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Ginés Sánchez: "Soy un escritor de monstruos, pero no de los que tienen escamas y antenas, sino de los que todos llevamos dentro"

Tras ganar el Gran Angular de literatura juvenil con 'La mar detrás' (2022), el murciano regresa a la novela adulta con 'De tigres y gacelas', una suerte de western a la murciana anclado en el universo de su libro más exitoso hasta la fecha, Los gatos pardos

El escritor Ginés Sánchez. Marta Pérez (EFE).

Ginés Sánchez (Murcia, 1967) ha vuelto. Algunos dirán que la espera ha sido corta –su último libro, El mar detrás, ganador del Gran Angular 2022, salió hace apenas unos cuantos meses–, pero aquel no era exactamente él... A ver, sí, pero mostrando otra cara, hasta ahora desconocida (y dirigida a un público juvenil). De hecho, él mismo reconoce que ha pasado «demasiado» desde el lanzamiento de su última novela ‘adulta’, Las alegres (2020). Pero desde la semana pasada ya está en librerías De tigres y gacelas (2023), una novela descarnada con la que recupera, no solo el tono, sino el universo de su novela más reseñada, Los gatos pardos (2013), merecedora del IX Premio Trusquets, que, por supuesto, publica esta suerte de spin off, de «western a la murciana». La editora la describe así: «Una chica a la que arrebataron la belleza demasiado pronto, un empresario corrupto y adicto al sexo, una tratante de arte oriental y un tesoro oculto que todos persiguen», vamos, que quien se enfrente a sus páginas se encontrará con un relato coral de historias entrelazadas y que son narradas con crudeza y mucho punch. Hablamos con su autor aprovechando que se encuentra de promo, pero casi que lo mejor para conocer este nuevo lanzamiento es abrir el libro y ponerse a leer. 

Días de promo..., días raros.

Sí. Son días en los que vas como de un lado a otro..., pero bueno, ya estoy acostumbrado. Además, esta semana nos estamos centrando en Murcia, así que es una buena excusa para ver a viejos amigos.

¿Cómo lleva usted eso de hablar de sus libros? Porque no a todos los autores les gusta...

[Ríe] Yo bien. Bueno, depende de la entrevista (que las hay mejores y peores). En cualquier caso, no deja de ser extraño eso de tener que explicar en poco más que un tuit algo que te ha costado desarrollar unos cuatrocientos folios; es algo un tanto confuso... Pero se va haciendo, no nos ponemos a malas.

Eso espero... Además, imagino que también son días emocionantes, de recibir los primeros comentarios de los lectores sobre un proyecto en el que ha puesto tanto cariño. ¿O a usted eso del feedback no le motiva demasiado?

¡Al contrario!

Hay muchos escritores que dicen: «¿Ya está en librerías? Yo ya he hecho mi trabajo».

Es más complejo. Como autor –en mi caso, al menos– se pasa por varias fases: primero, cuando terminas con todas las pruebas de la novela y el ‘encierro’, estás emocionado. Después, cuando ya está todo listo y es enviado a imprenta, te entran las dudas: «Vaya tontería», «Para qué habremos hecho esto»... Pero cuando el libro llega por fin a las librerías y empieza a llegarte por redes que los lectores lo están comprando, o a llegarte mensajes de amigos que te van contando qué les está pareciendo, te animas; ves a la gente ilusionada y te contagias un poco. Porque, al final, la relación con ellos lo es todo; uno no escribe para los críticos o para los jurados, escribe para que lo lean. Así que son momentos bonitos, sobre todo cuando alguien te dice que se le han hecho las dos de la mañana leyendo; eso, creo, es lo mejor que le puedes decir a un escritor.

Porque supongo que todas las críticas son... buenas (los que tienen algo malo que decir, normalmente, se lo guardan).

[Ríe] Sí. Bueno, en principio la gente lo está recibiendo bien, pero tampoco te creas que hay tantos que lo hayan terminado ya..., piensa que acaba de salir. Sin embargo, parece que quienes se enganchan están leyendo rápido, y eso es bueno porque te dice que has conseguido atraparles, pero no necesariamente significa algo. Quiero decir: yo esta vez estoy contento porque veo que la gente, con quien hablo, está entendiendo lo que pretendía con esta novela, cuando hay veces que devoran tus historias y enseguida ves que no te han pillado...

"Si entregara una parte de Ginés Sánchez a cada uno de mis personajes no me quedarían pedazos para seguir escribiendo"

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También le digo: después de El mar detrás, supongo que habría muchos esperando a que retomara su senda habitual. Aquella incursión en la literatura juvenil... ¿qué fue? ¿Un pequeño desvío, un experimento o la primera baldosa de un camino nuevo?

