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La Opinión de Murcia

En su rincón

Petrus Borgia: un Quijote transgresor

PETRUS BORGIA

En el año 2016 se conmemoraba el cuarto centenario de la muerte de Cervantes y, contactando con artistas, conocí personalmente a Pedro Antonio Borja Martínez, Petrus Borgia para todos, que tenía entonces una exposición del Acartonamiento del Quijote en la Casa de Cultura de Mazarrón. Desde entonces quedé totalmente rendido ante la creatividad desbordante de este arquitecto, dibujante, pintor, escultor, artista total y, sobre todo, buena gente y persona generosa de las que parece mentira que aún queden y no se llamen Alonso Quijano.

    Se cambió el nombre para no coincidir con el de su padre, Pedro Borja, reconocidísimo artista, ceramista, escultor y pintor, ya retirado, de Cabezo de Torres. Hoy el hijo sigue usando las instalaciones del taller familiar y allí vive y trabaja junto a su pareja: la artista Sofía Gea, en lo que llaman La Casa de Cristal, a la sombra de unos grandes cipreses, una descomunal higuera, y una inmensa morera, además de limoneros y frutales. El taller, con obras de los dos, es inmenso, con una amplia zona expositiva y varios rincones de trabajo. Desde que los presenté, en aquellos actos cervantinos, Petrus y Sofía no se han separado ni un día. Son los anfitriones perfectos, además de formar una increíble combinación de pareja que vive para el arte, sin descanso, y para cuidar a sus dos perros y sus tres gatos, que pululan entre las grandes estanterías de la biblioteca, los sofás, el taller, las salas expositivas o el patio, como seres mágicos que, tal vez por la noche, se convierten en ayudantes.

    Me han preparado unas exquisitas tostas con un pan que Petrus acaba de hacer. Les gusta agasajar a las visitas con su maestría culinaria, siempre natural, artesana y mitad tradicional y mitad innovadora. Yo siempre les aconsejo un negocio: que pongan dos o tres mesas para dar comidas con encanto en un lugar ídem. Me cuenta Petrus: «Mi abuelo, Antonio Borja Giménez, ya era pintor en este pueblo y yo, de pequeño, pasaba el tiempo entre el taller de mi padre y el de mi abuelo. Ellos pintaban conjuntamente los carteles para las películas de los cines, además de otros encargos, logotipos, murales en iglesias, arreglos y decoración de retablos, etc. Con mi padre hice de ayudante, aprendiz y luego oficial, empecé limpiándole los pinceles, barriendo, haciéndole las mezclas y seguí dando los fondos a los cuadros y ayudando con los moldes y los hornos». Y me confiesa: «Aprendí a dibujar, pintar y esculpir, pero lo que más me gustaba, desde niño, era crear espacios, usando cajas de cartón o de madera. Me gustaba tanto un metro extensible como unos lápices. Empecé a ver unos libros de arquitectura de mi abuelo y con cuatro o cinco años ya tuve claro que quería ser arquitecto, y con el tiempo vi que era una manera de canalizar mis habilidades y mi mente imaginativa». No es de extrañar que su juguete favorito fueran las construcciones de Lego.

    Dotado, como pocos, para el dibujo, su taller alberga más de 6000 bocetos de todo tipo que yo siempre le insisto que deberían ser expuestos, porque me parecen auténticas obras de arte por sí solos, aparte de sus cuadros y sus esculturas. Como conocedor de su obra, he de reconocer que tiene un dominio magistral de la figura humana, en cualquiera de las técnicas y formatos en que la trabaje, y una destreza y profesionalidad técnica en el uso de los materiales que es digna de asombro, todo ello aderezado con una imaginación y creatividad inusual, que le permite hacer una obra llena de niveles y lecturas, mezclando, por ejemplo, una escena del Quijote (libro que se sabe de memoria), con la invención del autogiro y una crítica humorística o sarcástica a la sociedad actual, en defensa de los desvalidos de nuestro entorno y señalamiento de los poderes establecidos y las oligarquías. Otro de sus temas es la mitología que, por supuesto, también la actualiza.

    Y me dice: «Siempre he sido inconformista, crítico y bastante transgresor. Me gustan los retos y mis obras hacen pensar, al menos a mí. Nunca me ha gustado lo convencional, la moda, ni lo decorativo». Imaginaos como son las casas que diseña, con las piscinas volando.

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