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Festival Jazz San Javier 2022: todos recordamos a Wes Montgomery

Mark Whitfield y Peter Bernstein rinden tributo al gigante de la guitarra hard bop en una velada que cerró el Andrés Barrios Trío

Mark Whitfield, durante su actuación del sábado en San Javier. | IVÁN URQUÍZAR IVAN URQUIZAR

Lo más importante que se le ha de pedir a un festival de jazz es una buena programación, y los responsables de la XXIV edición del Jazz San Javier han conseguido ensamblar una programación variada, alternando grandes nombres estadounidenses y europeos con una excelsa selección de artistas españoles, desde grandes figuras a jóvenes promesas, y además manteniendo parte de su programación gratuita, acercando el jazz a todo aquel que quiera escucharlo.

Una nueva jornada dando cabida a músicos veteranos y más jóvenes se abría con We All Remember Wes -producción propia del festival-, de la mano de Peter Bernstein y Mark Whitfield, dos gigantes de la guitarra del jazz, una brillante mezcla de arte y virtuosismo.

Peter Bernstein es quizás el guitarrista de jazz de su generación con mejor gusto melódico. Ha recorrido un largo camino para entrar en la historia del jazz, habiendo acompañado durante muchos años a Melvin Rhyne, el organista de Wes Montgomery; una alta responsabilidad que cumplió a la perfección. Después de haber estudiado con Kenny Barron y Jim Hall, se convirtió, junto con Larry Goldings y Bill Stewart, en miembro de uno de los tríos más importantes del jazz moderno.

Bernstein domina un swing puro al que añade complejidades bajo la superficie; tiene un toque ligero como una pluma, un conocimiento enciclopédico de los acordes, y la habilidad de tocar estándares como si se los estuviera inventando en el acto. Improvisa con fluidez en la tradición post-bop, con un control sobre la armonía total; produce un tono cálido y musculoso que recuerda al de gigantes como Wes Montgomery, Jim Hall y Kenny Burrell.

Manuel Lombo (en el centro) rodeado por el Andrés Barrios Trío. | IVÁN URQUÍZAR

Por su parte, Mark Whitfield se ha movido simultáneamente en dos direcciones. Considerado al principio el heredero aparente de George Benson, dio suficientes pruebas de que podía serlo también de Wes Montgomery. Aquí sonó orgulloso, alto y fuerte, y eso también es importante para un guitarrista, aunque a veces pecara un poco por exceso de filigranas, pero su interpretación dinámica e inteligente proporcionaba el contraste ideal para el trabajo explosivo del organista y el baterista .

Cuando la banda apareció con Four and six, un blues de Wes Montgomery, estaba claro que sería un ‘todo en los dedos’, emitiendo una hermosa melodía y líneas valientes de blues, un momento de verdadera ternura. Se alternaban los solos y se mostraban habilidades: Bernstein armonizando mientras tocaba la melodía, haciendo melodías de acordes a un tempo rápido y apoyando al organista, todo al mismo tiempo. Mientras, Whitfield dejaba clara su formidable habilidad y su capacidad para hacer casi todo lo que quiere con la guitarra: elegía un solo intrincado, y el organista construía acordes en oleadas y salpicaba glissandos por todas partes. Se notaba claramente que disfrutaban el juego del otro.

Fue una hora y media de jazz apabullante, con temas que Wes Montgomery, extraordinario melodista, compuso o grabó a lo largo de su dilatada e influyente carrera, como la emocionada versión revisitada de Round Mignight de, Thelonius Monk, el tema Familiar, de Wes, Full House, o Road Song, llena de tambores agresivos y con un órgano persistente. El organista brindó una mano segura a lo largo del concierto. Aquello fue un ‘clinic’ en el arte de generar y liberar tensión. Justo cuando las cosas amenazan con desbordarse, se calmaban.

Todos sabíamos que íbamos a ver algo especial, y salimos con nuestras altas expectativas superadas. Missile Blues, en el bis, fue otro buen ejemplo de la sinergia del grupo, basada en un blues que se balancea ferozmente, dejando mucho espacio para solos estimulantes y atractivos. Un cierre canónico, y una experiencia totalmente inolvidable.

Del Guadalquivir al Mississippi

Es sabido que el jazz y el flamenco comparten ciertos elementos comunes, y los dos cuentan con un origen misterioso. El flamenco ha hechizado a muchos músicos y compositores de fama mundial, por ejemplo, a Miles Davis, que lo demostró en Sketches Of Spain. Una vez más comprobamos ese hechizo en la conexión del piano con el flamenco.

Rara vez se tiene ocasión de observar tanto entusiasmo, imaginación, técnica y otras virtudes como las que derramaron en esta jam session el trío comandado por el pianista sevillano Andrés Barrios. Todo al servicio del corazón.

La música de este ansiado recital transcurrió entre el flamenco, la música popular , las músicas del mundo y el jazz contemporáneo, con sensibilidad, ideas frescas y el conocimiento aportado por unos músicos que dialogan entre ellos sin prejuicios, un viaje sonoro que va mucho más allá de estilos y palos.

En un rincón del escenario, el pianista, improvisador versátil y de gran expresividad, un explorador del teclado, con un piano que se enriquece en la diversidad, no cesó de asombrar. Le llegó a tocar ‘las tripas’ al instrumento, cada vez más veloz y retorcido. Desde la música clásica a la libre improvisación, pasando por cancioneros africanos y latinos, flamencos y poderosamente jazzísticos, todos los sonidos conducen al teclado de Barrios, que tiene la virtud de plasmar su personalidad en cada nota que ejecuta. Del flamenco coge los modos, y a la hora de improvisar utiliza recursos jazzísticos, pero la esencia es flamenca.

Hubo seguiriyas (Ocho caños), bulerías latinas (Hechizos), y en su viaje del Guadalquivir al Mississippi hubo espacio para una colombiana, y una balada puramente jazzística, Dibujando el Firmamento, que rezumaba sensibilidad y a la vez tensión.

Le acompañaron dos de los músicos más solicitados de la escena jazzística española: el contrabajista cubano Reinier Elizarde Negrón y el baterista iraní Shayan Fathi. Hacia mitad del concierto, Barrios invitó a Manuel Lombo para realizar un pequeño homenaje al recientemente desaparecido Armando Manzanero. El cantante de Dos Hermanas , con el poderío vocal del que hace gala, hizo vibrar al Auditorio desde que pisó el escenario con una interpretación de Soy lo prohibido, de Bambino, a la que imprimió desplante y delicadeza a partes iguales, gracias a esa garganta suya que le permite jugar con los tonos y los melismas a su antojo. No faltó en su breve intervención Adoro, clásico donde los haya, mostrando su lado más excesivo, que dejó al respetable plenamente satisfecho.

De Dorantes al joven Andrés Barrios el piano flamenco parece atravesar una época floreciente y de plena aceptación por parte de los aficionados.

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