La verdad es que han pasado casi tres años desde Las alegres, que es mucho tiempo para lo que suelo tardar en publicar nueva novela. Pero, claro, esta se retrasó un poco por El mar detrás; de hecho, debía salir en mayo del año pasado, pero decidimos esperar para que no se solaparan. Y en cuanto a la literatura juvenil.., es un camino que empecé a andar sin saber bien cómo se hacía, pero vistos los resultados... es una senda que tendremos que seguir explorando. A ver si somos capaces de hacer una buena novela para chavales dos veces.

Le leí en una entrevista decir que escribir un libro como aquel, para un público..., no sé si menos maduro, pero, desde luego, más sensible, le enfrentó a varios dilemas de carácter ético, de si podía o no hacer esto o lo otro. ¿Se ha sentido más cómodo escribiendo De tigres y gacelas?

No, no va por ahí. La historia es que La mar detrás implicaba un compromiso de denuncia de determinadas situaciones muy sangrantes y verdaderamente duras que, por algún extraño motivo, parece no afectarle a la gente (cuando debería). Eso ya, de por sí, implica una responsabilidad como autor, pero si encima escribes para chavales que igual nunca se han enfrentado a algo así, el peso es todavía mayor. Piensa que en muchos casos puede ser que me correspondiera a mí ofrecerles una primera visión sobre el drama de los campos de refugiados. Aquí, sin embargo, la responsabilidad es mucho menor. Esta novela es una especie de spin off de Los gatos pardos y el componente de denuncia social –al menos en comparación con La mar detrás o, incluso, Las alegres– está mucho más escondido, es menos visible. Entonces..., sí, me sentía como mucho más libre para escribir; no tenía ese corsé. En ese sentido, obviamente, supone un cambio con respecto a mis últimos trabajos.

La narración es más cruda, más... violenta. ¿El público adulto lo soporta todo?

[Ríe] Entiendo que las situaciones que se presentan en De trigres y gacelas pueden ser duras, pero creo que esa ‘violencia’ está tratada siempre con mucha delicadeza. Es decir: yo siempre quito la cámara en el momento más difícil; creo que nadie puede acusarme de ser especialmente gráfico. Otra cosa es que esa decisión, digamos, obliga al lector a rellenar los ‘huecos’ que yo dejo con su propia experiencia, lo que en algún caso puede ser incluso peor que si fuera mucho más descriptivo... Dicho esto, sí, creo que el público adulto lo aguanta todo bastante bien, y si en Los gatos pardos se trataban temas duros, aquí no podía ser distinto.

Vamos, que cede al lector toda responsabilidad.

[Ríe] Sí. Es un concepto muy Faulkner: las sensaciones que va a tener el lector a través de su propia experiencia son mucho más poderosas que las que yo, con mi narración, le podría sugerir.

Ginés, le atraen los personajes malditos, apaleados, marginados; parece obvio. ¿Por qué?

Te voy a ser muy claro: yo soy un escritor de monstruos. Pero no de los que tienen antenas y escamas, sino de los que, de alguna forma, forman parte del razonamiento excéntrico de la persona. Creo que todos somos un poco monstruos, que llevamos algo dentro; la única cuestión es dónde ponemos la cámara. Pero si enfocamos en el sitio adecuado, encontraremos algo parecido a un monstruo (en ti, en mí o en cualquiera). Y eso es lo que me atrae. Y te diré más: sobre todo, me llama el proceso de transformación en monstruo. Si mirásemos mi bibliografía al completo, en todos mis libros encontraríamos a personajes que van cruzando líneas que no pensaban que jamás fueran a pasar y que marcan el despertar de su versión más descarnada. 

Imagino que, quizá por eso, en la nota de la editorial se le compara con Cormac McCarthy, Tarantino y Juan Rulfo. A mí en este sentido me recuerda más a Harry Crews... ¿Qué tal se lleva usted con este tipo de asociaciones?

A mí que me comparen con Rulfo o McCarthy me encanta. Quiero decir: que lo que yo hago puede resonar mínimamente a ellos me parece algo maravilloso, porque son mis referentes y quiero parecerme a ellos. El problema es que si me lees a mí y luego a McCarthy salgo muy mal parado... [Risas]

¿Y con la vida qué tal se lleva? Porque... ¿cuánto hay de Ginés Sánchez en sus personajes? ¿Usted también ve la vida con recelo, como Rocío Martínez [protagonista de De tigres y gacelas] o solo hace por meterse en el papel?

Yo creo que lo que yo hago se parece mucho más a lo que hace un actor. ¿Sabes esa sensación de estar viendo a un tipo interpretar un papel y que de repente griten «¡corten!» e, inmediatamente, se transforme en otra persona? Pues yo igual. Yo siempre, cuando escribo, estoy actuando; trato de meterme hasta el fondo en la piel de mis personajes. Pero, en cuanto a qué hay de mí en ellos... Mira, yo tengo ocho novelas publicadas y la mayoría de ellas son corales; así, a bote pronto me salen como diecisiete o dieciocho personajes principales: ¿cómo voy a ser yo todos ellos? ¡Es imposible! [Risas] Seguro que alguno tiene alguna pincelada de lo que soy o que, de manera muy profunda, todos compartan algún rasgo mío (a lo mejor el seguir luchando siempre), pero si entregara una parte de Ginés Sánchez a cada uno de ellos no me quedarían pedazos para seguir escribiendo.

