El de Alfonso García-Villalba (Murcia, 1975) es un universo muy particular; y, de la misma manera, sus novelas se presentan como algo diferente. Y eso que el autor de Esquizorrealismo (2014) y Homoconejo (2016) no oculta sus referencias. Habla de Philip K. Dick, de Lynch, Cronenberg y hasta Satoshi Kon, e incluso de bandas como Cabaret Voltaire o New Order. Pero lo suyo anda lejos del pastiche... Él lee, ve y escucha, pero no pretende imitar. Tampoco lo necesita. De hecho, es curioso cómo Signos herméticos de una melancolía (Franz, 2021), su nueva novela, está íntimamente ligada a un poemario y un ensayo que, también su firma, todavía no han visto la luz. Lo dicho: un universo propio que nos presenta -junto a este último trabajo- en esta entrevista.

Mucho ha llovido desde la publicación de su última novela, Homoconejo (2016)... Sé que esto de la literatura no es una ciencia exacta, pero ¿qué ha pasado en este tiempo? ¿Por qué se ha demorado tanto?

Durante este tiempo he estado escribiendo. De ahí Signos herméticos de una melancolía, evidentemente. El proceso ha sido largo y muy estimulante y podría decir que incluso ha habido momentos de iluminación y descubrimiento. Pero sí, me lo he tomado con calma, mucha calma. Además, en paralelo escribí también un libro de poemas que lleva por título Los cambios de estación producen sueño y que iba a ser publicado el año pasado, pero finalmente, y debido a la pandemia, no ha visto la luz (aunque espero que, pronto, pueda ser leído). A decir verdad, Signos herméticos de una melancolía y el poemario tienen mucho que ver el uno con el otro: cuentan con conexiones y vasos comunicantes. Por otra parte, en todo ese tiempo -desde 2016- escribí también un ensayo que tampoco ha salido aún y que, a su modo, también tiene algo que ver con la novela. 

Entonces, ¿hace cuánto que trabaja en este proyecto?

Empecé a escribir la novela en 2017, y supongo que en 2018 decidí que ya la había terminado. Le pasé un borrador a mi amigo escritor Alejandro Hermosilla y me dio unos cuantos consejos muy buenos que tuve muy en cuenta a la hora de retomar el proyecto. Alejandro es una persona sabia e inteligente a quien tengo que estar muy agradecido por su tiempo y sus palabras. 

Hablando de escritores, ya el título suena un poco a Philip K. Dick...

¿Tal vez pienses en Philip K. Dick por Fluyan mis lagrimas, dijo el policía? Sin duda alguna, este autor ha sido una influencia en mí; no ya en este libro en sí, sino en la forma que tengo de observar la realidad y en los temas que me interesan a la hora de escribir. Philip K. Dick fue un visionario y muchos de sus textos avanzaron el mundo que ahora vivimos. 

No obstante, conforme leí la sinopsis me vino a la cabeza Matrix. ¿Es el cine una influencia?

Sin duda. Desde las películas de David Lynch o Cronenberg hasta los animes de Satoshi Kon. Aunque, igualmente, me influyen pintores como Magritte o El Bosco, cuya huella es bien clara en Signos herméticos de una nueva melancolía. Sin olvidar que la música contemporánea como la de William Basinski o Loscil resuena en mis textos, sobre todo si tenemos en cuenta aspectos como el ritmo o los bucles sonoros que, de algún modo, procuro trasladar a mi escritura. 

También esa obsesión por recordar o preservar los recuerdos me retrotae a Memento (2001), la de peli de Christopher Nolan. ¿De dónde nace esta preocupación por la memoria?

