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Joaquín Reyes: "Se puede hacer humor con lo que uno quiera, pero hay que saber encajar las críticas"

"Hay veces en la vida en las que uno comprueba que la realidad ha superado la ficción, como me ha pasado a mí con la parodia de Putin"

Joaquín Reyes. L.O.

El humorista Joaquín Reyes (Albacete, 1974) está recorriendo los teatros de todo el país «a lomos de un poni alazán» para deleitar a sus seguidores con «una amalgama de chorradas» que ha preparado «con esmero» y que sirve en su nuevo monólogo, Festejen la broma. Y ahora, al cómico chanante le toca hacer escala en el Teatro Circo de Murcia, a cuyo escenario se subirá tanto este viernes como el sábado para ofrecer a quienes allí se congreguen una buena dosis de «ironía fina –y también gorda–, ideas relocas y tonadas nihilistas», marca del autor de Enjuto Mojamuto.

Han dicho que su humor es «neohipsteriano rural». ¿Cómo se le queda el cuerpo?

Pues bien porque creo que el término me define con bastante exactitud, ya que hay algo de rural en este espectáculo. O, bueno, pensándolo mejor, quizá diría, más bien, ‘costumbrista’. He explotado esta vertiente principalmente por mi condición de manchego. Y creo que también es un poco ‘hípster’. Este es un término que últimamente no está tan bien visto, pero para mí no tiene nada peyorativo porque en el fondo tiene relación con una inquietud cultural y eso es bueno. Así que me gusta esa expresión, ese adjetivo: ‘neohipsteriano rural’.

¿Qué provoca su espectáculo en quienes aún no le conocen?

Supongo que se sorprenden con el humor absurdo y los temas inesperados que voy sacando, aunque deduzco que casi todo el público que acude al teatro a verme es gente que ya me conoce porque, a lo tonto a lo tonto, llevo ya más de dos décadas haciendo comedia. No obstante, y aunque Festejen la broma se estructura como un tradicional monólogo humorístico, un formato popular y muy visto, intento darle la vuelta a los temas para ofrecer un enfoque original. Y también hay mucho humor físico, siempre con mi característico estilo.

Innovó en televisión con las imitaciones en las que no imita. ¿Era una estrategia para poder hacer más personajes?

Fue una de esas primeras ideas que uno tiene, una rareza loca que no se había visto antes. A la gente le gustó mucho, por lo que continué. Me parecía original abordar todos los personajes de la misma manera, poniéndoles acento manchego, y está claro que eso me facilita mucho las cosas a la hora hacer cualquiera... Llevo más de un centenar de imitaciones.

Y el espectador logra meterse en el personaje, por increíble que parezca.

Sí, sobre todo porque hay un trabajo de caracterización muy bueno por parte de Nacho Díaz, el maquillador, que me ayudo mucho a la hora de hacer estas parodias. Él tiene dos premios Goya por efectos de maquillaje y estoy muy orgulloso de tenerle como compañero. Empezamos juntos en el programa La hora chanante y aquí seguimos codo con codo. Siempre reivindico su trabajo porque es muy importante lo que consigue conmigo.

Fue premonitorio con Putin. Bromeó en 2015: «Me tocáis mis huevos toreros y os quito el gas».

Hay veces en la vida en las que compruebas que la realidad ha superado la ficción. Lo vivo con mucha inquietud, lógicamente, como cualquiera. Son tiempos muy convulsos y estamos ante un problemón. Dejando a un lado a Putin y hablando en general, hay personajes que dan tanto juego que es muy fácil parodiarles, ya que ellos son una parodia en sí mismos.

¿Hay personajes de los que es imposible reírse?

Se puede hacer una parodia de cualquiera, hasta de alguien muy soso. La cuestión es buscar un buen enfoque para poder sacarle partido, sea soso, histriónico te caiga bien, mal o lo que sea.

¿En España se podría hacer un humor tan atrevido como el de Ricky Gervais?

Creo que sí. Ya hay cómicos que hacen algo parecido y no les va mal, tienen su público. Puedes hacer humor de lo que quieras, con un enfoque original, y luego debes estar dispuesto a encajar las críticas y saber defender esas bromas que has hecho. Gervais practica un humor muy negro y así es como se debe entender, sin ningún problema.

El británico dice que el humor «tendría que ser como tirarse un pedo en el funeral de un niño». Usted hace reír con pedos, cacas y sobacos sudorosos. ¿Por qué estos temas gustan tanto?

La escatología ha funcionado siempre. La usó hasta Quevedo, que escribió poemas sobre el ojo del culo. Es una herramienta más para hacer reír porque nos habla de lo que nos avergüenza, de lo oculto, y eso es muy eficaz. En este espectáculo utilizo el humor escatológico, como también el blanco, bromas más elaboradas... Intento combinar diversos tipos de humor.

¿Y qué le hace reír?

Yo me río mucho en general porque soy bastante risueño. Pero me hacen reír bastantes cosas, como los juegos de palabras (y, cuanto más tontos, mejor), el humor físico, los pies de foto de la revista Hola...

¿Qué tal la nueva experiencia como ventrílocuo?

Muy bien. Me apetecía mucho hacer un número de ventrílocuo porque me permite jugar con un personaje externo que interactúe y se meta conmigo, como Braulio. Me parece muy divertido.

¿Es un cuñadísimo?

Sí, tiene que ver con eso, con el típico personaje incómodo que, de forma simpática, te pone en un compromiso. En su momento fue una decisión un poco arriesgada, ya que nunca había manejado una marioneta, pero la verdad es que me lo paso muy bien.

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