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De monstruos y otras bestias: Jesús Carmona

Una obra dentro de una obra, un comienzo y un final similar, pero no igual, donde lo que transcurre entre esos dos instantes podría ser perfectamente un sueño, un pensamiento, un sentimiento, un fluir de aquellos aspectos más oscuros que inquietan el alma a pesar de la serenidad aparente.

Un momento de 'Baile de bestias'

Un momento de 'Baile de bestias' / Jesús Vallinas

Tania Herrera

«Esta obra dirigida, coreografiada e interpretada por Jesús Carmona junto al músico y cantante Manu Masaedo no deja indiferente a nadie», profecía escuchada y cumplida, a pesar de que las expectativas de ver a un Premio Nacional de la Danza (2020) y Premio Benois de la Danse (2021) ponían el listón muy alto.

Miradas de reconocimiento que conectan las almas, un bosque onírico donde las caperucitas dejan salir esos lobos que tienen dentro, convirtiéndose en bestias pardas con dolor de entrañas, dolor físico que se queda reflejado en la piel de aquel que observa las escenas. Luces, sombras y tinieblas, un viaje por los diferentes matices de la luz, los túneles, los monstruos y los miedos, agua purificadora y gatos que siguen un punto rojo, metáfora sincera del animal que todos llevamos en nuestro interior.

Una obra dentro de una obra, un comienzo y un final similar, pero no igual, donde lo que transcurre entre esos dos instantes podría ser perfectamente un sueño, un pensamiento, un sentimiento, un fluir de aquellos aspectos más oscuros que inquietan el alma a pesar de la serenidad aparente.

Un espectáculo donde Jesús Carmona se desnuda buscando su esencia a través del movimiento desestructurado, repetitivo e incluso feo que busca la sinceridad y no la belleza per se, vinculado a una técnica bárbara que, en más de una ocasión, hizo estallar al público en aplausos.

Baile de bestias es una apuesta vanguardista donde el arraigo del flamenco marida en perfecta sintonía con la libertad de movimiento de la danza contemporánea, con esa búsqueda expresiva donde las curvas de lo femenino casan con lo rectilíneo de la masculinidad; una fusión excelente que dispara los sentimientos del público a través de las diferentes escenas vividas junto a Manu Masaedo, que convierte el espacio sonoro en otra bestia más.

Sumando a esta propuesta el vestuario de José Ventura & Visori, que juega con distintas tonalidades de negro, el rojo, el blanco, y la piel desnuda de Jesús, la atmósfera creada por la iluminación de Luis Perdiguero y la escenografía de Emilio Valenzuela forman un combo perfecto que, sin lugar a duda, explica los dos premios Max a Mejor Espectáculo de Danza y Mejor Intérprete Masculino de Danza que recibieron en 2022.

Esta obra, que ha cerrado el ciclo de danza en el Auditorio Víctor Villegas, ha sido un broche final de temporada de lujo, dejando en el aire los aplausos con los que el público ovacionó de pie a los dos intérpretes, y con ganas de ver el cierre de esta trilogía de la que forma parte Baile de Bestias.

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