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La Opinión de Murcia

En su rincón

Pedro Alberto Cruz, el intelectual indomable

Pedro Alberto Cruz en el Campus de Letras.

Me encuentro con Pedro Alberto Cruz Sánchez en la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia, muchos lo conocen por aquella faceta política, cuando fue consejero de Cultura, pero su importante trayectoria como profesor universitario, ensayista, conferenciante, poeta, periodista cultural, comisario artístico y especialista en arte contemporáneo se merecen que hoy me acerque a su rincón. Lo fotografío en la escalinata que tantas veces subí y bajé, durante mi estancia en este templo estudiantil, y luego nos tomamos un café en una de las terrazas de la plaza de la Merced, mientras charlamos. La conversación es a la par interesante y cordial y, por momentos, salpicada de emoción y de algunas confidencias, de esas que el pudor de los poetas solo les deja poner por escrito cuando están solos.

Lo noto ilusionado. Después de más de dos años de redacción y muchos de investigación está en imprenta su libro Arte y Performance, una historia desde la vanguardia a la actualidad, que viene a sumarse a su treintena de publicaciones sobre arte y cultura visual. Pero, antes de nada, le pregunto sobre cómo ha vivido la pandemia: «Yo soy un pro vacunas a ultranza y un defensor de la responsabilidad social, -me dice-, pero tampoco comprendo que se nos haya animado a que los ciudadanos tengan que hacer de policías. Tenemos que protegernos, proteger a los nuestros y a los más vulnerables, pero esta situación que hemos vivido nos ha destrozado socialmente. Nadie confía en nadie y aún aflorarán muchos dramas. Hemos perdido dos generaciones de jóvenes que no sabemos cómo saldrán de esta, y lo peor es que se les ha criminalizado por querer vivir». «¿Los jóvenes querían libertad?», le pregunto. «Bueno, no la de quienes usan esa palabra pero no creen en ella. La libertad hay que ejercerla siempre y luchar por ella, no basta con proclamarla para engatusar. Entre negacionistas y covistas hay todo un territorio intermedio de aceptar críticamente las restricciones, pero sin obediencia borreguil y ciega. En estos tiempos de auge de la ultraderecha, el miedo se utiliza para manipularnos», responde.  

Hay que reconocer la valentía de los escritos de este hombre en este sentido, tanto en prensa como en las redes: «Nos dicen que la patria está en peligro, que nos quitan la libertad, pero lo único que quieren, para poder tomar el poder, es meternos miedo contra unos otros que se han inventado y agigantado. La ultraderecha es el mayor cáncer de nuestra sociedad. Los del PP se han despertado y han visto que el dinosaurio sigue ahí y que se los va a comer. El enemigo del PP no es Sánchez, es VOX. La nueva generación de políticos jóvenes que deberían haberlo regenerado todo han fracasado y, además, han traído lo más rancio. A la ultraderecha no se le puede ignorar, eso no funciona, no se les puede dejar ni que se apropien del lenguaje y devalúen la libertad. Y cuando gobiernen no se van a moderar. El individuo quiere dejarse arrastrar por la masa, no pensar, que le digan contra quién tiene que avanzar, por eso necesitamos fuertes anclajes culturales y sociales para superar lo que vendrá». Le digo que se ha tomado esta tarea como lo haría un profeta y me confiesa: «A veces me digo qué necesidad tengo de ganarme más enemigos y de recibir amenazas, debería escuchar más a quienes me dicen que no me meta en líos».

Le recuerdo a Pedro Alberto que yo lo conocí en los primeros años del Cendeac (Centro de Documentación y Estudios Avanzados de Arte Contemporáneo), donde asistí a cursos, seminarios y conferencias que realmente me cambiaron. Luego, como consejero de Cultura, el colectivo de Artistas Visuales tuvimos una actitud crítica a su gestión y le pregunto si se arrepiente de algo: «Yo volvería a hacer la mayoría de las cosas que hice. Al principio había más dinero y, aparte de abrir la ventana al aire fresco de lo que se hacía fuera, también se apoyó a todo el movimiento cultural regional, me reuní con todos e hicimos muchas cosas, abrimos locales, creamos festivales grandes como el SOS, o pequeños como el de Microsonidos… Nunca me dejé someter por nadie de quienes querían controlarme, incluso desde el partido del Gobierno, y me decían eso de ‘tú lo que tienes que hacer es…’. Al fin y al cabo, yo era el que se iba a llevar las hostias. Me dejé la piel y me interesaba mi reputación intelectual más que mi propia continuidad». 

Le pregunto de dónde saca tiempo para dar clases en la Universidad, leer tanto, escribir en varios medios, publicar libros, hacer poemarios y dar conferencias. «El tiempo es el tema. No me gusta correr y ni siquiera conduzco, pero aún encuentro momentos para ver cine y series, para mi gran pasión futbolera por el Real Madrid y el Real Murcia y, sobre todo, para estar con mi hijo y con mis parejas, cuando las he tenido. Que no voy hablando de Marcel Duchamp y de Soren Kierkegaard a los amigos. Intento disfrutar de cosas pequeñas como caminar por el río Segura, pinchar discos en un garito, de tener encuentros con la felicidad…». Que todo no va a ser dolor, performance y reflexión sobre la corporalidad, que el cuerpo hay que disfrutarlo, le digo yo, pero él me enseña el tatuaje de su brazo: «El amor es revolucionario», un verso de la poeta murciana Vega Cerezo, a quien adora, y entonces me habla de la reciente ruptura con su chica: «Somos seres sintientes, como nuestras mascotas». Su perro ha muerto recientemente y también ha sido muy duro para él, y añade: «Cuantos más seres incorporemos a nuestro círculo de amor, al final hay más sufrimiento. La pérdida siempre llega». 

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