Entrevista | Zahara Cantante

"Este disco ha sido un vómito increíble, cuento todo sin pudor"

La ubetense protagoniza la penúltima cita de ‘Las noches del Malecón’ con su disco ‘Puta’, un valiente trabajo en el que pone el foco en una serie de maltratos que han marcado su vida

Zahara.   | L.O.

Zahara. | L.O. / rubén lópez

Rubén López

Zahara defenderá esta noche en la penúltima fecha de ‘Las noches del Malecón’ su disco Puta, un álbum comprometido y atrevido que marca un antes y un después en la carrera de la ubetense.

¿Es este el disco más íntimo de su carrera?

Siempre he tenido la sensación de que todos lo han sido. En todos siempre he contado sobre mí; quizá este sí es el más explícito. Donde he contado todo sin pudor ni metáfora o escondite.

¿Escribir y componer estas canciones ha tenido un efecto sanador en usted?

Ha sido ahondar y profundizar en mis traumas, pero lo sanador ha sido hacerlo acompañada de ayuda psicoterapéutica. No habría llegado a atreverme a entrar en todo lo que había vivido si no hubiese tenido a mi psicóloga a mi lado.

Entre otras personas, dedica este disco a Taylor Swift. ¿Por qué?

Cuando empezó el confinamiento no me sentía capaz de escribir o ponerme a hacer una canción. Me quedé completamente sumergida en la tristeza y en el no querer hacer nada y fue el documental de Taylor Miss Americana, con el que conecté profundamente, el que me hizo querer volver a escribir. Entendí, gracias a ella y sus reflexiones, qué era lo que me estaba pasando a mí, cómo era una yonki necesitada del amor de los demás porque el mío propio no existía.

¿Llegó a plantearse si quería publicar estas canciones?

No. Eso jamás lo dudé. Parte de este viaje significaba que todo lo que estaba escribiendo lo iba a compartir. De alguna manera extraña, mientras escribía no pensaba en que nadie fuera a escucharlo jamás y, a la par, el saber que todo se haría público era lo que me llevaba a seguir indagando y no dejarme nada dentro.

¿También buscaba reivindicar o criticar algo?

No buscaba nada, la verdad. Ni siquiera hay venganza o deseos de que aquellos que provocaron los daños aparezcan. Solo había un deseo profundo e interno de colocar aquellas cosas que me habían hecho tanto daño y que me hacían sentir una impostora fuera. Desnudarme y así liberarme de la carga.

¿Cree que su valentía ha podido ayudar a algunas personas que han pasado por situaciones similares?

Ojalá sirva. No sé si lo mío es un acto de valentía porque lo siento como algo que necesitaba hacer... Pero me escriben mujeres que al escuchar Merichane le han contado a sus familiares o seres queridos lo que habían vivido en el cole, abusos que habían sufrido... y eso me hace muy feliz. Porque al final cuando callamos solo protegemos al agresor y al contarlo nos liberamos de la culpa.

¿Cómo de importante es la participación de Martí Perarnau en el resultado del disco?

Ha sido fundamental y decisivo en muchas partes. Desde su mera creación, ya que Martí, que conocía todas estas experiencias que había vivido, me insistía en contarlas en mis canciones. Ha sido el productor del disco y me ha acompañado en todo el proceso.

¿La decisión de lanzarse abiertamente a los brazos de la electrónica fue premeditada? El proyecto Juno que inició con Perarnau también habrá influido...

Sí. El haber vivido Juno y aprender de la electrónica ha sido clave. Me abrió los ojos y los oídos a unos sonidos que hasta entonces no conocía y ahora siento que las posibilidades artísticas no hacen más que crecer. Creo que con Juno inicié un viaje en el que ahora mismo estoy disfrutando como nunca, redescrubriendo la música y la manera de hacer canciones y aquí quiero quedarme mucho tiempo.

Es una pena que la gente no pueda bailar. No es este un directo para tiempos pandémicos...

Es una pena enorme porque el directo tiene el corazón puesto en la electrónica. Desde el principio del concierto, aunque con un enfoque más pop, hasta el final que pretendemos convertir las salas en raves. Los conciertos que hemos hecho los hemos vivido intensamente y notamos la energía de la gente que baila con los brazos y las cabezas. Es flipante, porque dentro de tantas limitaciones sentimos que lo están vibrando y cómo la música y el baile están ahí aunque estén sentados. No puedo tener más ganas de hacer este repertorio para gente de pie, bailando, abrazándose, y sintiéndolo con todos sus sentidos.

¿Cómo han diseñado el concierto de Murcia?

Consta de tres partes. La primera más pop, en la que incluso me animo a tocar la batería, la segunda acústica y finalmente, una parte donde el tecno es la referencia. Junto a Martí Perarnau, que toca teclados, cajas de ritmos y procesa todo con su mesa de dj, está Manuel Cabezalí, guitarrista, pero que aquí también toca el bajo y sintetizadores. Yo proceso mi voz y además llevo a dos backliners/bailarinas que me acompañan durante todo el concierto.