Literatura

Moyano ausculta Sierra Morena

El escritor Manuel Moyano realiza en la premiada ‘La frontera interior’ la primera travesía literaria completa del enclave

Manuel Moyano.

Manuel Moyano.

Alfonso Vázquez

En mitad de este hermoso libro de viajes Manuel Moyano (Córdoba, 1963) recoge una cita de Francisco Umbral: «La belleza está en los ojos que miran; ellos la ponen». 

Las palabras de Umbral bien pueden aplicarse a esta obra, La frontera interior. Viaje por Sierra Morena, con la que el autor ha ganado el XVI Premio Eurostars Hotels de Narrativa de Viajes, gracias a un verbo preciso y elegante, unido a su sensibilidad para captar lo que de literario tienen los paisajes por los que transita y los paisanos que va conociendo.

Manuel Moyano es un autor verdaderamente polifacético. Sus lectores han visto cómo resuelve con solvencia las incursiones en los géneros más diversos: el humor disparatado (El imperio de Yegorov, finalista del Premio Herralde); la fantasía en formato bestseller (La hipóteis Saint Germain, premio Carolina Coronado); la aventura exótica (El abismo verde); los relatos (Teatro de ceniza); el ‘periodismo antropológico’ (Dietario mágico) y por supuesto, los libros de viajes.

Ahora, en La frontera interior, el autor cordobés criado en Barcelona y vecino de Molina de Segura (Murcia) repite viaje por una España alternativa, en absoluto trillada, después de que en su obra anterior, Cuadernos de tierra, deambulara por Murcia, Alicante y Albacete. 

En esta ocasión ha escogido Sierra Morena, la frontera entre la gran meseta y la depresión del Guadalquivir, una tierra que durante siglos fue despoblado refugio de contrabadistas y bandidos, situación a la que Carlos III quiso poner fin con su repoblación. 

En la mejor tradición de los viajeros ingleses y españoles, el autor ausculta los lugares que va recorriendo desde Jaén a Portugal acompañado por la erudición y los antiguos saberes de las personas que va conociendo, ya sean ancianos al sol de la tarde en una plaza, monjes o ilustres poetas, a lo que suma su sensibilidad como escritor. 

De esta forma, Moyano va desvelando un territorio que, como explica, nunca antes había sido recorrido en su integridad en un libro de viajes. Por él desfilan la huella de las Navas de Tolosa, la de los antiguos colonos alemanes y leoneses que poblaron estas tierras, el portuñol que se mantiene en un pueblo luso próximo a Huelva y, por supuesto, el recuerdo de las andanzas de don Quijote y su autor por Sierra Morena. 

Un viaje de ocho días que al escritor le parece que ha durado ocho semanas. Por su intensidad y belleza, también a este lector. 

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