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Entrevista
Cantante y micropoetisa

Mª José Martín de la Hoz, ‘Ajo’: "El amor es un invento del mezcal, y el mezcal es un invento de Dios"

Figura imprescindible del underground madrileño durante los años de la Movida, es una de las grandes estrellas del festival Poesía a Escena, al que llega este sábado junto a su socio Nacho Mastretta para presenstar en El Palmar un show entre lo literario y lo musical en el que la improvisación lo es todo.

Mª José Martín de la Hoz, ‘Ajo’

A punto de concluir la primera edición de Poesía a Escena, el festival organizado por los Centros Culturales y el Área de Artes Escénicas de la Concejalía de Cultura de Murcia, hablamos con la grandísima María José Martín de la Hoz, ‘Ajo’, que estará esta tarde en el Teatro Bernal de El Palmar acompañada por el músico Nacho Mastretta. Agitadora contracultural, figura indispensable del underground madrileño y activista en mil frentes, quizás lo más definitivo sea llamarla como ella misma se bautizó profesionalmente: micropoetisa. De sus libros ha vendido más de 40.000 ejemplares, pero en sus inicios estuvo dedicada a la música: al frente de un sello discográfico (Por Caridad Producciones) y junto a Javier Colís en el grupo de rock experimental Mil Dolores Pequeños, recordado sobre todo por De la piel pa’ dentro, memorable himno antiprohibicionista.

Sin embargo, desde hace años, Ajo ofrece su poético show con gente como Judith Farrés, Julieta Venegas, Corcobado o el propio Mastretta, con quien recrea un mundo insólito donde se mezclan el cabaret, el rock, el punk y el cuplé. Él, uno de los grandes músicos y compositores nacionales, toca el piano y el clarinete para dialogar con la micropoesía de Ajo. Un soplo de irreverencia y liberación del que hablamos con su autora.

¿Qué es Microshow?

Es un espectáculo que vamos concibiendo a tiempo real, porque es improvisado. Yo no sé nunca lo que va a tocar Nacho, y él no sabe los versos que voy a recitar. Pero tampoco yo: tengo todos los poemas en hojas y voy metiendo unos u otros según corresponda. Es como una conversación entre un músico y una micropoetisa.

Ya llevas tiempo colaborando con Nacho Mastretta, ¿no?

Empezamos juntos a principio de este siglo, en el 2002 o por ahí, pero lo dejamos durante una temporada porque él tenía otro proyecto en danza. Ahora, justo después de la pandemia, hemos vuelto a coincidir, y estoy muy contenta.

He leído por ahí que construís un mundo insólito entre el cabaret, el rock, el punk y el cuplé.

Más o menos. Están muy bien traídos esos términos, sí. Aunque no se sabe muy bien por dónde vamos a ir, quieras que no, las referencias siempre se acaban transparentando de alguna manera.

Tú vienes del punk.

Sí. Yo llegué a Madrid en el ‘82, en plena eclosión del mundo del punk, y sí me identifiqué con ese movimiento durante un tiempo. Ahora, quizá, no tanto, pero todavía sigo defendiendo su teoría.

Y hoy eres una micropoetisa pionera (aunque la micropoesía no sea invento tuyo...).

No, no es invento mío. Lo que es mío es la palabra ‘micropoetisa’. Recuerdo que en Google, en 1999 o en el 2000, cuando empecé yo con los micropoemas, ponías la palabra ‘micropoema’ y te decía: «Quizá usted quiso buscar ‘micropene’», y buscabas ‘micropoetisa’ y te preguntaba si estabas buscando ‘microporosa’». Y me dije: «Tengo que cambiar esta tendencia». Ahora buscas ‘micropenes’ y te sale: «¿No andará buscando micropoemas?».

Para entendernos, eres defensora del arte de la condensación.

Sí. A veces, cuando me quiero tirar el rollo digo: «Yo es que soy como economista, porque en realidad me dedico a poner la menor cantidad de recursos posibles a favor de la mayor efectividad o eficacia». Joder, eso es la economía. Lo que pasa es que el dinero es más rentable que si te dedicas a las palabras, pero el concepto es el mismo.

Empezaste con esto tras el final de Mil Dolores Pequeños, con esos microlibros con la entradilla del Libro de los venenos de Escohotado. Y hace poco leí un artículo en el que escribías sobre él, después de su muerte. Creo que ha sido bastante inspirador para ti.

Se convirtió en alguien muy cercano, y con quien me gustaba mucho charlar y discutir de diferentes historias, así que supongo que tiene una relevancia en lo que hago. Después, a última hora ya, tuvo una deriva un poco hacia la derecha que no me acabó de gustar..., pero era su manera de ser y de existir. Guardo un grandísimo recuerdo de él; era un tipo divertido e inteligente.

