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Premios Laik Región de Murcia

Artes escénicas | Lola Baldrich Actriz y cantante

"Debemos tomar conciencia de las pequeñas concesiones que hacemos al sistema para poder avanzar"

La polifacética artista toledana, de padre aguileño, visita este fin de semana el Teatro Romea de Murcia con ‘Adictos’, una obra diferente, crítica y profundamente reflexiva que protagoniza junto a Ana Labordeta y una leyenda del teatro español, Lola Herrera

Lola Baldrich.

Lola Baldrich. / L.O.

Enrique Soler

Enrique Soler

El Teatro Romea de Murcia presenta este fin de semana –y por partida doble– la obra Adictos, de Daniel Dicenta y Juanma Gómez, con dirección de Magüi Mira. Con un trío actoral de excepción encabezado por Lola Herrera, bien secundada por Lola Baldrich y Ana Labordeta, esta producción de Pentación Espectáculo trata de dar respuesta a cuestiones que lo cierto es que no estamos acostumbramos a ver subidas a un escenario. Se trata de una pieza que habla de un mundo dominado por la desinformación y en la que la transformación de su protagonistas, Estela, constituye una metáfora de la disposición del ser humano para cambiar de actitud. Adictos es un texto que reivindica y reflexiona sobre la capacidad de reacción de las personas y que enseña qué un punto de rebeldía es necesario cuando queremos cambiar algo. Baldrich nos lo cuenta.

Adictos habla de la verdad. De la verdad frente a la manipulación y la desinformación, algo que sufrimos de manera cotidiana en nuestro día a día.

Sí. Con esto de la ‘nueva verdad’ y la ‘nueva manipulación’ que sufrimos a diario parece que hemos convertido la realidad en otra cosa. Y esto es algo que ocurre en cada era, pero que en nuestro caso tiene mucho que ver con la influencia de la tecnología. De esto habla la obra, de esa influencia y de ese ‘bloqueo’.

Y de que en una sociedad controlada en exceso por los grandes poderes, la honestidad tiene un precio muy alto. Es mucho más fácil ser un ‘adicto’ o adepto al Sistema.

Sí. Desmarcarse o descolgarse del Sistema, así como plantearse o hacerse preguntas y no dar todo por hecho o dar el consentimiento a todo lo que nos ofrece ese poder es peligroso. Además, se lo entregamos todo a un ente que muchas veces no tiene nombre propio; nos sometemos a ciertas cosas porque casi es mejor no abrir la boca. Esa es nuestra verdadera prisión, la que nosotros mismos nos fabricamos.

De nuevo, el teatro que siempre ha sido una fuente de libertad, nos trae un mensaje con mucho calado, ¿cómo cree que llega al público?

El teatro abre puertas; es una lupa gigante a través de la que mirar el alma humana, sus contradicciones y sus grandes pasiones. En este caso, hablamos de esa novedosa servidumbre a la tecnología, y los interrogantes que eso nos plantea. Así que supongo que así es como llega, como una serie de preguntas; como el principio de un diálogo interior y una invitación a cuestionar ciertas cosas.

¿Sobre esas presiones del poder? ¿Sobre la presencia de esas élites en nuestro día a día?

Sí. Es que son esos pequeños sometimientos, los del día a día, los que nos impiden ser un poco más libres; debemos tomar también conciencia de ellos –y no solo de los más evidentes– para poder avanzar. Al final, eso que llamamos «los poderosos» no son más que el producto del ciudadanos. Sería conveniente que dejáramos de tirar balones fuera y empezáramos a mirar nuestro propio ombligo a la hora de contestar ciertas preguntas.

El título de la obra, por supuesto, también hace alusión a esa adicción a la tecnología, a hasta qué punto estamos enganchados al móvil.

Claro. Es algo que ha entrado en nuestro día a día sin apenas darnos cuenta y que nos ha cambiado por completo. O sea, si yo quiero ir al Teatro Romea de Murcia, busco en el GPS y me lleva, sí, pero por donde él quiere; y yo, como solo voy pendiente del móvil, soy incapaz de levantar la cabeza y mirar a mi alrededor, de disfrutar de la ciudad, de perderme... Ese aparatito del que no puedo despegar la mirada me marca una realidad, pero no la que pueden ver mis ojos, y eso creo que es estar esclavizados.

¿Cómo es su papel en la obra, Lola?

Lo cierto es que, cuanto menos contemos, mejor. Pero soy jefa de psiquiatría en una clínica privada; clínica que recibe un caso muy particular, el de una científica (Lola Herrera) que sufre una amnesia grave. Y la obra digamos que se desarrolla durante una serie de sesiones en las que va emergiendo la verdad de por qué esta mujer perdió la memoria. Y en medio de toda esta trama aparece una tercera mujer (Ana Labordeta), una periodista, con la que las otras dos establecerán una alianza.

¿Qué tal está siendo trabajar con Lola y Ana?

Maravilloso. Estrenamos en agosto de 2022, con lo que llevamos ya muchos meses juntas, y es una suerte poder trabajar, no solo con ellas dos, sino con todo el equipo de Adictas, con el que hemos formado una pequeña familia con la que recorrer España. Y yo, personalmente, estoy muy agradecida de poder hacerlo, de visitar tantas ciudades; de poder actuar en la Región, en la tierra de mi padre, que es aguileño... La vida se pone bonita cuando te ofrece estos regalos.

Supongo que subirse a las tablas con una de las grandes, con Lola Herrera, es especial...

Es increíble. Yo no la conocía, y nuestra primera toma de contacto fue durante una sesión de fotos para la promo del proyecto. Cuando me recibió, me dijo: «Qué contenta estoy de que estés aquí, te admiro mucho». Que me diga eso ella, una colosa, una titana, una leyenda de esta profesión, y que me lo digo con toda la humildad del mundo, imagínate lo es... Pero, sobre todo, demuestra cómo es ella. Es una apasionada del teatro, y por eso está donde está.

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