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La Opinión de Murcia

Crónicas menudas

Vida de escritor ayer y quizá hoy

"Como aquí los literatos y poetas no pueden vivir de la pluma, porque todos los españoles leen los libros prestados, y las ediciones se hacen cortitas, para regalar, este, como los más, vive al amparo del gran mecenas de ogaño, que es el Gobierno». Estas palabras de Benito Pérez Galdós* no han perdido actualidad, tampoco ha pasado su humor mezcla de gracejo y mordacidad. El lector cómplice acepta el dardo lanzado con una sonrisa. 

Si esto ocurría en el negociado de los libros, veamos qué pasaba en la prensa. «Se escribe para los sectarios», dice el mismo Don Benito del periodismo. Claro que Galdós está pintando la literatura de la tercera década del siglo XIX, cuando en España triunfaba el romanticismo en literatura y las ideas liberales, democráticas, se debatían con las ideas tradicionales. Por entonces, ‘serviles’ y ‘libres’ daban trabajo a sus espadas con furor y sin tregua, contando con el beneplácito, al parecer, de sus respectivos lectores. (¿No ocurre hoy también esto en los medios y, sobremanera, en las gacetillas de internet? Uno solo lee a los suyos, la lectura es un boomerang que sale del escritor y que el lector espera que le devuelva su propia opinión). 

El humor no es posible sin alternativa, y Galdós ironiza desde lo que él llama «el realismo en su noble pureza», el cual no conlleva oportunismo ni medianía sino un exigente sentido de la realidad, y el esfuerzo necesario para adecuar las ideas con esa misma realidad cambiante. Dice el escritor en otro lugar: «Este no es de los que se encastillan en las ideas de la primera edad, quedándose para toda la vida, como unos bobos, en Las ruinas de Palmira; este es de los que aprenden a vivir en la realidad, en los hechos»...

Pensar en el lector medio, y escribir para este lector con criterio propio o deseoso de formarse un criterio propioes la vía que conduce, en las sociedades modernas, a la opinión pública. Pero aún en aquellas calendas ésta no existía en nuestro país.

No hay opinión sino chismes, insiste Galdós; la chismografía es lo que se lee con más atención. Especialmente cuando se trata de contar algún bulo de algún político o personaje famoso. El género pícaro es lo más solicitado. Dicen que «lleva señoras a su despacho ministerial, por las noches, y que allí trincan y retozan, derrochando champagne».

«La chismografía se ha tomado en esta desdichada tierra las atribuciones que en otros países corresponden a la opinión. Y que la manejan bien los españoles. Esto y las guerrillas son las dos manifestaciones más poderosas del genio nacional». Galdós hace un retrato sociológico de la literatura y del periodismo de aquella España de barricadas que, a pesar de todo, diera grandes figuras, como Espronceda o Larra. De este genio dice que es de los que «no caben aquí». «A Espronceda le solicitan para el nuevo periódico que van a publicar los allegados de Mendizábal (El Liberal creo que se llamará); pero se resiste: está preparando un folleto que arde. Cuentan también con Larra, pero este se arrima a los moderados, y ahora proyecta su viaje a París para sacudirse las murrias. Es de los que no caben aquí, según dice, y tiene razón. Yo sé de otras personas, no ciertamente del gremio literario ni político, que se hallan en el mismo caso. No caben, no encajan».

Me temo que no extrañe a algunos de vosotros ese sentimiento en la vida española. Unos, como Larra, por demasiado grandes en su genio, y por su talante moderado, no caben; y otros, menos grandes pero con cierta moderación y sentimiento de independencia, no encajamos tampoco. (Perdonad que me incluya en este grupo de mujeres y hombres medios). Cambiando del registro del humor al de la melancolía, unos y otros, concluye Galdós, «sin embargo, aquí envejecen, porque a ello les obligan afecciones sagradas o deberes que cumplir».  

 *Las citas de Galdós están sacadas del libro De Oñate a La Granja. Episodio Nacional 23. III serie.

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