa durante mucho tiempo. Su vis más acústica y menos grandilocuente conectaba con quienes bebían los vientos por el folk y los sonidos de mayor raigambre. Pero en territorio estrictamente rock su eco apenas traspasaba las comparaciones con John Mellencamp o incluso Bon Jovi y otros artistas considerados mainstream. Apenas American Music Club, con algunas canciones –sobre todo las de su disco San Francisco, de 1994–, le rendían pleitesía desde los márgenes de la industria. Pero algo empezó a cambiar con el nuevo siglo. «En el indie sí que ha habido casos de la invocación de la épica springsteeniana, aunque la grandiosidad, teóricamente, representara una pulsión contraria a los valores del imaginario independiente: en The National o Japandroids, esa fusión de parámetros alt rock con la expansión emocional es muy visible», recalca Bianciotto. Y es que la reformulación de la épica que supuso la irrupción de bandas como los canadienses Arcade Fire, que invocan sobre los escenarios una liturgia similar a la de Springsteen, mucho más parecida de lo que se aprecia a simple vista, fue determinante.

Bifurcación de estilos

Con la bifurcación de estilos de los últimos 15 años, la sombra de Springsteen se ha ensanchado y diversificado. El dominio de sus influencias es mayor que nunca. Incluso entre músicos que nacieron del hardcore: «Japandroids han tomado el componente más urgente y épico, poniendo más énfasis en el factor storyteller, una estela del lenguaje que ha dejado una impronta en The War on Drugs, Badly Drawn Boy o Bon Iver, o más obviamente en un Jason Isbell o en Mumford & Sons, con ese ramalazo narrativo-místico de raigambre folk con el que pueden mantener la tensión en un gran recinto», comenta Bianciotto. Un abultado listado de discípulos al que bien se pueden sumar los otrora arrolladores Marah (lo más parecido que hubo a una E Street Band de bolsillo), Jesse Malin, The Lumineers, un veterano como Willie Nile, los Counting Crows de canciones como Palisades Park (2014) o el Eddie Vedder de Long way (2022). El eco de las homilías de Springsteen se ha multiplicado.

Le pregunto a Bianciotto si no tiene la sensación, como ocurre con otros artistas de culto masivo (Bob Dylan, U2 o los Rolling Stones), de que la mayoría de sus fans españoles no sienten la necesidad de indagar en otros músicos de su misma cuerda. Hablamos de bandas y solistas que están a años luz en cuanto a popularidad. «Veo muchos conocedores de Springsteen de largo recorrido que han sido también siempre seguidores de Tom Petty, John Mellencamp, Elliott Murphy, John Hiatt o Steve Earle, y que no se han quedado encerrados en un culto excluyente», explica Bianciotto, y es que «cuando algo se hace tan grande, como ha ocurrido con Springsteen, no es posible aplicar generalizaciones».