La alarma se desató tras conocerse que alumnos de un colegio de Turín (norte) pegaron a un compañero con el síndrome de down mientras otros grababan el episodio. Después difundieron las imágenes por internet y las presentaron como "vídeo divertido".

Los cuatro autores materiales de la fechoría fueron expulsados del colegio y toda la clase -en la grabación se ve a compañeros que ríen mientras el alumno es vejado- ha sido suspendida quince días.

Tras ese hecho se conoció que en Nápoles (sur) fueron arrestados esta semana tres jóvenes de 14, 15 y 16 años acusados de violencia sexual sobre una menor. Fueron descubiertos por el vídeo que grabaron de la violación.

Lo mismo ocurrió en Torrette, en la adriática provincia de Ancona, donde un grupo de jóvenes de entre 14 y 17 años abusaron de una amiga de 13, mientras otro grababa la escena con un teléfono móvil. La filmación la pasaron después por internet y por correo electrónico entre los estudiantes de la escuela.

En Reggio Calabria (sur), cuatro estudiantes de entre 14 y 15 años fueron arrestados este fin de semana acusados de haber violado a una niña de 12 años. Fueron localizados debido a que iban contando la fechoría en la escuela entre los compañeros, vanagloriándose.

La gota que ha colmado el vaso fue la emisión ayer por televisión de otros vídeos grabados en las escuelas y difundidos por internet.

En uno de ellos se ve a un estudiante que apunta con una pistola falsa a la cabeza del profesor, mientras que otros muestran a varios alumnos destrozando los pupitres de la clase, a un alumno insultando a un profesor y tirándole bolas de papel y a un muchacho arrojando una llamarada tras aplicar fuego a un recipiente inflamable.

No han sido los únicos casos. Una madre de Livorno (norte) descubrió como su hija de 12 años y otros amigos, todos de familias bien, se dedicaban a pasar el rato grabando películas pornográficas en las que los actores eran ellos mismos y después se las enviaban por los móviles.

Las reacciones tras el escándalo han sido muchas: numerosas grabaciones de este tipo han desaparecido ya de internet y muchos internautas han pedido que los violentos sean expulsados de los colegios, pero también hay comentarios de jóvenes que acusan a los profesores de inútiles y que se sienten orgullosos de los gamberros.

Ante esta situación, el Gobierno ha decidido tomar cartas en el asunto, mientras la Justicia ha dictaminado, en un caso de cinco menores acusados de haber violado a una niña de 11 años, que los padres tienen que responder de los daños causados por los hijos.

El ministro de Justicia, Clemente Mastella, ha anunciado la creación de una mesa, de la que forme parte la oposición, para buscar una salida a este problema social.

Mastella considera que hay que eliminar todo lo que desencadena violencia, incluidos los videojuegos.

El ministro de Educación, Giuseppe Fiorini, ha pedido un "esfuerzo" a las escuelas, y se pregunta que como es posible que una clase, un instituto "no vea y no oiga".

Según el sociólogo Pietro Zocconali más que la escuela son los padres los que no ven y no oyen lo suficiente, mientras el psiquiatra Giovanni Bollea considera que la familia puede hacer mucho, pero no todo, ya que los jóvenes pueden encontrar elementos que le lleven a la violencia.

Bollea se mostró convencido de que los padres tienen que saber lo que hacen sus hijos, conocer a sus amistades, así como apreciar la escuela y no considerarla sólo como un lugar que dará un diploma a sus hijos.

El colegio puede observar a los adolescentes, pero no existe una relación auténtica entre profesores y familia, según Bollea, para quien internet es un problema serio.

Con la red los muchachos viven en el mundo como los adultos y ven la maldad, pero "internet no enseña emociones ni como se debe pensar".

Según datos que publican hoy los medios italianos, el 33 por ciento de los alumnos han sido víctimas de episodios de gamberrismo y que aunque la mayor parte de los muchachos lo condena, el 18 por ciento piensa que mejor es ser prepotente que sufrirlos.