Muleño de nacimiento y miembro de una familia numerosa de gran vocación religiosa, Matías Egea Guillén desarrolló su labor como sacerdote en el barrio cartagenero de Los Dolores durante más de cincuenta años. "Llegó aquí en 1965 después de haber estado en Beniaján, San Antolín, Santomera, Santa Eulalia, Roldán y en la pedanía lorquina de La Paca. La iglesia de Nuestra Señora de Los Dolores se había quedado pequeña y, en cuanto el Obispado autorizó una segunda parroquia, se puso a trabajar para construir la iglesia del Cristo de la Salud", señaló Pedro Luis Tortosa, actual párroco de la iglesia.

Padrino en su primera eucaristía, compañero en el seminario de San Fulgencio de Murcia y amigo desde entonces, Juan Fernández Marín, sacerdote y colaborador de LA OPINIÓN, recordó que en aquellos años "celebraba la misa donde le dejaban, en bajos y en garajes. Cuando estuve en las misiones en Ecuador me escribía diciéndome la envidia que le daba, pero él estaba muy comprometido con los proyectos que tenía en Los Dolores".

Gran amor por los demás

Además de la parroquia del Cristo de la Salud, más tarde creó la de San Cristóbal y puso la primera piedra del centro San Pablo de Cáritas, un espacio donde los niños reciben clases de apoyo y disponen de un servicio de comedor. "Empezó durante el verano para evitar que los niños marginados acabasen en el tutelar de menores cuando llegaban las vacaciones. Ahora funciona todo el año, de lunes a jueves", asevera Mari Trini Rosique, quien destacó "el gran amor por los más necesitados que tenía don Matías Egea y su afán por proteger la dignidad de la persona y su autoestima".

Gran aficionado al fútbol, Matías fue socio de honor de la peña madridista de Los Dolores y recibió el premio Dolorense en 2003, recordó el presidente vecinal,Fulgencio Bernal. "Cuando era joven su madre le tuvo que coser en más de una ocasión la sotana porque la rompía jugando al fútbol con los jóvenes", prosigue su amigo Juan Fernández, que certifica la generosidad de Matías, así como su vocación entusiasta, su compromiso con el Evangelio y su don para la amistad. "Además, seguía al pie de la letra aquello de que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda".

Gran aficionado a la música, sabía tocar el piano y promovió la creación del coro parroquial. "En su funeral lo despedimos cantando. No hubo flores porque él ya había dicho que no las quería, que invirtiéramos el dinero de la colecta en el Centro San Pablo de Cáritas", señaló Salvador Ojaos, uno de sus feligreses y mayordomo de culto de la cofradía del Resucitado de Cartagena. Colaborador y catequista en la parroquia de don Matías, subrayó su gran humanidad y su capacidad para enganchar a la gente. "Logró crear un gran movimiento juvenil cristiano y son muchas las parejas que hicieron los cursillos prematrimoniales en su parroquia", dijo.

El obispo de la diócesis de Cartagena, José Manuel Lorca, ofició el funeral de Matías, al que acudieron decenas de amigos y feligreses. Matías falleció el sábado, 19 de junio, en Cartagena, a los 81 años. Tras la misa su cuerpo fue incinerado como era su deseo.

Matías Egea Guillén. Nacido en Mula (Murcia) en 1929, falleció en Cartagena, a los 81 años.