Entiendo que esto tiene que ver con la forma en que recordamos los acontecimientos que hemos vivido. Al final la memoria es algo muy caprichoso y, a veces, aleatorio. Por no hablar de lo que pueda incluso tener de ficcional... Entiendo también que películas como Memento me han influido en mi concepción del tiempo y la memoria. Por supuesto. Y si me pongo a recordar, también puedo admitir que la dislocación de la memoria que padece el protagonista de la novela Nog, de Rudolph Wurlitzer, me dejó completamente fascinado e hipnotizado. Pero la memoria no es algo exclusivamente personal, sino que tiene un componente político, tal y como apuntaba Ricardo Piglia. Y así lo afirmaba en Formas breves, así que permíteme la cita: «La clave de este universo paranoico no es la amnesia y el olvido, sino la manipulación de la memoria y de la identidad (...). La función del Estado como aparato de vigilancia, la función de lo que suele llamarse la inteligencia del Estado, es la de inventar y construir una memoria incierta y una experiencia impersonal». 

De hecho, en la novela también habla de control mental, de sueño y realidad, de identidad... Entiendo que son cuestiones que le preocupan, pero ¿en qué sentido?

Antes te comentaba que durante el proceso de redacción de Signos herméticos de una melancolía estuve escribiendo también un ensayo en el que, precisamente, reflexionaba o deliraba (tal vez solamente sea eso) en torno a estas cuestiones. De hecho el nombre del ensayo es Fábula Control. Ficciones mediáticas e identidades autómatas. En él profundizo en cuestiones que aparecen en la novela también, cuestiones como tener pensamientos que no nos pertenecen en realidad y que, por decirlo de alguna manera, nos son inoculados o que, por ejemplo, nosotros ‘adquirimos’ dentro de lo que he llegado a clasificar como ‘industria de bienes semánticos’: una especie de Burger King o Zara de los pensamientos, las emociones o los deseos que, supuestamente, son propios pero que, de algún modo, nos son dictados y que nosotros asimilamos tan ricamente, sin pestañear, sin preocuparnos por su origen o motivación. 

Y sí, entiendo que son cuestiones que me preocupan y que, en el caso del control mental, derivan de las teorías de William S. Burroughs. Todo muy paranoide desde el punto de vista de algunas personas, pero no exento de visos de verdad y que, por ejemplo, en el terreno musical, ha sido explorado por bandas como Cabaret Voltaire. Una pena que Richard H. Kirk, uno de sus miembros, haya fallecido recientemente... 

No obstante, tengo la sensación de que sería una obra difícil de adaptar al audiovisual por ese aura onírica, ensoñatoria o poética que desprende. ¿Qué le aporta esa atmósfera a la historia? ¿Qué es lo que le atrae de ella como narrador?

Tal vez tengas razón..., pero pienso que quizás el formato cine sería interesante para Signos herméticos de una melancolía. Precisamente, a la hora de escribir esta novela, en muchas ocasiones buscaba que las transiciones entre capítulos respondiera a cierta sintaxis cinematográfica. Pero si me centro en la pregunta, puedo decirte que lo onírico o la confusión entre sueño y realidad es algo que siempre he tenido muy presente y que ya traté en Homoconejo. La confusión entre sueño y realidad digamos que pulveriza cualquier tipo de certeza, cualquier tipo de verdad o paradigma establecido. Y creo que siempre debemos proceder de esa forma: no creernos nada o cuestionar, en todo momento, cualquier afirmación. Del tipo que sea. Hacerlo siempre es muy constructivo y la duda es una gran herramienta dentro de nuestra existencia. Y, volviendo a lo de antes, pues sí: la vida es sueño o puede confundirse con este. Así que Calderón de la Barca, desde su perspectiva barroca, nos dice lo mismo que Satoshi Kon -al que ya aludí antes- en su película Paprika, o bien J.G. Ballard en Compañía de Sueños Ilimitada. O incluso New Order en su canción Dreams never end. Es algo que va y viene dentro de nuestra civilización.

Entiendo que es una novela complicada de explicar..., pero como tiene fresca la presentación de hace unos días en Santa Eulalia, dígame: ¿de qué va Signos herméticos de una nueva melancolía?

