Pocas veces hemos sentido en el Sombra Festival tanta satisfacción al premiar la carrera de una artista, pero, sobre todo, muy pocas veces se puede igualmente celebrar la calidad humana de una persona como ha ocurrido durante esta edición con ella. Cuando hace unas semanas decidimos otorgar el Sombra de Leyenda a la actriz danesa Lone Fleming no sabíamos que los ganadores íbamos a ser nosotros, el equipo del Festival de Cine Fantástico Europeo de Murcia.

Lone ha pasado por nuestra ciudad dejando tras de sí una estela de alegría y admiración. Nunca he visto a una estrella mirar tan cara a cara a la gente. Afortunadamente, yo la estuve acompañando durante el primer fin de semana del festival y he podido conocerla más personalmente.

Trabajadora incansable, totalmente en activo, capaz de conversar en seis idiomas (inglés, francés, alemán, italiano, español y danés), suele dedicar de cinco a siete y media de la mañana a atender a sus redes sociales, contestando a sus fans de todo el mundo. Sin duda, una de las cosas que más me sorprendió fue su energía. Lone es de esas personas que poseen un magnetismo especial. Lo sabe y lo usa para repartir la alegría que lleva en su corazón. Su inteligencia se deja entrever en el brillo de su mirada. Su clase y educación redondean su calidad humana. 

Antes de que llegara a Murcia, intercambiamos varios mensajes y ya dejó entrever su simpatía al aceptar todas las entrevistas que le propusimos, a cualquier hora, con tal de hacerle el trabajo más fácil a todos. Directa, terrenal y derrochando ganas, Lone ya entonces nos adelantó cómo era.

Cuando la recogí en el hotel, yo ya tenía mucha curiosidad por la actriz de The blind dead (Armando de Ossorio, 1973) y Una vela para el diablo (Eugenio Martín, 1977) y le ofrecí mi bienvenida más sincera cuando por fin nos saludamos.  

Lone agradeció la acogida y no tardó en decir: «¿Soy yo realmente una leyenda?». Tomamos un café y a nosotras se unió el fotógrafo que esperábamos. Nos dimos el primer paseo por los Soportales y la plaza de Belluga, la cual le encantó de día, y, más tarde, de noche. Seguimos con la sesión de fotos en la Glorieta. Ella no escatimó una sonrisa; dejó fluir su magnetismo. Yo escuchaba a la gente pasar y sorprenderse de su belleza y elegancia. ¡Qué gusto da trabajar con alguien como Lone! Hasta el fotógrafo me pidió que le hiciera fotos con ella.

Fans de otras provincias preguntaban dónde podrían encontrarse con ella y conseguir su autógrafo. A todos los citamos en la entrega de premios que tendría lugar por la noche en la Filmoteca Regional, a donde Lone llegó colmada del cariño de la gente.

Javier García, el director del Sombra, le hizo entrega del galardón. Subió Lone al escenario para recogerlo con su energía y atractivo, invadiendo la sala. Desde su atril, subrayó el gran cariño con el que lo recibía y el calor de la gente. El público interrumpía sus palabras a gritos de: «¡Bravo, Lone!» y «¡Guapa, Lone!». Aplaudían una y otra vez. Ella animó a que le preguntaran lo que consideraran y así vivimos, más que una simple entrega de premios, una verdadera conexión entre ella y todos los presentes. Yo, que he trabajado en algunas ediciones del festival, nunca he visto una artista que provocara tanta reacción del público.

Seguidamente empezaba la proyección de Evil Dead (Sam Raimi, 1988). En la inauguración del festival ponemos siempre películas de culto (estas son las que no se ven hace mucho tiempo en pantalla grande y a la gente le apetecen); es uno de los momentos más esperados. Y, sin embargo, al público no le importó perderse parte de la película para conseguir el autógrafo de Lone. Otra cosa que se salía de lo normal, por cierto, pues en el hall de la filmoteca se formó una buena cola de fans con DVD, pósters y fotografías esperando su momento con Lone y olvidándose de la proyección.

Cenamos el equipo de Sombra y otros invitados con ella. Dimos un último paseo nocturno para tomar una copa de vino blanco. Aguantó el tipo hasta bien entrada la madrugada, cuando la plaza de Belluga tenía una atmósfera propia de sus películas. La iluminación amarillenta como de lámpara de gas, la solemnidad del palacio Episcopal en tonos rosados y cobaltos, la omnipresencia de la fachada barroca más bella de Europa y el testigo en la penumbra de la velada, la Torre de la Catedral. 

Charló con todo el mundo que quiso acercarse a ella y dedicó el tiempo suficiente a los que comienzan en el mundo del cine y necesitaban su consejo. Nos agradeció una vez más, gastó bromas, contó historias y conquistó a toda persona que se relacionó con ella, y, además, todo le salió natural, del corazón. 

Por todo ello, la agradecida soy yo, los agradecidos somos nosotros, por todo lo que nos has dejado, Lone. Y por supuesto que sí: ¡Eres una leyenda!