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La Opinión de Murcia

Tribuna

Entre gatos, arte y mujeres

Las mujeres tenemos un vínculo muy especial con estos pequeños felinos; muchos dicen que es cuestión de feromonas, pero yo creo que es algo mucho más espiritual

‘Ausencia’, de José Carlos Díaz Ruano, una de las obras de la exposición ‘Cats’, en Two Art Gallery.

Estos días que mi vida se ha llenado de gatos por la exposición que recientemente hemos inaugurado –he de decir que antes también lo estaba, la verdad, aunque no hasta el punto de sentir que esos misteriosos ojos te observan a cada hora del día–, he descubierto que la figura de este hipnótico animal siempre ha estado muy presente en el mundo del arte, y no sólo como motivo representado sino en los propios estudios de los artistas. La soledad necesaria para crear y esa capacidad que solo ellos tienen para llamar a las musas los convierten en compañeros ideales de todo tipo de artistas; pintores como Picasso, Warhol, Leonardo da Vinci, Leonor Fini, el cantante Freddy Mercury, Marilyn Monroe, Charles Dickens e incluso los más importantes diseñadores como Karl Lagerfeld sucumbieron a sus encantos, hasta el punto de que éste incluso dejó su inmensa fortuna a su gato Choupette en un último acto de total excentricidad, dicen unos, o de inmenso amor como creemos otros.

Su historia va ligada a la propia historia de la humanidad. En Egipto fueron considerados verdaderos dioses, los grandes protectores del hogar, siempre presentes en las puertas de los casas para evitar la entrada de los malos espíritus; en la Edad Media les tenían miedo, las brujas solían adoptar su forma, podían incluso matar a los niños con su terrible mirada, y esto ensució su reputación durante mucho tiempo hasta que los victorianos, tan elegantes y exquisitos, consiguieron cambiar esa concepción convirtiéndolos en motivo de nuevas modas, pasear al gato o presentarlo a concursos de belleza era todo un acontecimiento social.

Por desgracia hoy todavía queda algo de aquellos preceptos medievales, ya sabéis, los gatos negros dan mala suerte, dicen –chorradas, claro–, pero lo que sí es cierto es que cada vez conozco más personas que los adoran y ayudan, y en este sentido es la figura de la mujer la que cobra un protagonismo especial. De algún modo que nunca he conseguido comprender, las mujeres tenemos un vínculo muy especial con estos pequeños seres, muchos estudios dicen que es cuestión de feromonas, olores, tono de voz… pero yo creo que es algo mucho más espiritual, tal nivel de conexión va mucho más allá de la ciencia, rozando motivos mucho más ancestrales.

Hoy no quiero hablar de arte, o quizás sí, pero otro tipo de arte, el de la solidaridad, el que tienen tantas y tantas mujeres anónimas, invisibles, podríamos decir que son las Matildas del mundo animal, las que se preocupan de manera absolutamente desinteresada de proteger y cuidar a todos esos gatos callejeros, esos grandes abandonados de nuestra sociedad. Las llaman ‘las locas de los gatos’, aunque más bien hay que estar loco para no ver la gran labor que hacen. Son tantas que lógicamente no las podemos citar ni conocer a todas, pero sí me gustaría hablaros de unas cuantas, todas distintas pero unidas bajo una misma alma gatuna.

El caso de SOS Gatos Murcia es curioso porque además de apasionadas de los gatos sus fundadoras son hermanas gemelas, Verónica y Raquel, junto a ellas, imprescindible, Violeta, veterinaria de vocación y corazón, después de hablar con ella creo que la mitad de éste tiene forma de perro y la otra mitad de gato. Ellas tienen la suerte, después de mucho esfuerzo y sacrificio, de tener un pequeño refugio, humilde, claro, porque las ayudas que reciben de todos los que las seguimos desde 2019 no dan para comida, operaciones y además para un spa gatuno, pero tienen lo suficiente como para poder acoger a todos esos gatitos que encuentran en su camino. La importancia de su labor, tan desconocida, no solo reside en acoger gatos de la calle y buscarles una familia adoptiva, sino que además cuidan a un buen número de colonias callejeras, es decir, alimentan, curan, esterilizan y se preocupan por otros tantos gatos que viven en la calle, en nuestros jardines, en los descampados, en edificios abandonados..., ellas son sus ángeles guardianes. Mientras tú y yo al salir del trabajo nos vamos a casa a descansar, ellas hacen su ruta diaria para el cuidado de estas colonias, gastando no solo su dinero, pues carecen de cualquier tipo de ayuda institucional – esto es algo totalmente vergonzoso y que nuestros políticos deberían solucionar–, sino también su tiempo y su vida. Lo peor es que en muchos casos lo hacen a escondidas, vigilando las miradas ajenas, pues hay quien las insulta e increpa por alimentar a todos esos pobres desgraciados que de otra manera estarían solos, muertos de hambre… No sabéis lo que es ver a un animal casi morir de hambre, yo por desgracia sí lo he visto, tratar de caminar y no poder, las costillas marcadas de tal modo que ya ni siquiera sabes dónde termina la piel y dónde empieza el hueso, y esa mirada de tristeza infinita, os puedo asegurar que esa mirada nunca se olvida.

Este es su día a día, una lucha cuya única recompensa es la de poder ayudarlos, aunque por desgracia ese esfuerzo nunca es suficiente y siempre queda algún alma desamparada en el camino.

Existe otro tipo de asociaciones que sin tener espacio físico en sí hacen una labor igualmente importante e imprescindible, cuyo trabajo está organizado desde una red de colaboradores que hacen de casa de acogida y cuidan uno o más gatos de manera también desinteresada. A veces estos permanecen años con ellos, en sus casas, compartiendo sus vidas, muchos nunca encontrarán quien los adopte y allí estarán para siempre, éste por ejemplo es el caso de Ayuda Animal, una organización también de Murcia cuyos integrantes son estudiantes de veterinaria.

No quiero acabar sin agradecer a tantas mujeres desconocidas que de modo particular y en solitario, escondidas en las sombras de jardines y calles, libran su particular batalla. Cristina Gatuna es una de ellas, la podéis encontrar en redes, los lleva a su casa, los esteriliza, paga operaciones y alimenta, se preocupa por encontrarles un hogar y siempre anda un poco agobiada por los gastos que todo ello conlleva…, no es para menos. O mi gran amiga Luz, cuya bondad no tiene límite, el despacho de su casa es desde hace tiempo un albergue gatuno, siempre tiene algún nuevo visitante rescatado de un jardín cercano al que buscar un hogar. Gracias a todas vosotras, gracias por ser tan valientes, por no dejaros llevar por el miedo a ser insultadas, perseguidas, por las malas miradas y las palabras groseras, gracias por seguir brillando con esa luz que nunca nadie conseguirá apagar.

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