El presidente de la Academia de Cine, Álex de la Iglesia, se arrepiente de no haber hablado antes con esta institución, aunque mantiene su decisión de dimitir porque considera que "nadie es imprescindible" y que "es bueno que se refresque el espectáculo".

"Soy una persona bastante impulsiva y me ha faltado discreción, pero quiero seguir diciendo lo que pienso y por eso dejo la Academia", ha destacado De la Iglesia tras una reunión de la junta directiva de esta institución, en la que han decidido mantener el equipo presente hasta la convocatoria de nuevas elecciones en un plazo máximo de tres meses.

La vicepresidenta primera de la Academia, Icíar Bollaín, aseguró que la junta directiva respetaba la decisión de Álex de la Iglesia pero que le habían dado "un tirón de orejas" por su procedimiento, puesto que anunció el martes que dimitiría a través de la prensa y desde entonces vertió sus declaraciones en su Twitter.

Pero tanto De la Iglesia como Bollaín insistieron en que este "lío", según la cineasta, no afectará a la XXV edición de los Goya -en la que ambos son finalistas- porque las votaciones "ya estaban casi cerradas".

"No quiero que la gala deje de ser lo que es", ha dicho el realizador vasco, quien ha presentado su dimisión por su desacuerdo con la ley Sinde, pero ha invitado a la ministra de Cultura a acudir a la ceremonia y "a pasarlo bien", tras aclarar que todavía no ha hablado con ella.

El director de "Balada triste de trompeta", que opta a quince premios en la gala que tendrá lugar el 13 de febrero en el Teatro Real de Madrid, reconoció que, pese a esta decisión tomada de manera "honesta", también siente "mucha pena" por dejar su cargo. "Han sido los mejores años de mi vida", ha concluido.