Los ‘quejíos’ que nacieron en las profundidades de las minas de La Unión se fueron anoche a lo más alto, al mismísimo cielo de Lorca. El conjunto monumental del Calvario, declarado Bien de Interés Cultural, se convirtió en el lugar en el que cantaores, bailaora y guitarra, llevaron a cabo un duelo encarnecido para hacerse con la Lámpara Minera, el Bordón Minero y el Trofeo desplante. El sol caía, pero sus últimos rayos quisieron tocar al sevillano Miguel Ángel Lara, ‘El Canario’, mientras cantaba por tarantas, mineras, tangos y soleá. Un guiño a La Unión, a Murcia, que los espectadores, casi medio millar, supieron agradecer con palmas.

La noche prometía y conforme avanzaba la oscuridad El Calvario se vestía de tonos azules, morados, rojos… que se reflejaban en cada una de sus capillas. De los aleros de sus tejados salían y entraban las golondrinas que parecían juguetear con los cantaores mientras miles de lucecitas se encendían a lo lejos convirtiendo la tierra en un cielo cuajado de estrellas.

Y ocupó el escenario, a las puertas de la capilla principal, la del Cristo de la Misericordia, la bailaora almeriense Inka Díaz del Olmo. Su zapateo no necesitaba acompañamiento, convirtiéndose por momentos en percusión. Pero no estaba sola. Le acompañaba Cristóbal Heredia Amaya, ‘Cristo Heredia’. De casta le viene al galgo. Y ‘Cristo Heredia’ demostró con su cante de acompañamiento que es digno hijo del cantaor y compositor Juan Heredia , ‘El Hércules’, y nieto del cantaor Juan Heredia, ‘El Pirri’.

Inka interpretó con el cuerpo los palos que ‘Cristo Heredia’ cantaba mientras picaba con los pies el suelo y movía las manos con un arte que por momentos dejó a los asistentes en el más completo de los silencios. Sus bailes los acompañó con esa mirada profunda, rozando el éxtasis.

Y otra mujer tomó el escenario. De Jerez, Cádiz, llegó Sara Salado. De negro, con mantón de manila, moño y ondas al agua que coronaba con claveles rojos. Con peinetas de plata recordaba a aquellas cantaoras que desgarraban como una gitana vieja. Y el silencio se hizo más silencio que nunca. Sara jugueteó con el público mientras cantaba cartageneras, mineras, seguidillas, alegrías…

Unos instantes antes, Luis Terry, el presentador, recordaba que no era la primera vez que Sara pisaba el lugar. Hace algunos años, siendo todavía una niña, cantó saetas al Cristo de la Misericordia.

Entrada la noche llegó Álvaro Pérez Álvarez, de Granada, con su guitarra. El solista interpretó una taranta magnífica. Jugó con las cuerdas de su guitarra haciendo a los asistentes partícipes. Su interpretación estuvo repleta de matices que no permitían a nadie perderle de vista. El punto y final lo puso el cantaor de Mairena del Alcor, Sevilla, José León Márquez. Para entonces, la penumbra se hizo noche. El cantaor se crecía por momentos mientras cantaba por tarantas y mineras.

El alcalde de Lorca, Diego José Mateos, aseguró a los presentes que era la primera vez que las pruebas selectivas del Festival Internacional del Cante de las Minas se hacían en Lorca, pero que «no será la última vez». El máximo mandatario de La Unión, Pedro López, contó que su abuela era lorquina. «Hoy estará contenta», dijo. Y recordó que «el festival es la única mina abierta de La Unión que da producción», a la vez que anunció que continuarán externalizando el festival con pruebas por toda la geografía.