Se han convertido en uno de los grupos más populares de nuestro país, y en uno de los más internacionales. La historia de La Pegatina es la de unos soñadores. Musicalmente partieron del mestizaje barcelonés hacia la multiculturalidad global, y tienen una sólida carrera discográfica jalonada de pegadizos y emocionantes éxitos que les han llevado a dar varias vueltas al mundo en conciertos multitudinarios donde prima la fiesta, el baile y la sana adrenalina. Hace unos meses lanzaron Darle la vuelta, su séptimo disco de estudio, con el que volvían «a las raíces más pegatineras»: una receta infalible para levantar el ánimo, cargada de energía y positivismo; ahora exploran nuevos caminos junto a los holandeses Chef’Special en Down for love, un primer single que abre el camino hacia su nuevo álbum, que llegará en primavera. Con motivo de su visita a la Ciudad del Sol (mañana sábado, en La Merced y dentro del Viva Lorca Festival) hablamos con Adrià Salas, compositor y cantante, que, aprovechando el parón del último año, se armó con un buen puñado de canciones que han acabado dando forma también –además de a Darle la vuelta– a su primer álbum en solitario, Eclipse en Miura.

Salir de gira en estas condiciones se ha convertido en una heroicidad...

Pues casi que sí. Yo creo que el sector cultural en general está siendo muy valiente, porque las expectativas que había eran complicadas... Pero se está activando poco a poco; hay que tener paciencia.

¿Está complicado vender entradas? Las producciones se han encarecido por las restricciones de aforo.

Claro. Nosotros llevamos 18 años de carrera, ¡la gente nos ha visto en todos lados! Y, de repente, a los promotores les empiezan a salir muy caros los conciertos –entre protocolos y demás– y las entradas suben de precio. Antes íbamos a festivales donde la gente pagaba muy poco por ver a muchos grupos, y ahora tiene que pagar casi lo mismo para ver a uno solo... Entiendo que es complicado. Todos los músicos estamos agradeciendo a la gente que viene a ver conciertos porque evidentemente sabemos del esfuerzo económico que está haciendo económicamente. No obstante, tengo que decir que la Región de Murcia en general es de las más activas de toda España, y sus gentes siempre nos han tratado muy bien.

Bailar con vuestra música ya no es tan sencillo... ¿Como lo habéis hecho? ¿Retirando canciones del set list? ¿El público es responsable?

Evidentemente no nos gusta hacer de policía, pero en algún momento hay que decirle a la gente: «Oye, perdonad. Acordaos de que tenéis que estar en vuestro asiento». Pero todo el mundo sabe las condiciones que hay, todo el mundo sabe que va a ver a La Pegatina, que es un grupo de fiesta, y que no se puede levantar. En nuestro caso, sí hemos dejado de tocar un par de canciones que eran como demasiado punkis, que son como para volverse loquísimo en directo y que ahora no tienen sentido. El resto sí que se pueden disfrutar sentado. Y también hemos cambiado algunas cosas del show: de interacciones, de tirar pelotas al público que evidentemente ya no se puede , y cosas así. Pero la gente se lo pasa superbien; incluso ha pasado que gente que nos ha visto muchísimas veces, ahora cuando vienen a un concierto nuestro dicen que nos ven de verdad.

Algo se gana, algo se pierde. Todas vuestras canciones muestran buena onda. ¿Es un fiel reflejo de vuestra forma de entender la vida?

Imagino que sí. Somos un grupo que trabaja mucho y que intenta aprender, tener la mente abierta para entender cada vez más como funciona el mundo. Luego tenemos nuestro momento de reivindicar cosas que nos parecen injustas, pero como cualquier persona normal. Lo que pasa es que lo hacemos desde una óptica más bien positiva, y nuestra música es animada porque nos gusta tocar canciones alegres, porque hay que nutrir el alma de buen rollo para que sea más fácil vivir en general. A veces hacemos letras tristes en música alegre, pero mantener la locura todo el día no es factible.

Adrià, he leído que dices que la rumba de La Pegatina no es la tradicional, sino una que vosotros mismos habéis creado y os ha abierto camino.

En España hay dos tipos de rumba: la rumba flamenca y la rumba catalana. Y ambas vienen del mundo gitano, del éxodo que hubo en el mil cuatrocientos y pico y por el cual acaban llegando a España, pero unos por el norte y otros por el sur. Los del sur son los que recogen el flamenco, y los del norte, que pasan por los Balkanes y llegan a Cataluña, los de la rumba catalana, que es otro rollo. Y nosotros bebemos de las dos, pero a la vez la hacemos con púa, cuando la rumba siempre se ha tocado con la mano, que tiene otro sentir. Pero luego está el espíritu rumbero en la forma de cantar, la temática incluso, los juegos de palabras, el esconder mensajes ocultos que hacían mucho Los Chichos y Los Chunguitos, y eso también lo hacemos nosotros. Eso nos gusta mucho también, pero el hecho de tocar la púa, ponerle el bombo a negras, de meter acordeón, viento y demás, pues eso hace que no sea la rumba tradicional, claro.

