El palabrario

Beso

Charo Guarino

Charo Guarino / L.O.

Charo Guarino

Charo Guarino

Del latín basium, si bien se especula que pueda tratarse de un préstamo celta. Se generalizó para referirse a este gesto afectivo que compartimos humanos y primates, y que en la lengua del Lacio cuenta con otros términos, como osculum (literalmente ‘boquita’, en referencia a la forma que adopta la boca para dar ese beso) o suavium (de donde tenemos ‘suave’, que significa ‘dulce’ en sentido figurado), con la diferencia de que el primero tiene en su uso latino un significado pasional. En el sentido de beso erótico lo usa Catulo en Carmina, particularmente en el poema V, el de los miles, infinitos besos, para su Lesbia, pero también en el VII, en el que asume la supuesta pregunta de su amada sobre cuántos besos podrían bastarle, y el XLVIII, donde se dirige a Juvencio diciéndole que besaría sus ojos ininterrumpidamente trescientas mil veces sin quedar satisfecho, o el XCIX, en el que confiesa haberle robado al mismo Juvencio un beso en los labios que califica de ambrosía y eléboro, ya que no es correspondido. Se dice que para pronunciar la palabra es preciso movilizar doce músculos faciales, tantos como para besar.

Adriano Celentano cantaba sus 24 mila baci, y el beso ha sido tema recurrente en la literatura y en el cine. Una escena inolvidable es la del final de la película Cinema Paradiso, de Giuseppe Tornatore, donde el protagonista ya adulto visiona en sesión privada una sucesión de besos previamente censurados, proyectados mientras suena de fondo Ennio Morricone.