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Manuel Acosta: el filósofo vegetal con más tesón

Manuel Acosta

Cuando Manuel Acosta Echeverrías intervenía hace unos años en el entrañable acto de jubilación de ocho profesores de la Facultad de Biología, al final de su emotivo discurso se despedía aludiendo al Gaudeamus Igitur: «Quiero terminar con la añoranza del Gaudeamus, que siempre me gustó cantar. Para un fisiólogo vegetal siempre he dicho que refleja nuestro anhelo: después de una alegre juventud y tras una molesta vejez, pasaremos a ser tierra (humus), aunque al final tengamos la suerte de llegar hasta las flores». Unía de esta forma Manuel Acosta (Manolo para quienes le conocemos) sus dos grandes pasiones: su amor por la materia que imparte, la Fisiología Vegetal, y su amor por la Universidad de Murcia, en la que ha permanecido durante muchas décadas.

Nacido en la provincia de Almería en 1947, Acosta llegó a la Universidad de Murcia en 1964, donde se licenció en Química, convirtiéndose en profesor de la UMU cuatro años más tarde. Allí obtuvo la plaza de catedrático en 1990, llegando a ser el primer catedrático del área de Fisiología Vegetal, tras el profesor Francisco Sabater, con quien había realizado la tesis doctoral 14 años antes. 

Pertenece Manuel Acosta a esa generación de profesores universitarios que, con esfuerzo y tesón, lucharon contra las difíciles condiciones y adversidades hasta conseguir el excelente edificio actual que alberga su facultad. Y en medio del barro, del frío o de las sillas y mesas en versión liliputiense (que el mismo profesor Acosta citó en su discurso de jubilación) todavía sacaron fuerzas para conseguir fondos para investigación, destinados a prácticas y para proveerse de nuevos laboratorios, y así poder seguir formando a esos excelentes profesionales que la UMU ha exportado durante décadas y de los que también se ha nutrido.

Y ello gracias a profesores volcados en su profesión como Manolo Acosta, enamorados de la enseñanza, como asegura José Antonio del Río Conesa, tildándolo de «excelente profesor, siempre preocupado por la calidad de la enseñanza y por innovadoras técnicas docentes». 

Muchos todavía le recordarán llegando a clase cargado de libros y revistas científicas para familiarizar a sus alumnos con las principales publicaciones en su terreno.

Este cronista le conoció como responsable del Museo Loustau, poniendo todo su empeño en salvaguardar este magnífico patrimonio de la Universidad de Murcia, aplicando todo su saber como él sabía hacer, callada y sistemáticamente, sin estridencias. Mirando siempre adelante.

Trabajar con él ha sido siempre un placer. No había problemas irresolubles que su experiencia y esa bohhomía que siempre ha tenido no supieran solventar, propiciando que se llegara a la meta sin habernos aparentemente esforzado, por más dura que hubiese sido la tarea.

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