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La Opinión de Murcia

Música

Vuelve el entusiasmo por el jazz

Las leyendas del acid jazz británico Incognito y el carismático Emmet Cohen, al frente de su trío, protagonizan una velada mágica en la jornada inaugural del Jazz San Javier, que volvió al Parque Almansa

Natalie Williams, de Incognito. Ivan Urquizar

La vuelta del Jazz San Javier al Auditorio del Parque Almansa arrancó con buen pie en su concierto inaugural. Lleno en una noche cálida y energética fue el resultado de este primer fascinante programa doble que incluyó al joven pianista estadounidense Emmet Cohen y al veterano colectivo de acid jazz Incognito.

Desde Harlem, Emmet Cohen abrió el festival rindiendo homenaje a los grandes pianistas de ayer, con un toque moderno e innovador. Se presentó con un trío de jazz de primera clase, la inestimable ayuda de una potente base rítmica: Phillip Norris al contrabajo y Kyle Poole en la batería. El trío es conocido por su rango y dinamismo, y de principio a fin ofrecieron una fantástica clase magistral en yuxtaposiciones estilísticas.

El público de Emmet Cohen quizás no esperaba que fuera tan impresionante. Nos sumergimos en el jazz más profundo y antiguo con una nueva perspectiva de la técnica del stride piano -originaria de Harlem-, aplicada a diversos estilos (swing, be-bop, hard-bop, post-bop). Una fiesta con Jelly Roll Morton, Fats Waller, Duke Ellington, Earl Hines, Art Tatum… Todos estaban presentes en este concierto, que haría enamorarse del jazz a cualquiera que no lo hubiera escuchado antes, y devuelve el entusiasmo por el jazz a quienes lo habían perdido. Una escucha atenta revela trazas de modernidad tendentes al anacronismo. ¿Jazz neo-traditional? ¡Vale!

El trío es muy armonioso. Sus miembros se entendían como si fueran amigos de la infancia. Sin dejar de sonreír acometían las piezas más rápidas, que requerían máxima sincronización. Su compromiso con el jazz tradicional en busca de algo único es altamente satisfactorio, y la experiencia de verles y escucharles en vivo es apasionante: su maestría, sus travesuras, su camaradería. 

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Incognito en el Festival Jazz San Javier 2022 Iván Urquízar

Cohen crea sonidos tan poderosos que los dedos parecen flotar sobre las teclas. Cohen está en el futuro del jazz, pero a él le va lo vintage, honrar a los viejos maestros. Los espíritus de Jelly Roll Morton y Fats Waller están ahí, admirando la mano izquierda de Cohen, mientras la derecha invoca a Duke Ellington y Art Tatum. Pasando por un genial swing, deambulando por country y western, y con un bebop que hace estallar los dedos, su toque ágil y fresco , su dominio del ‘stride’ y su extenso vocabulario armónico quedaron bien expuestos.

Estos tres caballeros habían alcanzado un punto culminante temprano en la noche con una interpretación de Cherokee, de Ray Noble. «A mí me flipa estar en España», dijo (en español) para acometer una extraordinaria lectura de Over the rainbow que nos dejó pasmados; sobre todo cuando se salía de la melodía para jugar a sorprender a sus músicos, que respondían al envite sin pestañear, capturando la intensidad susurrada del original, avanzando irresistiblemente hacia la explosión. Siguió con una composición original en la que ofrecía ráfagas de ‘stride’ veloz incursionando en pasajes de estilos posteriores. Suena divertido, pero debe ser endiabladamente difícil de tocar, como el juego del gato y el ratón entre el contrabajo y el batería, como en una fiesta de vecindario en el Harlem de los años 20. Cohen se permite pocas excentricidades y sabe jugar con el dominio y la pasión, totalmente dedicado a su instrumento. Una de las cosas que dejó claro a lo largo de toda la noche fue la complicidad que establece con los músicos, con los ritmos, con las pausas y con la manera en que hace guiños constantes con todo el ambiente. Así, supo arrastrar al público a que le acompañara con palmas para terminar despidiéndose con un regalo, una prodigiosa versión del Satin Doll de Ellington jugando con el pasado y el presente, lo que es a la vez jazz moderno y una lección de historia. Fue una velada llena de emoción, aventura y agradecimiento por haber disfrutado de un memorable concierto.

