En el futuro se sabrá que unos aparentes descerebrados que se hacían llamar Curiana (el nombre no es una elección gratuita: el grupo entiende las curianas/cucarachas como un símbolo de resiliencia vital) publicaron en plena pandemia de la covid-19 una obra maestra, Retratos (Grabaciones Vistabella, 2021), que funciona como una crónica perfecta de cómo era el mundo en esos días de mascarillas y confinamientos en los que todos necesitábamos una válvula de escape.

Curiana son el vocalista y guitarra Alejandro Vizcaíno (también en Tangerine Flavour y antiguo miembro de The Stuffs) y Juanjo Céspedes (bajo, coros). Se conocieron en la Facultad de Filosofía, y han reunido en este disco a tres personajes (Marcial, Taha y Little Gob), ficticios o no, merced a los cuales han construido unos relatos que apuestan por la cotidianidad, el surrealismo, la provocación y lo grotesco. A bote pronto, se me ocurre que podría haber una línea imaginaria que les une a Siniestro Total y Los Marañones, a grupos de la nueva ola madrileña como Los Bólidos, al clasicismo de Bob Dylan y Tom Petty, al punk, al post punk, al prepunk, al garaje y al rock. Irónicos, multirreferenciales –lo mismo te citan a Beethoven que a Bad Gyal– y festivos, Curiana jamás parecieron preocuparse por muchas cosas, incluido el propio grupo. No future, pero mañana nos vemos.

¿Quiénes son Curiana?

A. V.: El núcleo de Curiana somos Alejandro Vizcaíno a la voz y las guitarras y Juanjo Céspedes al bajo y los coros. Sin embargo, este es un proyecto en el que hemos montado con la colaboración de colegas, y vamos a seguir entendiéndolo de esa forma.

¿Qué tienen las cucarachas, las curianas, para que os hayáis fijado en ellas a la hora de poneros el nombre? ¿Ha sido como los Beatles?

A. V.: La verdad es que los Beatles son una de las bandas de nuestra vida, pero curiosamente esa no fue la inspiración para bautizar al grupo. Las curianas (las cucarachas) son para nosotros un símbolo de resiliencia, de superación de las condiciones adversas a las que nos podemos enfrentar. Dicen que llevan en este mundo mucho más tiempo que nosotros y que resisten a la radioactividad, así que decidimos ponernos ese nombre, ya que Curiana surgió con mucho tesón y con ganas de mostrar al público algo interesante, por mucho tiempo y perseverancia que costase.

Contadnos cómo nació la banda y qué ha pasado en el grupo hasta la publicación de vuestro primer disco.

J. C.: Nosotros nos conocimos en la Facultad de Filosofía mientras estudiábamos la carrera. En una de las fiestas que hacíamos en esa época nos dimos cuenta de que teníamos gustos musicales muy parecidos, y pensamos que estaría bien montar un grupo. Recuerdo que la primera canción que tocamos juntos fue Alive, de Pearl Jam. A partir de ahí, empezamos a coger la costumbre de reunirnos todos los jueves para tocar canciones de ese estilos. Intentamos sacar un proyecto al que llamamos Fourth Flat, pero que por distintas circunstancias no pudo salir adelante. Nos costaba mucho por aquel entonces mantener una formación estable; un batería, sobre todo. Durante un tiempo conseguimos mantener un power trío con Jorge a la batería, y dimos algunos conciertos, pero al final tuvo que dejar la banda y nos quedamos Alejandro y yo solos.

¿Dónde paráis y qué hacéis ahora?

A. V.: Yo estoy en Madrid estudiando un máster de Filosofía y, aparte, me he unido como guitarra solista a Tangerine Flavour, y con ellos el 15 de marzo me meteré en el estudio con un notable productor que pronto anunciaremos en redes.

J. C.: Yo estoy en Murcia estudiando el grado en Ciencias Políticas, y actualmente estoy creando un proyecto musical de cero junto a un par de amigos en el que tocaremos música garage rock con toques grunge. Por el tema de la pandemia nos ha costado un poco arrancar, pero pronto nuestra intención es la de grabar algunos temas y dar conciertos.

¿Qué os unió como banda y qué tenéis en común? ¿Las canciones las firmáis los dos?

A. V.: Lo que nos unió fue compartir facultad. Y nuestra obsesión por los Beatles; creo que eso fue lo que afianzó el lazo que nos une. Las canciones de este sencillo son mías, aunque Juanjo también contribuyó a darles forma sacando los coros de Taha, los arreglos de teclado y las maravillosas líneas de bajo que podéis escuchar en Retratos. Pero bueno, porque ha salido así; esto no significa que solo vaya a escribir yo. De hecho, Juanjo ya tiene algunas canciones en el tintero que podréis escuchar en el próximo disco. 

