Aprincipios del pasado año, Miguel Rivera, letrista y vocalista de Maga (banda alternativa con más de veinte años de trayectoria), se reinventaba publicando su primer poemario, Sistemas binarios (Aguilar, 2020), y en base a él, el polifacético artista maño presenta ahora el proyecto Sistemas binarios (canciones encontradas), una experiencia sinestésica que une música y poemas. El espectáculo, que llega hoy al Teatro Circo de Murcia, consiste en una serie de aquellos textos que, llevados al pentagrama, cobran «un sentido amplificado». Y todo ello sucede envuelto en un espacio escénico diseñado por Rafa Villalobos –solicitadísimo director de escena– y que cuenta con la voz en off de Asier Etxeandia, además de con una banda formada en directo.

Viene con Sistemas binarios (Canciones encontradas). ¿Qué es, en qué consiste?

Es un proyecto cuyo germen es la simbiosis entre mi poesía y mi música. Una selección de textos de mi libro Sistemas binarios, que, llevados al pentagrama y al escenario, cobran una dimensión nueva, un sentido amplificado. Se produce un fenómeno por el cual los poemas –que originalmente no fueron concebidos para ser cantados– reivindican por sí mismos esa parte musical de su naturaleza que incluso yo desconocía cuando estaba gestándolos. El espectáculo en sí supone un viaje emocional por los diferentes hitos vitales que me han marcado de una manera especial, y que representan el germen de lo que Miguel Rivera es como ser humano y como creador.

¿Cuándo y por qué se decidió a escribir un poemario? ¿Cómo surgió?

En 2019 la editorial Aguilar, tras conocer mi colaboración con Zahara en el tema Big Bang –cuya letra está extraída de un poema mío del mismo nombre–, me propuso publicar un poemario en su colección Verso y Cuento. Ahí nace Sistemas binarios.

¿Pensó que acabaría cantando algo que imaginó únicamente para la letra impresa? ¿Se ha encontrado con una mayor libertad al no tener la necesidad de buscar una melodía?

En principio no lo había imaginado. Pero efectivamente, cuando me puse, la morfología de los textos –tan diferente a la que suelen tener las letras de mis canciones– hizo que las composiciones a las que fui dando forma trajeran una musicalidad muy diferente a la de un tema pop al uso. Presentaban melodías mucho más abiertas, estructuras más laxas, menos encorsetadas.

¿Qué le ha supuesto escribir este poemario?

Una experiencia fantástica, inolvidable, y que me ha abierto el apetito de la creación literaria para el futuro.

¿Salir de la zona de confort le planteó algún tipo de reto? ¿Le asaltó el pudor del primerizo?

Quizá al principio, cuando se me planteó escribir un libro. Pero siempre he sido una persona arrojada, así que me lancé a ello, y estoy realmente contento de haberlo hecho.

La cantaora Rocío Márquez y el actor Asier Etxeandía le han puesto voz a sus poemas. ¿Qué han significado para usted estas colaboraciones?

Son dos artistas a los que admiro mucho. Asier pone la voz en off al espectáculo –que no es un concierto al uso– y Rocío canta conmigo uno de los poemas. Cuando vi el resultado me quedé boquiabierto.

Ha volcado en varios relatos una de sus pasiones: la astronomía. Hay un ambiente cósmico, espacial, en el trasfondo de muchos de sus textos. ¿De donde le viene?

Desde muy pequeño he sentido fascinación por el universo, el espacio exterior. Recuerdo noches enteras durante mi infancia en la playa mirando al cielo. Me dejaba llevar por la ilusión de ser envuelto por la bóveda celeste. El placentero vértigo de sentirse una mota insignificante suspendida en el vacío más inmenso. Después vino cierto afán de conocimiento, y la fascinación por los conceptos del Big Bang, la teoría de la relatividad, la de cuerdas, etc. Supongo que esa vibración resonaba de fondo cuando estaba escribiendo Sistemas binarios, y la dejé permear en ciertos textos aquí y allá libremente. Ese imaginario espacial, los viajes de distancias astronómicas, la inmensidad del universo en general son metáforas de una búsqueda insaciable, seguramente de una sensación de desubicación casi permanente.

El libro tiene una parte confesional. ¿Hacer público algo tan íntimo resultó liberador?

Es una exposición desinhibida, a mi manera, de las propias vísceras. Hay una base en la que se cimenta la creación de estos textos: partir de un sentimiento, un hecho, un recuerdo que me diera pudor contar abiertamente. Una vez puesto sobre el papel, ese pudor perdía la carga de herida y se transformaba en la oportunidad de crear algo nuevo.

En alianza con Germán Coppini, vinieron a Cartagena. ¿Hablaban entre ustedes de literatura?

Hablábamos de literatura y de música, y de lo mundano también. Fue un privilegio conocer a Germán y compartir tablas con él durante un tiempo. Me acuerdo muchas veces de él; le echo de menos.

¿Ha cambiado mucho el mundo de la música en estas dos últimas décadas?

Principalmente la manera de difundir el trabajo creativo de los músicos. Las plataformas digitales han permitido una mayor libertad a la hora de dar a conocer proyectos, aunque es cierto que los canales habituales para que cobren vida en directo siguen siendo determinantes para que dichos proyectos puedan tener cierta trascendencia.

En su caso, escribir Sistemas binarios, ¿en qué manera le ha podido ayudar?

En descubrir una faceta mía que desconocía, la del escritor. Y en volver a sentir la emoción de una ‘primera vez’.

Y tras este estreno en el mundo literario, ¿qué tiene pensado hacer? ¿Seguirá por este camino?

Bueno, le he cogido el gusto. Me encantaría volver a publicar, sí. Aunque creo que me decidiría por continuar con la vertiente narrativa.

¿Qué va a encontrar el lector en estas páginas? ¿Y en el concierto?

Sistemas Binarios (canciones encontradas) no es un concierto al uso; está concebido para transitar en espacios teatrales. La iluminación, las proyecciones, las voces en off, la puesta en escena... son elementos imprescindibles para que el espectáculo alcance su máxima plenitud expresiva. Pretende ser una experiencia emocional sinestésica para el público y para nosotros mismos, donde los sentidos y los sentimientos se mezclen bajo el denominador común de la poesía. Me permito hablar con diferentes voces, desde la infancia, la adolescencia o la adultez, recuperando momentos que supusieron primeras veces: el primer encuentro con la música, el despertar de la sexualidad, la consciencia del paso del tiempo... En definitiva, y parafraseando al escritor Eloy Tizón, «escribiendo pasiones porque las he vivido, porque me gustaría vivirlas o para no tener que vivirlas».

¿Cómo es la puesta en escena?

Para esta travesía tengo la suerte de rodearme de un elenco de excelentes artistas con los que ya he navegado en el pasado, y que han ayudado a dar sentido completo al proyecto: Pablo Cabra (batería), Javi Mora (armonio, ukelele, xilófono, piano) Mercedes Bernal (saxo, clarinete), Dani González (contrabajo), Benito Jiménez (iluminación) y Fabián Romero (sonido). Asimismo, quiero destacar la labor de Rafael R. Villalobos, director de escena, que aparece precisamente para dotar de un palo escénico a este proyecto. Yo no quería que esto se quedara en una colección de poemas musicados; quería ir un paso más allá, que fuera un híbrido entre poesía, música y puesta en escena. Rafa ha creado el envoltorio, el continente de este contenido que es el universo de Sistemas binarios.