Una gran fiesta

De segundo plato, Incognito, las leyendas del acid jazz británico, estaban aquí para llevarnos de viaje con su groove hipnótico. Fue una gran fiesta.

El acid jazz era música con un estilo retroactivo, pero que tenía un componente efervescente en cuanto al baile y la recuperación del groove de la música negra de los 70. Terminó convirtiéndose en una fórmula con pocas cosas que ofrecer, y se quemó rápidamente. ¿Qué tiene de jazz el acid jazz? Pues mucho, pero mucho menos de lo que tiene de funk y soul. Y su objetivo primordial era animar las pistas de baile. Eso es lo que aún ocurre en un concierto de Incognito.

Jean Paul ‘Bluey’ Maunick mueve a 13 músicos que suenan como un cañón y ofrecen material rítmicamente sudoroso para, sobre todo, el lucimiento de los cantantes. Durante las últimas cuatro décadas, Bluey ha mantenido vivo el grupo dejándole la puerta abierta; las numerosas idas y venidas han preservado la frescura del sonido, y lo que ha funcionado en el estudio durante 40 años se ha transferido al escenario. La fusión que ofrecen recorre un sinfín de elementos, no solo se reducen al soul y el funk, sino que está muy presente la calidez del latin jazz, y sonidos afrolatinos que son abordados por estos músicos con fenomenal maestría.

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Emmet Cohen Trio en el Festival de Jazz de San Javier 2022 Iván Urquízar

Incognito presentaron sus temas más conocidos; piezas como Step Into My Life, Everyday, Still a friend of mine o la versión de Stevie Wonder Dont you worry bout a thing fueron parte de un set avasallador, convirtiendo el auditorio en una pista de baile, con Valntna demostrando unos registros altísimos que nos dejó boquiabiertos, o Tony Momrelle, con un tono de voz muy parecido a Stevie Wonder, dominando el escenario y complementándose a la perfección con esas grandiosas voces femeninas que tenía a su lado.

Desde el comienzo, Parisian Girl mostró la brillante sección de metales de la banda con Paul Booth: saxo y flauta a la cabeza, seguido por Alistair White en el trombón y Sid Gauld en la trompeta. Se alcanzaron los crescendos con el apoyo de Mike Gorman en los teclados pero cuando los vocalistas se unieron al grupo fue cuando Incognito realmente cobró vida. Valntna cantó un clásico de Stevie Wonder, y, para no quedarse atrás, siguieron con otro clásico de Incognito, Above The Night, donde Natalie mostró su brillante voz asombrando a la audiencia cantando cada nota alta.

El corazón de Incognito es el infatigable Jean-Paul ‘Bluey’ Maunick, que continúa bombeando su mezcla de funk y soul con el entusiasmo de alguien más joven, siempre sonriendo, siempre alentador. Su invento sigue siendo un muestrario de elegancia y feeling que mantiene la herencia de soul y groove clásico. No se marcharon sin hacer una de sus más reconocidas piezas: Always There, en clave funky con teclado psicodélico. «Queremos trasmitir paz y amor», anunció Bluey, que tomó el micrófono y comenzó con su acostumbrada perorata de hermandad, al tiempo que One Love de Bob Marley sonaba y los músicos se marchaban poco a poco. 

San Javier se vistió de ritmo de la mano de Incognito. Ideal para pisteros. Una noche perfecta para alegrar el corazón. En esta vuelta a la normalidad echamos de menos las sentidas presentaciones de Alberto Nieto, pero nos consta que sigue tripulando con buen rumbo el festival. Que los vientos les sean propicios.

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