J. C.: Sí. En un principio teníamos varias canciones como candidatas a integrar este sencillo, e hicimos un proceso de selección. Nos quedamos con las tres que consideramos que sonaban mejor. Nosotros antes de grabar solemos pasarnos por WhatsApp los temas que vamos componiendo, y ya como grupo nos vamos centrando en los que más potencial tienen. Luego se le añade una línea de bajo, unos coros… Y ese sería más o menos el proceso que llevamos para darle forma a las canciones.

Ha sido una larga espera. Retratos reúne a tres personajes. ¿Qué tienen en común?

A. V.: Los tres retratos tienen en común el ser lienzos musicales del siglo XXI.

¿Lo habéis grabado todo vosotros o habéis tenido alguna ayuda?

A. V.: Las baterías de Marcial y Taha nos las grabó Alberto García de manera profesional. Lo demás, incluso la batería de Little Gob –que toco yo mismo–, lo hemos grabado nosotros. No obstante, sin el toque final de Jart Producer no se escucharía todo tan nítido como lo podéis percibir. Uno tiene limitaciones en la producción que de manera autodidacta son difíciles de solventar...

¿Cuáles han sido vuestros grupos o artistas de referencia para vuestra carrera artística y vuestro día a día? ¿Sois más punk o más rock?

J. C.: En Curiana somos muy de rock clásico: artistas como The Beatles, The Band, Bob Dylan y David Bowie son nuestros principales referentes musicales. Para nosotros, el culmen de la música fue la época en la que se grabaron discos como All things must pass, de George Harrison; el disco homónimo de The Band; los primeros trabajos de Led Zeppelin… También escuchamos grupos actuales que recogen ese testigo, como King Gizzard & The Lizard Wizard, pero nuestros estilos de referencia irían por ahí.

A. V.: Creo que Juanjo ha respondido más que bien. Yo últimamente estoy escuchando mucho a Fela Kuti, Frank Zappa y a King Gizzard & The Lizard Wizard. Estos últimos me llevan loco.

¿Consideráis que vuestras letras os hacen distintos a otros grupos del mismo corte?

J. C.: Sí, y ahí quizás nos hayan influido mucho grupos actuales como Camellos. Nuestras letras tienen un componente descriptivo y a la vez crítico con lo real. En Retratos hacemos precisamente eso: retratamos una realidad, aunque en ocasiones nos permitimos introducir elementos de ficción más exagerados. Puede ser que no encontremos en el mundo a personajes como Marcial o Little Gob tal y como los plasmamos en las canciones, pero sí que se pueden ver en ellos elementos con los que muchas personas se pueden sentir identificadas.

Hablando un poco más de Retratos, vuestras canciones me transmiten buen rollo, un punto de locura y muchos significados diferentes. ¿De dónde viene este título? ¿En qué os inspirasteis para componer las letras?

A. V.: En mi estancia en París durante el curso 2019/2020 empecé a componer algunas canciones en castellano. Cuando volví a Murcia las pusimos en común y seleccionamos estas tres por el hilo conductor que las unía (las tres trataban historias de personajes, eran humildes retratos reales o ficticios). En Marcial hice un ejercicio de introspección y de recuerdo de mi adolescencia para plasmar, digamos, mi autorretrato particular. En él hablo de un ‘viejoven’, de alguien que tiene forjado a fuego en el corazón a los clásicos. En fin, ese sería yo [Risas]. Aparte, Taha está inspirada en un esperpéntico abogado que conocí en París, y Little Gob en un amigo del instituto de Cartagena (podríamos decir que el arquetipo de chaval de barrio). No es que me propusiera hacer un sencillo de retratos musicales, sino que abrí los oídos y los ojos a gente que me rodeaba, y allí obtuve la inspiración.

En cuanto al sonido, creo que se amolda muy bien a vuestros temas. ¿Teníais prefijado un poco como queríais sonar en este primer EP?

J. C.: Mucha gente nos ha dicho que suena ochentero. No era esa la primera idea que teníamos, pero ha acabado saliendo así. La verdad es que nuestras influencias y grupos de referencia tiran más hacia grupos de los sesenta y los setenta, aunque nuestra idea era adaptar esa forma de hacer música a sonidos más modernos. Pero bueno, es verdad que tenemos referentes en la música de aquellos años –como puede ser Antonio Vega– y que, cuando metemos efectos como el chorus de algunas guitarras o el delay en las voces, es cierto que estamos usando técnicas de grabación que se popularizaron sobre todo en esa época, y es normal que esos sonidos se asocien con la Movida y los ochenta.

