(Según ha informado esta mañana la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia a este periódico, finalmente el concierto será a puerta cerrada dentro de las medidas de contención del coronavirus. La formación murciana tiene previsto recuperar esta actuación, ya con público en la sala, el día 18 de septiembre. Por lo pronto, el recital de mañana se emitirá vía streaming a través del canal de YouTube @OSRMurcia)

Un puñado de privilegiados podrán volver a disfrutar mañana de la música en directo en el Auditorio Regional. No es que para acceder al Villegas se precise de invitación o que se trate de un evento privado, sino que las limitaciones de aforo impuestas por la Consejería dejan apenas un centenar de butacas disponibles para la inauguración de la temporada 2020/21. Pero ni siquiera eso va a mermar la moral de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, que hoy volverá a encontrarse con su público (sean más o menos, escucharles aplaudir de nuevo va a ser toda una inyección de moral para los músicos) después de muchas semanas... Eso convierte la de esta tarde en una actuación especial, y particularmente emotiva, según confiesa su directora, Virginia Martínez (Molina de Segura, 1979). Por ello, no han querido seleccionar una obra cualquiera para interpretar. La pieza elegida debía decir algo, ser una declaración de intenciones; y, teniendo eso claro, todos coincidieron en que las primeras notas que debían sonar con público en sala tenían que ser las de la Sinfonía del Nuevo Mundo, de Antonín Dvorák.

Lo primero de todo: ¿Cómo está? ¿Cómo ha vivido y está viviendo estos días tan raros?

Bien, bien. Gracias a Dios, estamos bien tanto de salud como de ánimo. Pero creo que ya necesitábamos volver. Igual que a los niños les viene bien regresar al cole y volver a su rutina, los músicos echábamos en falta el escenario después de un tiempo 'parados'. Y necesitábamos desconectar después de una temporada que había sido intensa, ¿eh? Pero yo esta mañana [por el martes], en el primer ensayo después de las vacaciones, estaba verdaderamente emocionada, sobre todo por volver a juntarnos y ver que todos estábamos bien. Y, por supuesto, por la ilusión que supone empezar una temporada diferente y, eso sí, complicada... Pero allí estaremos, como siempre.

Siempre viene bien volver a la 'normalidad', aunque esta sea 'nueva' y bastante extraña...

Sí. Aunque, bueno, nosotros ya tuvimos los meses de junio y julio para adaptarnos a esta situación con el proyecto MusicÖn [la Sinfónica se reunió en el Villegas para grabar a puerta cerrada una serie de actuaciones que se han ido emitiendo vía streaming durante el verano]. Ya entonces, la Orquesta no escatimó en gastos para que fuera segura a un 200%, con un equipo que trabajó incansablemente para que todos estuviéramos tranquilos. Y ahora la situación es la misma: con distancias, mamparas, gel hidroalcohólico... Todo está perfectamente medido y estudiado. La única diferencia es que en aquellas primeras grabaciones no llevábamos mascarillas y ahora sí; exceptuando los vientos, obviamente [Ríe]. Bueno, eso y que hemos tenido un mes de descanso de por medio, de desconexión, pero que creo que nos viene bien a todos para volver con energía renovada. De hecho, me decía hace un rato el gerente del Auditorio: «Oye, cómo han sonado los vientos..., ¿no?». Teníamos ganas de regresar, y eso se nota.

¿Cuánto tiempo llevan preparando esta vuelta?

Pues mira, hay gente del equipo técnico, directivo y administrativo desde agosto, y los músicos hoy [martes] hemos comenzado a ensayar juntos la sinfonía. Pero bueno, indudablemente un instrumentista no llega al atril, se sienta y se pone a tocar; una partitura requiere muchas horas de estudio previo, o sea que todos llevamos varios días preparando este concierto. No obstante, a nivel particular, te confieso que yo he necesitado no abrir una sola partitura en tres semanas..., e imagino que el resto de compañeros igual. Porque la situación que estamos viviendo es tremenda, y si ya cuando uno termina una temporada normal necesita olvidarse durante un tiempo de la Orquesta, imagínate en un año como este...Pero, como te decía: una vez pasado ese tiempo, nos ponemos las pilas; y me consta que los músicos llevan días preparándose de manera responsable.

En cualquier caso, imagino que cuando uno está ahí arriba y la música empieza a sonar, todas estas cosas (la incertidumbre y demás) desaparecen. ¿O no?

Sí; al menos yo siempre lo he vivido de esa manera: cuando me subo al escenario, a mí se me olvida todo. Y esta vez no va a ser diferente, creo. Suele decirse que para valorar realmente lo que uno tiene hace falta perderlo, aunque te aseguro que, en mi caso, yo he valorado siempre muchísimo trabajo. Lo que pasa es que, con la situación que hemos vivido estos meses atrás, esa sensación cobra otra dimensión... Desear volver con muchas más ganas si cabe, y por eso al vernos todos de nuevo en el ensayo me he emocionado.

Mucha gente en redes sociales también ha mostrado su alegría al ver que volvían... Aunque todo esto no se haya acabado aún (ni muchísimo menos), cosas así demuestran que hay esperanza.

Es que la música es imprescindible, y más en una situación así. Vivimos una situación que nunca creímos que llegaríamos a vivir, y la cultura ha dado la cara en estos días difíciles... De hecho, creo que en estos meses se ha puesto de manifiesto lo necesaria que es la cultura en general y la música en particular. No nos olvidemos del papel que jugó durante el confinamiento, cuando los músicos salían al balcón para amenizar el encierro a sus vecinos...

