Bailando. Así celebraron ayer el Día Internacional de la Danza coreógrafos, bailarines y compañías de la Región y de todo el mundo. ¿El objetivo? Hacer visible una disciplina que define un estilo de vida, donde el cuerpo, el elemento principal, vibra con cada nota que siente para transmitir emociones. Y más en un año como este, después de un 2020 en el que la pandemia atacó duramente (y sigue atacando, aunque con menor intensidad) al sector.  

«Hemos pasado de bailar confinados a bailar confiados, felices, otra vez en la calle, en los teatros (...) con un idioma sin palabras», rezaba un vídeo compartido este jueves por el Ballet Nacional de España (BNE) y la Compañía Nacional de Danza (CND) en redes sociales con motivo de este 29 de abril. Ambas compañías, las dos más importantes del país, se unieron para conmemorar este día con un clip en el que los diferentes lenguajes de la danza se funden para lanzar «un mensaje de ilusión y confianza», reseñó el INAEM en una nota.

Esa fue la tónica dominante ayer, por grande o pequeña que fuera la academia o el artista que emitiera el mensaje. Porque aunque la SGAE recordara que las representaciones de esta disciplina no superan el 4% de las funciones de artes escénicas en España, no era día para lamentaciones, sino para celebrar. Que se lo pregunten, si no, a quienes acudieron a la Escuela de Arte Dramático de Murcia. 

Normalmente, cada 29 de abril la Plaza del Cardenal Belluga suele acoger multitudinarias exhibiciones al aire libre a cargo del Conservatorio de Danza; una postura absolutamente inviable en un contexto covid como el que vivimos actualmente. De ahí que la celebración se replegara al teatro del centro que ambas instituciones comparten en la Plaza de los Apóstoles. Allí se presentó este jueves otro audiovisual: Bailarines murcianos por el mundo, en el que se homenajeó a los bailarines locales que hoy trabajan profesionalmente fuera de Murcia, logrando en muchos casos una notable proyección nacional e internacional.

Aunque, por supuesto, también hubo tiempo para disfrutar de danza en directo; en concreto, del talento de los alumnos de sexto curso de enseñanzas profesionales de las especialidades de danza clásica, contemporánea, española y baile flamenco. Y, como colofón, tuvo lugar la presentación del primer premio de grupos y premio especial del jurado del VII Concurso Internacional de Flamenco de Jerez de la Frontera, Bulería por soleá.

Por otro lado, en Cartagena –donde desde hace días llevaban celebrando el Día Internacional de la Danza– pusieron fin a los actos organizados en torno al 29 de abril con la lectura un manifiesto que fue leído a lo largo del día de ayer por todo el mundo. En esta ocasión, su autor es el bailarín de ballet alemán Friedmann Vogel, mientras que la encargada de ponerle voz en la ciudad portuaria –en concreto, en el Teatro Romano– fue Marga Amante, precursora de la danza contemporánea en la Región de Murcia y directora artística del ya desaparecido festival MuDanzas.

«La danza, me apena decirlo, pero sigue pareciendo un arte menor ya que es físico, nace del cuerpo, y parece por ello que no tuviera otros componentes, que no fuera suficiente para ser algo más que entretenimiento. Pero sí, dentro del cuerpo entrenado por horas hay un corazón, sintiendo, emocionado y además también una mente, que piensa, organiza, ordena, calcula, que no te explica, que no tiene palabras, que no es evidente, es sugerente. Comunica. Transporta», señaló Amante antes de proceder a la lectura del texto, que seguía esa misma línea.

«Todo comienza con movimiento, un instinto que todos tenemos con el que buscamos comunicarnos. Así como una técnica perfecta es fundamental e impresionante, en última instancia lo que el bailarín expresa con el movimiento es la esencia –señaló la veterana artista, haciendo suyas las palabras de Vogel–. Como bailarines, estamos en constante movimiento, aspirando a crear inolvidables momentos. Así que cuando de pronto no se nos permite bailar, con teatros cerrados y con festivales cerrados, nuestro mundo llega a pararse. Sin contacto físico. Sin actuaciones. Sin espectadores», mencionó Marga Amante. 

«Jamás en la historia reciente la comunidad dancística se había visto desafiada de tal forma para permanecer motivada y encontrar su razón de ser. Es precisamente cuando algo precioso se nos ha quitado, cuando verdaderamente apreciamos hasta qué punto es vital lo que hacemos, y cuánto significa la danza para la sociedad en su conjunto», concluyó Amante, quien, tras la lectura, dejó su sitio en la tarima para Alfonso y Mónica, una pareja de bailarines especializados en salsa y bachata que en la actualidad son «referentes europeos» en estos ritmos. Porque el de ayer era un día para reivindicar, pero sobre todo para bailar.