Casi 2.000 fotografías cuenta la pintora y escultora Liliana Gálvez (México D.F., 1981) que ha realizado desde el interior de su coche durante «las lluvias eternas» que caen sobre su ciudad y a las que no le ha quedado más remedio que acostumbrarse. Imágenes que ha convertido en pintura en la serie Es temporada de huracanes –una quincena de estos óleos se exhiben ahora en Murcia, en la galería Babel– con una clara intención: concienciar sobre el cambio climático.

«Esta serie nació porque buscaba algo sobre el cambio climático, que en México, al igual que en otros lugares, se siente mucho... y me empecé a acostumbrar a las lluvias eternas, a ver a través del cristal formas orgánicas que se fusionaban»; una imagen trasladada al lienzo que, para Gálvez, es «mucho más que un paisaje, porque detrás hay una explicación y un discurso social y político».

Esta mexicana, licenciada en Artes Visuales por la Facultad de Bellas Artes de Querétaro, no es demasiado optimista y sostiene que, aunque los Gobiernos están empezando ya a reaccionar ante el calentamiento global, «hay algunas cosas que ya no tendrán solución... el cambio climático avanza y cada día lo estamos viendo más». Es consciente asimismo de que con su arte no puede cambiar el mundo, aunque dice conformarse «con que sólo una persona piense en ello». «Depende de cada uno el que cambie su actitud o su opinión, pero al menos provoco la discusión», añade la artista, quien se muestra orgullosa de haber logrado, con esta serie de obras, «algo diferente a lo que hacía hasta ahora».

Obra muy variada es la que tiene a sus espaldas esta joven, quien incluso abordó en una ocasión la temática taurina para un calendario que le encargaron. «Quería hacer algo distinto, que no fuera como los carteles... Antes de pintar las obras fui a los toros, me informé y, aunque no me gustan, después de todo conseguí entender la fiesta un poco más», cuenta la creadora mexicana, quien también realiza originales esculturas: bancos en los que los chiles, el maíz o los frijoles están encapsulados en resina.

Confiesa que de pequeña siempre llenaba de dibujos sus cuadernos y asegura ser una artista «inquieta». «No encontraba algo que, después de un tiempo, no me hiciera querer pasar a otra cosa, pero creo que ahora sí lo he hallado y seguiré un tiempo con esta serie, introduciendo, por ejemplo, formas humanas...», relata.

«Yo pinto porque así hablo... Soy muy mala escribiendo y hablando, y esta es mi forma de comunicarme; es algo que me llena. Vivo por eso y para eso», declara Liliana Gálvez, quien recuerda que, en un principio, pensó que no podría vivir del arte, algo que finalmente ha logrado y de lo que se siente orgullosa.

Esta es la primera vez que la joven artista mexicana expone en España, a la que no duda que volverá, y está convencida asimismo de que «de este viaje algo saldrá» para sus siguientes obras.