Tuvisteis que grabar este último disco separados por el confinamiento, con Tato Latorre dirigiéndoos por Zoom. ¿Cómo funcionó, cómo se trasladó al resultado final?

Nos salió un disco con una frescura que teníamos más en los inicios, y que nos gusta, porque al final cada uno ha tenido en su casa todo el tiempo del mundo para grabarse y para pensar las ideas y arreglos que quería hacerles a cada una de las canciones, y claro, antes no las hacíamos así. Antes íbamos al local de ensayo y decíamos: «Venga, esta es la idea de canción», y en dos-tres horas cada uno tenía la melodía, el patrón de bajo… Ahora hemos tenido días y días, con lo que está más meditado y, a la vez, las diferentes personalidades de cada uno de nosotros están más presentes.

Creo que buscabais también un sonido más radiable, y que Tato Latorre se ha encargado de daros el punto.

Sí, porque Tato –que nos conoce bien– tiene un toque pop muy claro cuando produce, y nos parecía que, mientras no perdiéramos la esencia, llegar a más público y entrar en radio podía ser positivo. De hecho, el disco que estamos preparando ahora, del que salió un tema hace dos días, también lo estamos haciendo con él porque nos gusta, y nos estamos yendo hacia otros lares. Es un disco de colaboraciones europeas e internacionales que estamos empezando a presentar, y que acabará de salir en la primavera del año que viene.

Estamos hablando de Down for love, con el grupo holandés Chef’Special. ¿Cómo ha surgido esta colaboración?

Nosotros tenemos ya un largo bagaje de conciertos a nuestras espaldas por todo el mundo, y celebramos el concierto número 100 en Holanda, antes de la pandemia, y siempre hemos querido hacer una colaboración con algún grupo de allí. Así que hablamos con ellos, que son muy conocidos allí y con los que ya habíamos coincidido en algún festival. Nos fuimos a su estudio a llevarles algunas ideas y la cosa se quedó en el aire porque empezamos a grabar nuestro disco. Pero matuvimos el contacto por Internet, nos seguimos enviando ideas de ida y vuelta y hasta que lo hemos terminado. Y es un tema en el que tú puedes escuchar a La Pegatina y a Chef’Special a la vez; quiero decir: cada uno con su estilo, pero casan muy bien. Eso sí, a mí de repente cantar en inglés con La Pegatina se me hace raro, pero me ha gustado la idea... De hecho, el segundo single, que saldrá a finales de octubre, también es con el estribillo en inglés, pero con un grupo alemán.

Por cierto, tú también has sido compositor de Quédate en casa, el himno de la pandemia en España.

Sí. En pandemia compuse muchos temas. Al estar en casa y todo el día con la guitarra, me puse a tocar como un loco. Salió esta canción, y hablé con Tato: «Me acaba de salir esto. ¿Qué hacemos?». «Pues vamos a hacer un tema así». «Venga, va, que sea algo altruista, que nadie cobre nada por ello. Una canción dedicada a la gente, para intentar echar un cable, sin pretensiones comerciales». Esa era la idea. La pusimos en un grupo con varios músicos amigos y todo el mundo se apuntó. Teníamos el videoclip hecho en cuatro días, todo fue superrápido. Se sacó y fue un éxito.

No sé si aprovechando también el tirón de la canción, pero también tuviste tiempo para preparar y dar forma a un álbum en solitario, Eclipse en Miura.

No. Simplemente que del disco de La Pegatina que salió en octubre yo había presentado cuarenta temas, y solo se quedaron diez, así que me sobran otros treinta. Decidí que había siete que me gustaban mucho y quería grabarlas. Le pedí al resto del grupo si me dejaban hacerlo, y me embarqué en hacer esos temas con colegas. El 22 de octubre ya sale el disco entero, y me falta sacar un par de singles antes. Es un proyecto que no va a ser cantado nunca en directo. Simplemente hay canciones ahí que no quiero que se pierdan.

Parece que la industria está en otro momento, y que hay que ir un poco por libre. Vosotros os habéis ido de Warner. ¿Cómo os va?

Muy bien, la verdad. Es increíble eso de irte de una multinacional como Warner, que es tan grande y que nos ha hecho crecer tanto (y que nos ha tratado muy bien, por qué no decirlo), y volver a lo independiente, a hacerlo todo en plan casero, y que haya casi mejores números que con el disco anterior. Pero yo creo que todo los artistas están haciendo lo mismo...: se van a lo independiente, vuelven al ‘do it yourself’. Es que ahora mismo te puedes grabar un disco en casa, o hacer un videoclip con la cámara de un móvil; puedes hacer cosas muy dignas y muy buenas prácticamente sin gastarte dinero y sin tener que depender de terceros.