Siempre se dice que mejor tarde que nunca. Y eso fue un poco lo que le pasó a Eduardo Oller (Barcelona, 1957), un informático que, solo una vez divisados los 60 en el horizonte, sintió la necesidad de retomar una pasión casi adolescente: la escritura. Algunos relatos en prensa, algún premio de ámbito regional y, en 2017, su primera novela: Estruc (Ápeiron Ediciones), protagonizada por el investigador privado Juan Ollero y un vampiro cuyo nombre da título a la obra.

Sin embargo, en su sucesor, Las seis letras (Ediciones Oblicuas, 2019), lo fantástico da paso al suspense; volantazo que ha convencido y de qué manera a los organizadores de las jornadas de literatura policíaca y de misterio Cartagena Negra. Y es que el catalán no solo asistirá como invitado, sino que es uno de los candidatos al Premio Icue Negro al mejor debut dentro del género.

P La novela negra está de moda. ¿Qué tiene el noir que engancha tanto a los lectores?

R Es difícil de saber. Quizá que, al ser negra, no se la ve venir y siempre sorprende.

P ¿Y usted, cómo llegó a este género? ¿Era aficionado antes que escritor de novela negra?

R En honor a la verdad, debo decir que yo no hago novela negra como tal; quizá policial o de suspense, pero negra azabache diría que no. En realidad, el grupo de personajes que me ha tomado por asalto, me permite jugar con situaciones y planteamientos que tal vez desde otra perspectiva no se me permitiría, o cuanto menos sería más complicado...

P ¿Un autor o libro que le haya marcado, que le hiciera seguir este camino literario?

R Más que un libro en concreto, un autor y su personaje: Conan Doyle y Sherlock Holmes.

P En la actualidad, ¿qué está tramando? ¿Anda todavía centrado en la presentación y difusión de su último trabajo (ahora le preguntaré por él) o tiene algún proyecto en el horno?

R Durante estos últimos meses he repasado la sexta novela de mi personaje, y he escrito ya un capítulo de la que debería ser la séptima (Dios y mi capacidad mediante).

P Se lo preguntaba porque hay muchos escritores que se han tirado al teclado aprovechando estos meses de cuarentena. ¿Es su caso?

R ¿Que se han tirado, o que han tirado? Lo digo porque un teclado vale un dinero... En cualquier caso, procuro escribir siempre que puedo con independencia de otras consideraciones. Creo que fue Picasso uno de los que dijo que la inspiración, si llega, es mejor que te encuentre trabajando. Ella no entiende de confinamientos u otras situaciones.

P Hablando del confinamiento y, por extensión, del covid-19 (el gran villano de este año), ¿da este 2020 para una novela negra o más bien inspiraría un libro de terror?

R De hecho, en la última historia que he escrito de este mismo personaje, la covid-19 aparece en los tres últimos capítulos. Sin embargo, la intención no es hacerlo aparecer como algo negro o villano, sino como la constatación de un hecho real y palpable: vivimos en la ilusión de que controlamos el mundo que nos rodea, pero esa es una ilusión que nada tiene que ver con la vida real.

P Volvamos a centrar el foco: Cartagena Negra. ¿Qué espera de estas jornadas?

R La asistencia a estas jornadas era algo que no me esperaba en absoluto, así que cualquier cosa que me den será bien recibida; además, como buen catalán no me planteo despreciar nada... Lo cierto es que asomarse a una ventana como esta da incluso un poco de vértigo, pero se hará lo que se pueda.

P Será protagonista de la mesa redonda 'Debutantes' junto a otros tres escritores nóveles. No obstante, cada vez son más los autores que suman a este 'movimiento'. ¿Qué opina de este boom? ¿Es peligroso (por saturación) o esperanzador (mirando al futuro)?

R Bueno, entiendo los conceptos ‘novel’ y ‘debutante’ como nuevo en esa plaza, pero si se fija uno en mi fecha de nacimiento, verá que el futuro a largo plazo igual se me escapa de las manos... En cualquier caso, los riesgos por saturación (que existen) se equilibran al final con la capacidad que el público tiene para discernir. A la corta o a la larga quedan los que de verdad tienen algo que aportar, y con eso no me refiero a que tengan que ser grandes maestros, sino a los que procuran ser honestos cuando escriben, y que no se han subido simplemente a un carro que pasaba por allí.

P Háblenos de Las seis letras. ¿Quién es Juan Ollero?

R En realidad, este personaje y todos los que le rodean, nacen en primera instancia como una pequeña broma familiar, de ahí los nombres. No obstante, como suele suceder en algunas ocasiones, a medida que cerraba capítulos me daba cuenta de que la broma tenía cierta vida propia, y de que ya no se debía únicamente a los miembros de mi familia. Juan Ollero nació siendo yo, pero cuando quise plantarme y reaccionar, se había montado un despacho y estaba cobrando por horas.

P Llama la atención el número de páginas: apenas 132. No siempre es necesario llenar medio millar de hojas para hacer una novela perfectamente cerrada, ¿no?

R No tiene por qué. De todas formas, debo reconocer que la primera versión de Las seis letras tenía unas 20 páginas menos. Ahí me di cuenta de que la broma a la que me refería en la pregunta anterior había cogido vida propia, y que ese era el momento de dejarla volar o guardarla en un cajón. Así que aunque ‘lo bueno si breve dos veces bueno’, decidí que ‘lo parco si queda cojo es más largo que un día sin pan’. La reescribí de nuevo para darle la consistencia que en ese momento le faltaba, y la eché a volar. Quizá el equilibrio entre tamaño y consistencia lo marque la propia historia.

P Por último: ¿Le recomienda a nuestros lectores una novela con la que enamorarse del género?

R Se ha escrito tanto, y tan bueno, que es difícil de decir. Evidentemente, están Doyle, Chandler y todos los demás (ahora mismo recuerdo Cinco cerditos, de Agatha Christie), pero en realidad, si por género entendemos el suspense y el misterio, hay obras de Verne, (o incluso la propia Drácula, de Bram Stoker), que si no supiésemos de antemano de qué van, nos mantendrían en vilo hasta descubrir que el protagonista era un primo de Batman.