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Entrevista

Fernando Rubio: "Si no sabes a dónde quieres ir, ningún camino es el bueno"

El cantante y guitarrista cartagenero presenta esta noche en el espacio Alviento del puerto de la ciudad trimilenaria su último disco, '20th Century' (2022), una montaña rusa de emociones y rock de esencia sesentera.

Fernando Rubio durante una actuación. Ayto. Cartagena

En 20th Century (2022), Fernando Rubio (Ferroblues, Bantastic Fand) se sube a un tren como el de Con la muerte en los talones (1959) para dejarse llevar por una montaña rusa de emociones. De hecho, la brillantez de Alfred Hitchcock –su director– como narrador cinematográfico es equiparable a la de este músico, con muchos quilates de talento y experiencia, que además muestra la humildad de los verdaderamente grandes. Después de unos años discretos, ha tenido que ser la situación creada por la maldita pandemia la que volviera a ponerlo en el centro de atención con su espléndido y alabado tercer disco que, sobre todo, transmite la idea de una persona incondicionalmente optimista, positiva y esperanzada.

Íntimo y emocionante, rotundo, grabado y producido por el propio Fernando Rubio en su estudio doméstico, 20th Century parece escapado de las páginas doradas de una enciclopedia de rock fechada entre mediados de los sesenta y setenta, con fidelidad a un sonido que cambió el mundo. Consagra a su autor, un tipo bonachón, degustador del tiempo, paciente y furtivo, buceador entre sus orígenes, amante de sus raíces, querido por los suyos y respetado por todos los que le conocen, que deja caer –con esa voz ondulante, persuasiva y cálida que rezuma nostalgia– un torrente de palabras y emociones, una ternura mal disimulada que atraviesa la piel, rock introvertido que lame las heridas del alma. Los aficionados han caído rendidos ante la certeza de considerarlo como uno de los discos de cabecera de este año. Esta noche lo presenta en Alviento, en el Puerto de Cartagena.

Estarás satisfecho con el recibimiento de 20th Century...

Estoy muy contento. Están escribiendo reseñas maravillosas, y la respuesta de la gente está siendo muy emocionante.

El disco lo has grabado prácticamente en casa. ¿Eres de los de ‘cuanto menos, mejor’ o echas de menos las posibilidades de un gran estudio?

Supongo que es hacer de la necesidad virtud. Me gustaría ir más a estudios grandes, sobre todo por la posibilidad de tocar y grabar todo el grupo a la vez. Pero en casa se trabaja muy bien, ahora que la tecnología lo permite (sin prisas ni presiones). 

Parece que hayas querido despojarlo de todo lo accesorio para reducirlo al puro sentimiento...

Es también una opción estilística, sí: ir a lo esencial. Arreglos sencillos y bonitos, pocos instrumentos y dejar que las canciones respiren.

"Para mí la música siempre ha sido terapéutica. Al escucharla, hacerla y tocarla. No sé qué sería de mí sin ella"

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¿De qué estado emocional y anímico salen estas diez canciones? ¿Qué hilo conductor las une?

El hilo conductor es mi momento vital al escribirlas, bajo unas circunstancias concretas. Muchas han sido comunes para todos, como la pandemia y el aislamiento que hemos vivido asustados, y la necesidad desesperada de compañía y de evasión que esto nos han provocado. También está la tormenta de información y desinformación a la que nos han sometido y de la que tenemos que protegernos lo mejor que podamos.

El título, la canción, hace referencia a la película Con la muerte en los talones. ¿Qué te motivó a titular así este disco?

Hasta ahora mis discos siempre han sido bautizados con el título de una de las canciones, pero para este me pareció muy sugerente esta referencia. La película discurre en la sede de la ONU en Nueva York, en vestíbulos de hoteles, en el vagón restaurante y el coche cama de un elegante tren art déco, en una subasta de arte, en la casa de arquitectura vanguardista del villano... Esos tiempos modernos que nos prometía el Siglo XX, vaya. Me gusta también el contraste con la portada, tan naif. Y, a fin de cuentas, los estilos por los que deambulan mis canciones surgieron el siglo pasado.