El disco sale bajo el sello de Grabaciones Vistabella. ¿Cómo llegasteis a firmar con ellos con tan pocas referencias previas en el estudio de grabación?

A. V.: Todo empezó con una jam session justo antes de la pandemia en mi último piso de Murcia. Invité a Ángel Calvo, estuvimos tocando Juanjo y yo con él largo y tendido, y fue ahí donde nos dijo que nosotros hemos estado tiempo en la escena underground de Murcia y que ya era hora de que saliésemos a la luz. Y justo por ello estamos en Grabaciones Vistabella.

Los personajes que aparecen en vuestras canciones surgen de la observación sistemática del día a día. ¿Reflejáis la realidad, o tendéis hacia la exageración?

A. V.: Tendemos hacia la exageración muchas veces. Por ejemplo, en Little Gob hablamos de un conflicto con la policía que jamás ha tenido el personaje en la vida real, pero a veces tenemos que darnos alguna licencia artística si queremos generar intriga o emoción en las letras.

Juanjo Céspedes, bajista de Curiana. L. O.

Taha («el vacío religioso que corre por sus venas», dice la canción) es un personaje real que parece de ficción.

A. V.: Taha es tan real como tú y como yo. Y la historia que cuento, en este caso, no es que tenga mucha ficción que digamos... El ‘vacío religioso’ no es otra cosa que una expresión que se me ocurrió cuando me dijo que había explorado los terrenos de algunas sustancias estimulantes. Taha, como buen musulmán, no bebía alcohol ni nada, y yo le decía bromeando que como estas drogas no se había sintetizado en la época de Mahoma, estaba legitimado a consumirlas. Aparte, Taha también se fue a hacer el servicio militar unos meses, que en Turquía todavía es obligatorio para los jóvenes. Pero si pagas te eximes de la responsabilidad, y esto es lo que acabó haciendo.

«Nos quieren convertir a la fe de la MTV», decís en otra canción. ¿Ya no es la MTV lo que fue? ¿Quién es Marcial?

A. V.: Esa frase es una clara alusión al Money for nothing de Dire Straits. Mark Knopfler y Sting cantaban: «I want my MTV»; nosotros somos más derrotistas. Creemos que la MTV ya es insalvable, y que hay que buscar otros espacios alejados de la industria si queremos escuchar sonidos que no estén pervertidos por los intereses comerciales de las grandes corporaciones musicales.

El comienzo de Little Gob me recuerda a Ráfagas, de Los Bólidos. ¿Los ochenta están presentes en vuestra música? ?Podría haber una línea imaginaria que uniera grupos como Siniestro Total, Los Marañones y Curiana?

A. V.: La verdad es que se dan un aire, sí. Pero si le quitas la distorsión a Dolores se llamaba Lola, de Los Suaves, también podemos encontrar una intro parecida... Y es todo un honor estar en esa línea que has trazado, pero que nos comparen con grupazos como Siniestro Total o Los Marañones (cuyo teclista, Carlos Campoy, ha sido uno de mis grandes padrinos musicales) es algo que nos puede venir algo grande. De momento hacemos lo que nos apetece, y se podrían encontrar paralelismos a nivel de sonido, sí, pero porque lo que nosotros hacemos también se sitúa en un contexto con muchas similitudes al de la Movida: queremos revivir sonidos de la música norteamericana y anglosajona, pero con letras en castellano y, en vez de ser hijos del tardofranquismo, somos los que sufrieron la crisis del 2008. Todo eso tendría que salir por algún lado.

Marcial es un ‘viejoven’. ¿Es así como te sientes? ¿Es algo así como madurez y responsabilidad?

A. V.: Yo creo que ser un 'viejoven' no implica necesariamente madurez y responsabilidad... Quizá esos gustos te den una visión alternativa del mundo, pero muchas veces el estar alejado culturalmente de lo que se escucha en tu época puede llevarte a situaciones de incomprensión y de soberbia, algo que estaría muy alejado de la madurez. 

