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La Opinión de Murcia

Libros

De cómo es posible narrar el silencio de tres mujeres

La bajamar

El dolor que provocan a menudo los recuerdos es capaz de traspasar los límites más insospechados. El silencio es, a veces, la única salida que los humanos hallamos para sentirnos vivos. Si esos recuerdos van unidos a las experiencias de la maternidad, a la pena, al desgarro o a cualquier otro drama que se esconde en cada familia, el resultado puede ser un conjunto de historias entrelazadas de tres mujeres de diferentes generaciones.

    Esto es algo de lo que sucede en La bajamar (Literatura Random House, 2022), la segunda novela de Aroa Moreno Durán (Madrid, 1981), una nueva invitación a la lectura en este verano de locura que parece ser el último antes de una gran crisis. Y les aseguro que no es una novela fácil, de esas que dejan un sabor dulce en mitad de la canícula. Como tampoco lo fue La hija del comunista (Caballo de Troya, 2017) un texto íntimo y político que narra una parte de la historia del exilio en el Berlín oriental desde la mirada de una niña que va creciendo y descubriendo la vida en un contexto tan singular como fue el del telón de acero.

    En La bajamar encontramos tres planos narrativos que son los de sus protagonistas, marcados por la experiencia de la maternidad, en la que se repiten comportamientos y experiencias que parecen superados en la generación más cercana. Pero qué va, los conflictos se repiten. Los reproches, también, y todo ello en el contexto de unas mujeres que vienen de abajo, de realidades obreras, cercanas, a las que salpican experiencias de promoción y de cambio pero que, al fin y al cabo, parecen destinadas a vivir los mismos conflictos.

    El exilio vuelve a estar presente en esta novela, como ocurrió en la primera, al igual que los secretos, los miedos y temores que arrancan del contexto político en el que se desenvuelven los acontecimientos. La potencia narrativa de Aroa Moreno no está exenta de dolor, como ella misma ha reconocido públicamente, porque no es sencillo sumergirte en lo que se siente con la maternidad si no la has vivido en primera persona. Si no has aprendido, junto a tu bebé, cómo huele ese diminuto ser que es capaz de transformar tu existencia desde el cuidado y los propios miedos.

    La crianza en tres contextos distintos no es tan diferente cuando en el fondo persisten los secretos, los sufrimientos, el dolor propio y ajeno, la práctica ausencia de las figuras paternas (y masculinas, por supuesto) y el reproche. Sobre todo, el reproche. Porque han permanecido ocultas en el tiempo las razones que hubieran podido explicar los porqués de los demonios familiares.

    Si quieren degustar una prosa bella y, a la vez, desgarradora, de una escritora a la que auguro un futuro envidiable (porque el presente, ya lo es) no dejen de lado a las protagonistas (Ruth, Adriana y Adirane), ni a las secundarias. El dolor duele, pero la literatura es capaz de enlazar ficción y realidad sin perder de vista las emociones y sentimientos que suscita en quienes la profesan para dejarse llevar por una historia potente y, sobre todo, consciente. Con la mirada de una mujer sobre otras mujeres.

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