Reportaje

El efecto Matilde: Faith Ringgold

Esta afroamericana, fallecida en abril, utilizó el arte textil para narrar en colchas su historia y la de la comunidad negra

La artista estadounidense Faith Ringgold.

La artista estadounidense Faith Ringgold. / L. O.

El pasado 13 de abril nos dejaba la artista afroamericana Faith Ringgold a los 93 años, una larga vida dedicada al arte y a la lucha por los derechos civiles aunque por desgracia su nombre todavía suene extraño y ajeno. Quizás el hecho de ser mujer y negra contribuyera a que una buena parte del sector artístico profesional ignorara a su persona o tal vez fuera por el fuerte componente de crítica política de su trabajos; creo que, en definitiva, fue la suma de todo. Muchas galerías se negaron a mostrar su obra contribuyendo así a silenciar lo que aquella mujer negra tenía que contar sobre el racismo, la esclavitud de su pueblo, la violencia, la desigualdad de su género y tantas injusticias que todavía tenían lugar en el contexto americano.

Haber nacido en Harlem en el momento de máximo auge del Movimiento Negro, rodeada de ese ambiente bullicioso donde la cultura reclamaba la igualdad para sus creadores estimuló si cabe más ese espíritu luchador y guerrero de Faith Ringgold: sus primeras obras de finales de los años sesenta ya son toda una declaración contra el racismo. Esta primera serie de pinturas, presentada como American people, recrea una situación de la que todo el mundo era conocedor, pero nadie decía nada al respecto: los constantes disturbios en las calles, los asesinatos de personas afroamericanas que nunca salían a la luz pública..., la violencia estaba en el ambiente pero era algo que los medios de prensa obviaban.

'American people die', de 1967

'American people die', de 1967 / ACA Galleries

Ser la voz de la conciencia no fue fácil, la sociedad nunca está preparada para enfrentarse a sus propios errores, así que le costó de algún modo visibilizar su obra hasta que la Spectrum Gallery de Nueva York le dio esa posibilidad con sus dos primeras exposiciones individuales.

Los años setenta fueron convulsos, de gran actividad, evolución artística y cambios para Faith. Con la llegada de la gran exposición anual celebrada en el Whitney Museum muchas mujeres del sector, unidas bajo el Comité de Arte de Mujeres ‘Ad Hoc’, se quejaron públicamente por la casi única presencia de creadores masculinos en esta gran muestra; sólo ocho mujeres de 151 artistas participaron el año anterior. Fundado por Lucy Lippard, Poppy Johnson, Brenda Miller, Faith Ringgold y, más tarde, Nancy Spero, enviaron una carta al Museo exigiendo que el cincuenta por ciento de los artistas participantes fueran mujeres y que la mitad de éstas fueran negras. También organizaron manifestaciones y sentadas durante los dos meses y medio previos a la inauguración, incluso colocaron tampones y huevos crudos con el mensaje «Cincuenta por ciento» en el exterior del edificio. Actos por los que algunas, entre ellas Faith Ringgold, serían detenidas. 

Aunque consiguieron una mayor presencia femenina no se llegó a ese cincuenta por ciento reclamado, sólo incluyeron a veinte, así que en 1971 fundó junto con Poppy Johnson y Lucy Lippard el colectivo de artistas para mujeres negras ‘Where We At’, con una primera exposición en una galería como respuesta al fiasco del Whitney.

Hasta ese momento sus pinturas estaban realizadas principalmente en óleo y también comenzó a trabajar la escultura con la realización de máscaras africanas, pero fue su viaje a Europa lo que la hizo evolucionar hacia un arte que fusionaba la tradición con la modernidad, lo artesanal con lo artístico, además de enlazar con sus propias raíces. En su visita al Rijksmusem en Ámsterdam quedó impactada por unas pinturas nepalís de los siglos XIV yXV, se trataban de thangkas, pinturas de seda con bordados. A su vuelta a Estados Unidos abandonó el óleo, comenzó a experimentar con el acrílico sobre telas sin tensar –imitando aquellas antiguas técnicas–, y así fue como surgieron sus primeras quilts: colchas narrativas pintadas que se convirtieron en su seña de identidad definitiva, en las que continuó denunciando lo que sufrieron las mujeres esclavas africanas con imágenes y textos escritos a mano.

'Vinimos a América', de 1997.

'Vinimos a América', de 1997. / ACA Galleries

Invitó a su madre, diseñadora de moda y quien la enseñó a coser, a participar en este nuevo proyecto y en 1980 elaboraron la primera colcha de título Ecos de Harlem, configurada con los rostros de treinta vecinos de su barrio. Su siguiente colcha en solitario, tras fallecer su madre, será ¿Quién le teme a la tía Jemima?, en la que narra la historia de una exitosa empresaria afroamericana llamada Jemima Blakey.

Sus colchas cuentan no sólo la opresión de la comunidad negra sino la propia historia de esta artista que ha dedicado toda una vida a reivindicar su condición de mujer negra y su identidad, defendiendo hasta el último momento el derecho a la igualdad y el respeto que toda persona merece.

En 1992 se muda con su marido de Harlem a New Jersery con la ilusión de tener un estudio propio rodeado de un bonito jardín. Tardó seis años en conseguirlo, sus nuevos vecinos blancos no querían tenerlos allí.

Aunque nunca abandonó ese talante crítico, sus obras se encaminaron hacia propuestas más reflexivas: «¿Qué harás por la paz?», preguntó a toda la sociedad en su colcha para conmemorar el décimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre. Su lema siempre fue que si uno puede, cualquiera puede, todo lo que hay que hacer es intentarlo. Recordarla es un camino de exploración donde el dolor se transforma en lucha, ¿será posible soñar, como ella quería, con un mundo que no distinga raza, género o condición?

Representada por ACA Galleries en el tramo final de su trayectoria, sus últimos proyectos abordaron las historias de aquellos niños que, rodeados de un mundo en guerra, han olvidado cómo jugar, la importancia de recordar a los antepasados y la vejez.

Aunque más de cincuenta años después de aquellos conflictos con el Withney, el gran museo de arte americano cuenta hoy con cinco obras de Faith Rinngold en los fondos de su colección, resulta insólito que ninguna de ellas permanezca a la vista del público en exposición, mucho más significativo cuando una de ellas lleva escrita esta leyenda: «Estaba repartiendo folletos sobre la discriminación del Whitney contra los artistas negros cuando un hombre blanco le dijo a su hija: no te acerques a ese negro… La esclavitud es odio, el odio es un pecado».

«Mi arte es mi voz», Faith Ringgold.