Entonces, sumando todas esas sensaciones, una llega al primer ensayo muy emocionada... Y cuando la música suene en directo para el público, más. Por lo que hemos pasado y seguiremos pasando. Por eso, ahora con más ganas vamos a luchar por lo que es nuestro, pero, permíteme insistir: que no se le olvide a nadie lo importante que es la música; y no solo ahora, sino de siempre y a todos los niveles (educativo, pedagógico...). Y que recuerden que la Orquesta Sinfónica de la Región no ha dejado sin música a la sociedad murciana en ningún momento, con charlas, vídeos y conciertos desde el primer día de confinamiento.

Eso le iba a decir. Porque los streamings de la Sinfónica, como decíamos, no han parado desde que finalizara la temporada...

Sí. Creemos que la gente lo necesitaba. Abonados, no abonados, público nuevo..., nos decían que les alegrábamos la noche, y esas palabras son suficiente gasolina como para seguir adelante. Mañana [por ayer, miércoles], de hecho, tenemos un nuevo MusicÖn con el primer movimiento de la Sinfonía del Nuevo Mundo, que será la que hagamos completa el viernes en el Villegas, ya con público en las butacas. Eso sí, te diré que con la novedad de que este año vamos a retransmitir este concierto inaugural por Internet, y esto lo haremos extensible además a todos los conciertos de abono del curso, conscientes de las limitaciones de aforo y para no dejar de lado a esas personas que, por diferentes motivos (ya sea porque se queden sin entradas o porque sean población de riesgo y prefieran no salir de casa), no puedan asistir presencialmente.

Por cierto, ¿cómo les afecta el hecho de tener que tocar ante un patio de butacas muy por debajo de la capacidad que alberga?

Como es un sitio tan grande -caben unas 1.800 personas-, cuando hay poquita gente en la sala es un poco desolador... Nosotros siempre nos preparamos al cien por cien, pero el ánimo no es el mismo; aunque, obviamente, los músicos somos profesionales y tocamos con la misma intensidad haya un lleno o estén cuatro. Pero esta vez es diferente, claro. Echamos tanto de menos al público en la sala y nos parecía tan raro terminar de grabar y escuchar el silencio que con que haya uno solo aplaudiendo lo vamos a valorar como si fueran mil. Dicho esto, creo (e insisto) en que hay que apoyar a la cultura, y lo digo esta vez en el sentido de que debemos ser conscientes de que el Auditorio es muy grande...

Quiero decir: creo que las limitaciones de aforo deben ser consecuentes con el espacio del que se dispone, y desde aquí pido que adapten a las medidas de cada sala. Por ejemplo, no tiene sentido que el aforo sea el mismo en el Villegas que en el Villa de Molina (con todo el cariño que le tengo a mi pueblo...). Así lo único que estamos haciendo es ahogar a la cultura.

Me da la sensación de que no está muy conforme con las medidas que se están tomando desde las administraciones en relación con el mundo de la cultura...

A ver, debo decir que nosotros siempre nos hemos sentido muy arropados por parte de la Consejería de Educación y Cultura de Esperanza Moreno. Y, por supuesto, aclarar que soy de la opinión de que hay que respetar al máximo todas las normas, especialmente las sanitarias, pero es verdad que algunas son desproporcionadas... Creo que a la hora de establecer este tipo de medidas se le debería prestar un poquito más de atención al mundo de la cultura, y no lo digo solo por nosotros. Hay mucha gente que lo pasando muy mal, que se ve asfixiada porque no se le permite tener un aforo de garantías... Recordemos que hay muchas bandas y compañías de teatro que van a taquilla, y limitaciones de aforo como estas suponen para ellos una sentencia de muerte. Se tienen que pensar un poco más las cosas... No puede ser que en un autobús la gente vaya codo con codo y que en el Auditorio Regional solo podamos meter a cien personas. En fin...

Insisto: nosotros, contentos con el apoyo de la Consejería, pero creo que se debería repensar esta medida, y no estaría mal que para ello se dejaran aconsejar por la gente que es experta en el tema... La gente del Auditorio Regional, por lo pronto, ya está luchando para ver si podemos conseguir un aforo un poquito mayor conservando las máximas garantías sanitarias para todo el mundo.

Volviendo ya a lo puramente musical, la vuelta de la Sinfónica es, como ya ha señalado, con la novena sinfonía de Antonín Dvorák, conocida popularmente como la Sinfonía del Nuevo Mundo. También tiene su aquel en un momento como éste, ¿no? Como que una pieza así cobra un significado especial en estos días de cambio...

Totalmente. Elegir esta obra para la apertura de la temporada no fue algo fortuito. Lo pensamos y todos estábamos de acuerdo en que las primeras notas que debían sonar en sala con público tenían que ser las de la Sinfonía del Nuevo Mundo, tanto por lo que significa como por lo que sugiere el título. Para nosotros simboliza el paso a una nueva realidad, y creo que debemos intentar buscar lo positivo de todo esto, pensar que, después de una situación que está siendo tremenda, quizá salgamos de esta mejores.

Por último: ¿es optimista en cuanto al futuro a corto o medio plazo de la música en vivo?

Yo siempre soy optimista. No sabemos si a corto, medio o largo plazo, pero si no miramos al futuro con alegría estamos acabados... Además, yo estoy segura de que esto va a pasar; tiene que pasar. Esta situación no se debería eternizar, y gracias a los avances que están haciendo día a día los investigadores es cuestión de tiempo que el virus desaparezca o, al menos, que podamos convivir con él de una manera normal. Volveremos a tener una vida, no exactamente igual que la de antes (porque esto va y debe marcar), pero sí muy parecida. Y la música quizá salga reforzada, ¿sabes? Por lo que te decía antes: porque creo que ahora nos agarramos a nuestra profesión con más ilusión e incluso el público tiene muchas más ganas de conciertos que antes.