Un tema siempre complejo: ¿cómo lleva eso de meterse en la cabeza de una mujer? ¿Lo hace de forma natural o se prepara de alguna manera particular?

A mí es que siempre me ha salido de forma muy natural. Tengo muchos personajes femeninos y, es cierto, siempre me preocupo en preguntar a mis lectoras qué les ha parecido, pero no he tenido quejas hasta el momento. De todas formas, esto es algo que me preguntaron mucho cuando Mujeres en la oscuridad (2019) y siempre decía lo mismo: «¿Por qué me preguntáis cómo es meterse en la cabeza de una mujer y no de un sicario, que es mucho más complejo?» [Risas]. Al final, solo son personajes, y si trazas bien quiénes son, el resto sale solo.

Pues tiene toda la razón... Otra cosa: De tigres y gacelas es una novela muy cinematográfica; casi puedo pensar en directores que podrían rodar su adaptación para la gran pantalla. ¿Es algo que hace de una manera consciente?

Yo tiendo a ser muy visual; a no explicar lo que está pasando, sino a dejar que sea el lector el que saque sus propias conclusiones. Yo no digo que Rocío está triste; Rocío hace cosas y el que está leyendo que decida cuál es su estado de ánimo. Siempre lo he preferido así: ‘Narrativa del hecho’. Y volvemos a Rulfo: él decía que el autor tiene que estar callado, que no tenía que dar explicaciones de nada. Lo decía de Pedro Páramo (1955): «Traté de no decir nunca lo que [los personajes] pensaban, solo lo que hacían». Yo lo prefiero así cuando soy lector, y por tanto es lo que hago. Pero, claro, cuando lo lees suena todo muy peliculero porque es una sucesión de escenas permanente.

Por cierto, la adaptación al cine de Lobisón (2012) [Llobàs, de Pau Calpe] está ya en el horno. No sé si está involucrado de alguna forma o si ha seguido el proceso...

Sí. Cuando se hicieron los guiones hablamos mucho. Soy amigo de Pau y eso lo hizo todo más fácil. Luego se rodó y ahora estamos a la espera. Pero ahora viene un momento muy bonito porque pronto nos mandarán como la copia base de la película, el montaje en bruto, y nos sentaremos a comer palomitas y a ver por primera vez cómo ha quedado. El cine es espectacular...

"Esta novela está escrita para que un señor de Calahorra la pueda pillar el 95%; pero el otro 5% solo lo va a entender la gente de aquí"

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Y Los gatos pardos también parece que va a llegar a la pantalla tarde o temprano. ¿Qué puede más, la ilusión o la incertidumbre? Que anda que no hay escritores que han rajado de las películas de sus libros...

Mi trabajo, mi arte, termina en el momento en que entrego la novela. Después llegará otra persona y, sobre eso, aplicará su propio arte. Y otra, y otra... Primero el guionista; después, el productor, que también tendrá algo que decir; durante la fase de producción, el director, y más tarde, los actores. Entiendo que esto va de una superposición de artes, y pretender estar pendiente de todo eso para que la cosa salga igual que como tú la has escrito me parece que es de estar muy loco. Yo les digo siempre que hagan lo que les dé la gana, que por mí no se preocupen (aunque luego no se parezca en nada a la novela).

Por cierto, no le he preguntado: ¿Por qué ha decidido retomar tanto tiempo después el universo de Los gatos pardos?

Bueno, era una baza que tenía ahí guardada desde hacía años. Los gatos pardos es un universo complejo con un montón de historias; historias que en muchos casos se quedaron a medio. Y a mí el concepto del spin off me encanta: siempre me ha atraído eso de coger a algún personaje secundario y hacer algo con él, sobre todo en este caso. Porque este es un universo, además de muy western, muy murciano. Esta novela, por ejemplo, está escrita para que un señor de Calahorra la pueda entender perfectamente, pero en un 95%; el otro 5% solo lo va a pillar la gente de aquí. 

Había deudas pendientes...

Sí. Se quedaron muchas cosas a medio resolver... Y son tramas que estaban ahí desde 2013, desde que se publicó Los gatos pardos. Y yo, que todo lo que hago lo hablo antes con Juan Cerezo [su editor], le preguntaba: «¿Podemos sacarlas ya?» [Risas]. Hasta que me dijo que sí.

Entonces... ¿podría haber en el futuro nuevas entregas del universo de Los gatos pardos?

Depende de cómo vayan las cosas. También ocurre que uno tiene otras ideas y no quiere estar todo el rato metido en la misma novela... Pero sí, podríamos sacar, al menos, otros dos libros de Los gatos pardos.

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