Nélida Piñón, premio Príncipe de las Letras 2005, es una escritora que no necesita que su pluma hable por ella. A pesar de que sus obras han sido publicadas en más de 20 países y traducidas a 10 idiomas, reconoce que aún le encanta que "el lector ponga a prueba al escritor" en encuentros, bienales o en citas como la que le trajo ayer a Murcia, la XXVV edición de la Feria Regional de Libro, donde firmó ejemplares de su última obra, 'Corazón andariego', una recopilación de memorias y recuerdos de la agitada vida de la novelista.

Nieta de emigrantes gallegos, afirmó que le encanta estar en España. Divertida, recordó que "de pequeña oía hablar mucho de Europa y pensaba que era un barrio que estaba al lado de Copacabana", en Río de Janeiro, donde nació hace 72 años. Nunca ha dejado de lado sus raíces y se siente feliz si puede "tocar el corazón de mis orígenes con la literatura".

Nacer en América Latina la ha marcado, y ser una de las escritoras más prolíficas y reconocidas de su país, también. "Brasil ha tenido genios excepcionales de la literatura, pero somos los grandes desconocidos", indicó.

A pesar de que su educación fue excepcional, impregnada de leyendas brasileñas y mecida entre el cristianismo y el protestantismo, considera "una bendición ser mestiza". Por ello, reivindicó un diálogo más "fluido y permanente" entre América Latina y Europa para que cada uno de estos territorios "pueda llegar a alcanzar una conciencia y una visión más clara de sí mismos".

Así, la autora de 'La República de los sueños', la que considera su mejor obra, explicó que sólo cuando viajó a Europa e hizo el viaje hacia el otro lado, tuvo "una visión más clara" de su identidad.

Por otra parte, reconoció sentirse "desencantada" con los políticos, a los que calificó como "antropofágicos" y con una "avidez por sus causas personales que avergüenza", por lo que señaló que "o cambian ellos, o los cambiamos nosotros". En cuanto al retraso socioeconómico de América Latina dijo que "nadie es inocente" y lamentó que "no haya una ONG que mejore la vida política" de estos países. Para la escritora, que fue la primera mujer que presidió la Academia de las Letras de Brasil en 1996, "la cultura es garantía de solidez democrática". Acérrima defensora de la belleza, la educación y la cultura de su país, Piñón es una escritora laureada, pero aún tiene los pies en el suelo y no duda en marcar distancias con el éxito y la prosperidad.