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El amor que todo lo domina

Viven estos sonetos experiencias eróticas que devuelven la invitación a gozar de la existencia que propagó el Renacimiento, y un nuevo neoplatonismo dota a estas composiciones poéticas de extraordinaria inteligencia y perspicacia

David López

David López Sandoval (Córdoba, 1975), doctor en Letras y profesor de Lengua y Literatura en Bullas, acaba de publicar en Reino de Cordelia su último libro poético, En carne vivo, compuesto por 69 sonetos agrupados en tres secciones de 23: Tan solo soy feliz si está lloviendo, En carne vivo y Las sobras de la cena. 

Es el soneto estructura métrica feliz de larga tradición literaria y David López Sandoval ha querido que los suyos se integren en la tradición petrarquista, porque tratan de amor y de belleza, de la nada y de las circunstancias y peripecias del amor, de la soledad y del despecho, del sufrimiento y de la pasión. Pero también de la dicha y del placer de sobrevivir a la propia historia autobiográfica y que el poeta recopila en muchas de las representaciones como escenas o estampas de existencia que, ante todo, reflejan el trascurrir de la vida y la fugacidad del tiempo, influido sin duda el sonetista por sus magnos maestros áureos.

EXPERIENCIAS ERÓTICAS

Viven estos sonetos experiencias eróticas que devuelven la invitación a gozar de la existencia que propagó el Renacimiento, y un nuevo neoplatonismo dota a estas composiciones poéticas de extraordinaria inteligencia y perspicacia. Los grandes maestros del soneto están muy presentes, y muchas veces es citado Garcilaso de la Vega como lo es también el gran Lope, y desde cerca vive el poeta del siglo XXI las experiencias y los avatares que los clásicos de siempre inmortalizaron.

Pero todo es diferente ahora, porque son distintas las exigencias del presente y el poeta de hoy, distante e irónico, contempla el trascurrir de su propia existencia con un vital escepticismo que ya estuvo presente en sus obras poéticas anteriores. La rosa ya no es la rosa de toda la vida, aunque es mutable y refleja la fugacidad de los días, y la amada sigue siendo un anhelo y una quimera, pero el poeta disfruta recordándola y evocando otras amadas.

Los placeres de la carne protagonizan instantes de algunos sonetos y un sano sentido del humor enriquecido por una fina ironía muestra perfiles que sobresalen entre representaciones bien amenas y algunas sorprendentes. Cada poema, como no podía ser de otro modo, es un mundo y cada soneto trae en sus firmes endecasílabos los cuidados el presente, el paso de tiempo, las etapas de la edad y la propia identidad del poeta reflejada en un espejo. Del renacimiento al barroco trascurre la rica expresividad de estos poemas que cada uno desde su perspectiva aporta una nueva lección de vida y de sensibilidad.

LA ROSA

Hay amor, hay reflexiones metapoéticas, hay búsquedas y hay evocaciones de momentos estelares que quedan inmortalizados en un soneto que anuncia permanencia sobre el tiempo. Mientras la rosa, obsesivamente presente en este poeta, con su leyenda y con su historia, entra y sale por estas composiciones, el amor permanece sobre el tiempo, y el poeta recrea espacios vitales en los que vivió experiencias indelebles.

La devoción del profesor de literatura por el soneto y por la tradición petrarquista que lo alumbró supone un tributo sentimental a toda una forma de sentir la poesía y la literatura en su historia como algo que ha constituido la conformación intelectual, educativa y cultural del propio poeta del siglo XXI, hacedor de sonetos, dominador del mágico endecasílabo y dueño de un idioma y de un vocabulario que acumula sensaciones y vivencias, mientras un buen sentido del humor crea sorpresas y asombros, hallazgos que hacen de esta cohesionada colección de sonetos un prodigio de inteligencia y un homenaje a la tradición literaria y a su historia.. Aunque el poeta contemporáneo se tome algunas licencias y construya espacios y representaciones que transitan de la anécdota cotidiana a la reflexión metafísica de la vida, del tiempo y del destino.

La ley del amor     

Acaso lo más estimulante de esta sucesión de sonetos sea la fidelidad del poeta al amor como ley que todo lo domina por encima del tiempo y de la edad, amor más poderoso que la muerte, amor a cualquier hora y en cualquier día de la semana, amor a todas horas, amor solitario, amor heraclitiano que deviene y que se diluye, como el agua del río y de la fuente, amor del primer amor, mientras, como se eterniza en el último soneto, todo vuelve al principio y todo empieza cuando me paro a contemplar mi estado, un verso de Garcilaso que abre tan singular como entretenido libro de sonetos. 

Conclusión nietzscheana que manifiesta una vez más que el eterno retorno es más cierto de lo que se supone y que aún sigue vigente… vivir, en efecto, es ver volver todo en un retorno perdurable, eterno.

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