El disco pasa por estados de ánimo muy diferentes. Cuéntame cómo has vivido, artísticamente hablando, este tiempo. ¿Cualquiera que escuche estas canciones puede verse reflejado en ellas, en esa época, en esos miedos?

Eso creo. Mis canciones suelen reflejar mis reacciones a lo que estoy viviendo, a lo que veo a mi alrededor. It won’t take too long va de resistir ante una situación difícil, por ejemplo. I let it out habla de malentendidos, de esas cosas que te vas guardando en tu interior y que por fin las sueltas en el peor momento y de la peor manera. Wondering aloud y Behind the hills aluden al confinamiento y a estos tiempos oscuros en los que vuelven fantasmas del pasado que creíamos superados. Self-pity ironiza sobre lo cómodo que puede ser, a veces, sentir pena de uno mismo, echarle la culpa al mundo de lo que te pasa. Y Same race es como encontrarse a alguien de tu generación que ha pasado por cosas parecidas a las que has vivido tú y que ahí sigue, levantándose una y otra vez. Son situaciones y emociones que muchos pueden compartir, sí.

Este disco podría perfectamente ser un diario. Me parece que también hay mucha reflexión. ¿La utopía se va diluyendo un poco con el paso de los años?

Puede que la utopía se vaya diluyendo en parte, pero nunca hay que dejar que desaparezca del todo. No hay que perder de vista lo que nos impulsó a movernos, aunque cueste recordarlo a veces y haya que recalcular las coordenadas de vez en cuando, porque si no sabes a dónde quieres ir, ningún camino es el bueno.

¿Hacer e interpretar estas canciones ha sido terapéutico?

Para mí la música siempre ha sido terapéutica. Al escucharla, hacerla y tocarla. No sé qué sería de mí sin ella. Es la pura verdad.

¿Qué ingredientes dirías que hay nuevos en este disco con respecto a los anteriores?

Pues quizá ha salido más popero que otros... Hay quien habla de power pop al describir I let It out, 20th Century o Wondering aloud. Pero también creo que contiene mucho trabajo de guitarras, acústicas y eléctricas, distorsionadas y limpias, slides... Supongo que esto se debe al aislamiento en el que se gestó, aunque luego Carlos y Lucas hicieron unos teclados de lujo.

¿Las letras es lo que más te cuesta sacar? ¿Estas son fruto del impulso y la inspiración repentina, o más bien de la disciplina de un trabajo constante?

No soy disciplinado, no va con mi carácter. Las letras vienen casi siempre cuando ya tengo la música. A veces, de una pequeña frase que canturreo sale todo lo demás. Una vez que doy con un tema que le va bien a la emoción que me sugiere la melodía, ya la suelo resolver rápidamente, aunque luego sigo puliendo los detalles. Eso sí, hay dos cosas importantes: una es que contengan verdad, que lo que canto tenga que ver con mis vivencias y sentimientos, y otra, que suenen bien, que fluyan con la música.

Según uno se va haciendo más maduro, parece más utópico salir de la zona de confort, ¿no crees? ¿Cómo llevas tú lo de la madurez?

La llevo de un modo muy inmaduro. Me dedico a algo insensato, como es hacer música e intentar vivir de ello, y eso me pone a menudo en situaciones supuestamente impropias de mi edad. Pero ¿qué es lo sensato? ¿Pasar por la vida con la nariz tapada por la promesa de una seguridad que puede que nunca disfrutes? No lo sé... Cada uno es quien es y no puede elegir ser otro. Aunque con la edad todo cuesta más esfuerzo, sigue habiendo un chaval ingenuo por ahí dentro, que aún asoma de vez en cuando. Clint Eastwood, cuando le preguntaban por esto, respondía que él se levantaba cada mañana y no dejaba entrar «al viejo». Incluso hay una canción con ese título. Pues eso. Por otra parte, los años tienen algunas ventajas. Aprendes lo que te gusta y lo que no, y a no dedicar tiempo a cosas que no te importan.

