Según el diario, científicos de la Universidad del sur de California, entre ellos el gerontólogo biomédico Valter Longo, han logrado manipular el gen responsable del ritmo de envejecimiento de los seres vivos.

El experimento se efectuó en seres monocelulares, a los que se extrajeron dos genes clave, Sir2 y SCH9, este último encargado de transformar los nutrientes en energía.

Los científicos forzaron a las células a alcanzar un estado "de extrema supervivencia" al negarles acceso a los alimentos, explica el rotativo.

En lugar de crecer rápidamente y mostrar signos de envejecimiento, los organismos se hicieron más fuertes y fueron más capaces de reparar los defectos genéticos que aparecen con la edad, y que a menudo desembocan en cáncer.

"Con esta manipulación genética se logra uno de los mayores promedios de vida jamás descrito", mantiene el profesor Longo.

"Tenemos razones para creer que este efecto se reproduce en otros organismos -agrega-. Ahora trabamos con células de ratones y humanas para ver si se da la misma respuesta".

Investigaciones anteriores demostraron que una restricción de la dieta puede retrasar la vejez en un 40 por ciento en moscas, gusanos y ratones, que adecúan el organismo para detener el crecimiento y el envejecimiento, aunque esto va en detrimento de la capacidad reproductiva.

Los científicos investigan ahora tratamientos que puedan retrasar el proceso de envejecimiento sin necesidad de reducir la ingestión de alimentos, señala "The Guardian".

"No estamos lejos de empezar a pensar en desarrollar fármacos capaces de poner al ser humano en un estado de antienvejecimiento", asegura Longo en el periódico.

"Eso no quiere decir que vayamos a vivir seis veces más, sino que podremos ralentizar el daño genético que acumulamos con la edad, lo que podría protegernos del cáncer", añade.