A decir verdad, resulta complicado explicar cuál es el argumento de esta novela. Y creo que eso es bueno en realidad. Siempre siento que contar o explicar de qué trata lo que he escrito no tiene nada que ver con la experiencia de lectura que puedas tener. Pero te diré que Signos herméticos de una melancolía es un viaje, y cualquiera que se acerque a sus páginas considero que debería dejar de lado todo tipo de percepción racional de lo que en ellas se pueda encontrar. A veces es necesario no comprenderlo todo y dejarse llevar, igual que nos dejamos llevar por el sonido, por la música. O cuando vemos una pintura de Rothko. ¿Qué hay que comprender de forma racional? Lo que tenemos que hacer es sentir. 

Aún así, Signos herméticos de una melancolía es una novela donde encontramos un triángulo amoroso en el que podemos ver el modo en que la conciencia y la memoria de un individuo se va desintegrando, diluyéndose, como quieras llamarlo. Y todo eso sin drama ni tragedia. Y solamente intentando transmitir o poner por escrito lo que tenemos alrededor, pero haciéndolo de una forma difusa o borrosa. Porque, en realidad, nada de lo que nos rodea está claro. La claridad es, desde mi punto de vista, una forma de adoctrinamiento. Y en los últimos tiempos parece que los dogmas y los catecismos florecen por doquier. Ojalá, y pronto, eso desaparezca. 

La novela, por distópica que pueda parecer, transita espacialmente no muy lejos de aquí. Al menos, hace frecuentes alusiones a paisajes de la Región. ¿Uno escribe de lo que tiene cerca o es en parte una pequeña ‘reivindicación’ del terruño y de que Murcia también puede ser escenario de ciencia ficción?

Indudablemente, cuando escribo distorsiono la realidad. O, tal vez, lo que hago es hacerme eco de una realidad que ya anda distorsionada y la cuestión, tal vez, sea darnos cuenta de ello. Pero sí, procuro que las novelas que escribo tengan un referente espacial claro. Y el espacio donde tienen lugar las narraciones que escribo, por el momento, tiene que ver con el lugar en el que vivo. Y pienso que podemos crear espacios míticos dentro de la narrativa y que tales espacios míticos respondan a nombres o lugares como Los Belones, Cabo de Palos, Calblanque y el Saladar de Lo Poyo o la carretera de las minas que va de La Unión a Llano del Beal. 

Soy consciente de que es una pregunta manida, pero al lector puede venirle bien para hacerse una idea de por dónde pueden ir los tiros: ¿cuáles son sus mayores influencias a nivel literario?

Pues si te soy sincero creo que es una pregunta muy divertida. Algunos de mis referentes o influencias ya han ido apareciendo a lo largo de la entrevista: Ballard, Burroughs. Philip K. Dick... Verme a mí mismo nombrándolos sí que llega a ser un ‘buen’ tópico que casi me da ganas de reír... Por otra parte, supongo que también tienen algo que ver en lo que escribo ensayistas como Jean Baudrillard, Mark Fisher o Peter Sloterdijk (este último tiene mucho que decir en Signos herméticos de una melancolía). Pero incluso Peter Kingsley y su ensayo En los oscuros lugares del saber, en torno a Parménides, es una lectura fundamental para mí; sin olvidar El libro de los laberintos, de Paolo Santarcangeli que me influyó muchísimo a la hora de escribir Homoconejo. Y, como no, el pensador italiano Franco Bifo Berardi, que con su concepto de ‘la lenta cancelación del futuro’ ha sido una referencia indudable en Signos herméticos de una melancolía incluso antes de que conociera la existencia de Berardi. Porque esta novela trata sobre lo que ya no será, sobre lo espectral y fantasmal. Pura ‘hauntología’ de la que hablaba Mark Fisher, al que también descubrí después de escribir esta novela. Las conexiones cósmicas son así y hay que abrazarlas bien fuerte.