¿Y tú dirías que tu conciencia política se ha intensificado desde los tiempos de Mil Dolores Pequeños hasta ahora?

Sí. A medida que vas viviendo, te vas concienciando más y te vas posicionando en el sitio en el que te corresponde. Yo soy una persona de izquierdas, evidentemente, y claro que no pienso lo mismo que cuando tenía 20 años, pero sigo estando a este lado.

¿Tiendes más a la indignación, o a la distancia irónica?

Depende. Aunque antes me indignaba más; ahora quizá soy más dada a la distancia irónica. A medida que vas perdiendo fuerza, resulta que tienes que buscar otras herramientas con las que luchar.

¿Cuál es el tema principal de tu micropoesía?

Tengo muchos temas: el amor, el desamor, la soledad, el miedo... En fin, las cosas que nos asolan en general a todo el mundo.

¿Qué dirías tú que es la micropoesía?

Pues es una poesía con doble filo, se podría decir: se lee una cosa y detrás hay una sombra. Otras veces los micropoemas son mucho más directos y mucho más evidentes. La llamaría también ‘poesía urgente’.

Se habla mucho del estímulo de ciertas drogas. En tu vida creativa, ¿qué papel han tenido?

Pues han tenido un gran papel, la verdad. Pero yo nunca he abusado de las drogas;bueno, quizá del hachís..., pero en general he tenido una buena relación con ellas. Y las hay mejores y peores; algunas ahora las detesto profundamente, como la cocaína. A mí me gustaba y me gusta el opio, por ejemplo. Pero sí, han tenido mucha presencia en mi vida y las he utilizado mucho para avanzar, más que para detenerme, aunque ahora ya prácticamente no tomo nada... Algún vinito, un mezcalín y los porros.

¿Cómo estás respecto al tema de la legalización?

Se está demorando en exceso, pero ya hay bastantes iniciativas. En algunos sitios de Estados Unidos ya llevan bastante adelantado este tema... Espero que el médico no me prohíba fumar antes de que me lo permita el Gobierno. Pero en el fondo me da igual si lo legalizan o no, porque la gente tiene acceso a ello, y además de muy buena calidad. Hay muchas asociaciones en Madrid y en todas las capitales de España donde ofrecen un material buenísimo, que es una manera de estar legalizados en la sombra.

Al mezcal creo que le atribuyes el invento del amor...

Sí. El amor es un invento del mezcal, y el mezcal es un invento de Dios. También es una droga, como casi todos los alcoholes que vienen de los cactus, que tiene propiedades muy… exultantes: te abren la cabeza en vez de cerrártela, como hace el whiskey, por ejemplo, que te emborrona la lengua. Con el mezcal en dosis pequeñas, cada vez estás más lúcido, en vez de cada vez más ebrio.

Lo decía Escohotado y también los griegos.

Sí, sí, la sobria ebriedad.

En pequeñas dosis tónico y en grandes dosis tóxico.

Exactamente. Las pequeñas dosis siempre son buenas, de verdad.

Todo esto me lleva a una especie de universo de los placeres prohibidos de Baudelaire. ¿Qué hay de todo eso en tu obra?

Pues hombre, algo habrá quedado, porque yo esto lo leí hace tiempo. Ahora ya solo leo mujeres, porque estoy hasta los huevos ya de leer la vida de los hombres.

¿Cómo te acercaste a la literatura? ¿Estaba ya antes del punk?

Sí. Cuando era más jovencita, el único escape que tenía en mi pueblo de Saldaña, provincia de Palencia, eran los libros. Casi no se escuchaba ni la radio. Con Radio 3 había unos problemas para coger el FM que se te iba la olla... 

Y eso que has estado en Boa, ahora creo que en Altafonte…

No, ahí no. Yo estoy en Arrebato Libros. Estoy a la espera de sacar uno nuevo, que a ver si me decido... Voy haciendo las cosas muy poco a poco, porque me parece terrible lo de: ¡Venga, y otro disco, y otro libro, todos los años, tatatá! Me parece horroroso el juego ese de producir incontrolablemente, que después está todo petao y no logras distinguir lo bueno de lo malo.

Se pierde la noción de lo que está pasando.

Sí. Yo cojo un Rockdelux y no sé si es de física cuántica o de qué. El otro día estaba viendo la movida esta de Los 40 en la tele y no tenía ni puta idea de nada. Conocía a Rosalía y a nadie más, creo. Me espeluzna un poco ese mundo. No tiene nada que ver con la música, tiene que ver con la industria.

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