J. C.: Ese sentimiento de ser un ‘viejoven’ es algo generalizado en el grupo. También tenemos muchos amigos que, como nosotros, disfrutan más de un disco de Tom Petty que salió hace cincuenta años que de lo último de C. Tangana. Al final, este sentimiento de ser «un señor de 60 años con un cuerpo impostor» es algo más común de lo que parece. Quizás en un futuro surja una nueva cultura musical retro que vuelva a poner de moda esos sonidos de guitarra, bajo y batería con los que nosotros tanto disfrutamos, aunque de momento, escuchar ese tipo de música te aleja de la cultura musical hegemónica.

¿Habéis superado los traumas con el reguetón y el trap? Lo digo por lo de Beethoven frente a Bad Gyal... Me recuerda al concepto aquel de Chuck Berry en Roll over Beethoven.

A. V.: Esos ‘traumas’ nunca se superarán. Y mira que he estado grabando con Jart Producer unos temas de reguetón y trap este verano... Sin embargo, no es una música que yo escuche, pero tampoco la criminalizo y denosto tanto como en tiempos pasados. Ahora prefiero mantenerme más tolerante. Hay que mantenerse atento a los sonidos que te rodean y saber cribar críticamente lo que es de calidad y lo que no. Personalmente, los bajos de trap me flipan, pero las voces ya… [Risas]. Lo de ‘Beethoven frente a Bad Gyal’ era una forma de ilustrar el espíritu ‘viejoven’. Aún así, creo que las comparaciones son odiosas y que la música es la expresión de un tiempo. Más allá de la broma, sería un error comparar una sinfonía del siglo XVIII o XIX con una canción del XXI, al igual que tampoco podríamos comparar un Delacroix con un Mondrian.

¿Creéis que el modelo actual musical ayuda a las bandas emergentes? ¿En qué creéis que es necesario hacer (o no) cambios?

J. C.: Las dificultades que encontramos ahora mismo los grupos jóvenes al final son prácticamente las mismas que han existido siempre: hacer música es muy caro, y necesitas hacer una inversión económica importante para poder sacar adelante un grupo (en equipo, locales de ensayo, estudios de grabación…). Sucede mucho que, a la hora de llevar esa inversión al ‘mercado’, no se valora lo suficiente ese esfuerzo que se hace, esas horas que has estado ensayando en el local. Es muy común ver a grupos cobrando en bebidas o incluso teniendo que pagar por espacios para poder tocar cuando realmente el que sale ganando ahí es el dueño de la sala al que le estás llenando el local con familia, amigos y seguidores que van a oírte tocar y, de paso, a tomarse unas copas. Algo que podría ayudar a mejorar la situación de las bandas emergentes sería que las administraciones pusieran a disposición de los grupos espacios donde poder ensayar, donde poder meter una batería o unos amplificadores y poder hacer música. Al final esto es una inversión en cultura que ayudaría a consolidar la escena murciana y a dar un impulso a las salas y bares donde se hacen conciertos. Saldríamos ganando todos.

¿Cómo es posible que todavía no tengáis vídeos en YouTube?

A. V.: teníamos un videoclip grabado, pero por imprevistos en el montaje se nos fue al garete. Creo que ahora ya podéis entender aquello que hablábamos de la resiliencia... [Risa]. Encima, en este contexto pandémico y con las distancias que nos separan a Juanjo y a mí, ha sido muy difícil retomar esta empresa. Así que de momento no tenemos nada, pero en un futuro aseguramos mostraros nuestro primer videoclip.

La portada es obra de la ilustradora María Garberí. ¿Qué representa?

A. V.: María es una joven artista con proyección y bastante intuición, pero sobre todo una gran amiga (aprovecho para decir que en breves abrirá en Cartagena su estudio de arte y tatuajes, 2020 Studio). Le pedí que hiciese un dibujo a una línea de tres caras que representaran los tres retratos (de izquierda a derecha: Marcial, Taha y Little Gob). A la primera lo clavó, y esa es la portada que podéis ver: un diseño abstracto que, al igual que las canciones, no pretende ser realista. La intención es la de que el público complete el sentido de lo que ve/escucha.

¿Qué fechas y planes tenéis en un futuro próximo?

A. V.: En verano tenemos pensado grabar algo sí o sí. Quizás nuestro primer EP.

¿Los jóvenes españoles tienen muchos motivos para estar cabreados?

J. C.: Somos una generación que ha empalmado una crisis con otra. Hay muchísimo paro juvenil, dificultades importantes para independizarnos y acceder a una vivienda en propiedad, el poco empleo que hay es temporal y precario… La verdad es que estamos en el momento y el lugar perfecto para hacer música rock, para mostrar esa rabia e indignación que provoca esa negación de cumplimiento de expectativas que nuestra generación ha sufrido.