"Llevo el paso del tiempo de un modo muy inmaduro. Me dedico a algo insensato, como es hacer música e intentar vivir de ello"

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¿Qué hay detrás de la portada?

La portada es un dibujo de un joven artista. Lo hizo mi sobrino Olmo a sus 7 años, cuando le pidieron en el cole que contara su verano (que pasó en parte aquí, con nosotros, en La Azohía). Cuando lo vi me emocionó. Me sentí totalmente identificado con el espíritu feliz y despreocupado que refleja, y el personaje que bucea sonriente soy yo. Me fascinó el sol, que casi parece una nave espacial, muy 2Oth Century. En cuanto lo vi pensé que tenía que ser la portada. Picasso decía que le llevó toda la vida aprender a pintar como un niño. Olmo ya sabe hacerlo.

¿Cómo dirías que es el sonido Fernando Rubio?

Pues espero sonar reconocible, y cocinar mi propia receta con todos los ingredientes que he ido recopilando a lo largo de mi vida musical. Yo bebo de muchos estilos, pero creo que tengo una forma propia de cantar, tocar y componer, y cada vez más gente me lo dice.

¿De todos tus roles artísticos, en cuál te reconoces más: guitarrista, compositor, cantante...?

Disfruto con todos, y a lo largo del tiempo he sido sobre todo un guitarrista, aunque quizá lo que más me gusta ahora es cantar.

También has ejercido de productor. ¿Tienes la sensación de que nadie mima las canciones mejor que uno mismo?

La verdad es que me encantaría probar a hacer un disco producido por otra persona, alguien en quien confiara plenamente, y ver hacia dónde podría llevar mis canciones. Supongo que me costaría, porque estoy muy acostumbrado a producirme a mí mismo y a otros. Pero sí, lo bueno de la autoproducción es que al final el trabajo queda a tu gusto (aunque a veces me cueste darle muchas vueltas...).

¿Con qué equipo has contado para dar vida al disco?

Con mis compañeros de siempre. Paco del Cerro hace las baterías y los coros con Paloma del Cerro y Nacho Para. Carlos Campoy y Lucas Albaladejo grabaron los teclados, y Román García y Joaquín Talismán también tocan en alguna canción. Grabar el disco durante el confinamiento ha hecho muy difícil que participaran más, como a mí me hubiera gustado. Nos resarciremos en los conciertos.

Este nuevo álbum ha llegado en un momento histórico convulso. ¿Cuánto hay de realidad y de fantasía en el concepto de 20th Century? ¿Es el mundo imaginario un mundo mejor?

La realidad y la fantasía siempre están entremezcladas. Al percibir lo que nos rodea, ya lo cambiamos, lo deformamos. Y el disco es, en ese sentido, mi propia elaboración de lo real. No creo que el mundo imaginario sea necesariamente mejor. Los creadores de ficción saben que lo que más miedo da es lo desconocido, y los peores terrores los crea la imaginación. Pero no es el caso de 20th Century, que en su mayoría es un disco luminoso y amable.

Pues sí, pese a todo, el mensaje que cala de este nuevo disco es positivo: hay esperanza en el drama humano y en la experiencia de vivir. De verdad lo crees así, ¿no?

Más que una creencia es un sentimiento. Cuando estoy preocupado o apesadumbrado por algo, al final también me canso, y de algún rincón de mi interior surge una actitud positiva. Creo que es lo único que produce frutos. El pesimismo y el fatalismo no llevan a ningún sitio.

A veces no sabemos si estamos al límite del acantilado, o si quizá ya estamos en caída libre. Entonces, ¿para qué la música?

Algo habrá que tararear mientras nos precipitamos al vacío, ¿no? Acuérdate de la orquesta del Titanic.

Fecha: Hoy, 22.15 horas.

Lugar: Alviento, Puerto de Cartagena.

Precio: desde 12 euros.

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