Las pinturas rupestres del ‘Abrigo del Mojao’ fueron destrozadas en 1990, a los pocos meses de su descubrimiento, «de forma intencionada por un inculto delincuente». Todavía hoy el director del Museo Arqueológico de Lorca, Andrés Martínez Rodríguez, se estremece mientras recuerda «el sentimiento de malestar e impotencia que sentimos y que subyace en las obras pintadas por Vicente para esta exposición, un conjunto de nuevos cuadros abstractos en diferentes formatos donde ha empleado una paleta de naranjas, magentas, violáceos y sobretodo amarillos; colores que le gustan y que utiliza imprimiendo esa luz que le caracteriza, tan arrebatadora y tan íntima».

El pasado martes, el Palacete de Huerto Ruano fue escenario de la presentación de la exposición Homenaje al ‘Abrigo del Mojao’, de Vicente Ruiz, que se inauguró ayer. El artista cumple 80 años y lo hace «volviendo a exponer en Lorca después de muchos años. Esto es, sin duda, una gran noticia», dijo la concejala de Cultura, María Ángeles Mazuecos, quien señaló que «su larga y dilatada trayectoria nos ha impresionado desde siempre a sus paisanos, que recordamos sus inicios en El Escorial y sobre todo en París; sus pinturas temáticas de gitanos y marginados; sus viajes al desierto del Sáhara; su gran interés por la arqueología; su extraordinaria, en todos los sentidos, exposición en la torre Alfonsina de nuestro Castillo, de la que todos guardamos memoria».

La exposición pretende, como apuntó José Alberto Bernardeau, de la Asociación Española de Críticos de Arte-Aica, «poner una vez más la vista en esta representación realizada por nuestros ancestros, increíblemente inéditas hasta hace tres décadas y trágicamente vandalizadas al poco tiempo de su hallazgo». Vicente Ruiz, añadió Bernardeau, «emula aquellos ocres ferrosos y floras carbonizadas, ritualizadas por los primeros hombres sobre las neutras paredes de los abrigos, sustituyéndolas por su propio universo cromático: acuosos azules, pétreos amarillos, metálicos violetas, ardientes rojos y arbóreos cremas, salpicados de refulgentes blancos sobre planos sin apenas perspectiva».

Vicente, como recordó aquella mañana, visitó el ‘Abrigo del Mojao’ poco antes de que fueran destrozadas. «Me sentí consternado. Tantos años buscando pinturas rupestres en Lorca y a los pocos meses de encontrarlas un desaprensivo, por llamarlo de alguna manera, las picó». El pintor relató cómo sintió la necesidad de plasmarlas en un papel nada más verlas. «A mano alzada las copié». Y reconoció que «nunca olvidé los trazos que pude ver por primera y última vez», repitiéndolos en su cabeza hasta plasmarlos en los lienzos de este particular homenaje al ‘Abrigo del Mojao’.

El arquero de melena al viento

El director del Museo Arqueológico evocó los ratos con el artista mientras preparaba el homenaje al pintor del ‘Abrigo del Mojao’. «Con el pincel lleno de un color entre rojo y magenta comenzó a pintar de memoria la figura del arquero. Sin levantar el pincel fue dibujando el personaje en movimiento con la melena al viento. Una vez finalizada la figura se quedó pensativo y, desde la distancia, comentó que había quedado bien, pero nunca como el original, y en voz alta dijo: ‘Qué bueno fue el pintor del Mojao’. Y que verdad había en estas palabras... Aquel pintor anónimo fue un gran artista».

El enclave donde se encuentra el ‘Abrigo del Mojao’ es un sitio relevante en el paisaje de Valdeinfierno. «Un espacio de referencia bien ubicado y desde donde otear el corredor natural de comunicación hacia el río Caramel, sobre el que debió de ejercer algún tipo de vigilancia a finales del Neolítico», comentó Martínez.

El comisario de la exposición, Manuel Sánchez Molina, recalcó que la muestra es «una interpretación íntima entre la prehistoria y lo contemporáneo, poniendo de manifiesto sensibilidad y armonía cromática». En el abrigo, insistió Vicente Ruiz, encontró «la parte más expresionista y abstracta de su pintura. Lo primitivo forma parte de su pintura, una fuente de entusiasmo, trabajo y valentía».