"Estoy divinamente", confesaba recientemente sobre su estado de salud Carmina, quien lucía con buen humor los kilos de más que había cogido últimamente.

En los últimos tiempos su salud y aspecto físico sufrió un gran deterioro que la llevó a ingresar en el 2002 "de forma voluntaria" en la madrileña clínica de San Miguel, de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón, en un intento por superar su adicción a los somníferos, de los que -según sus palabras- estuvo dependiendo durante todos estos pasados años.

A comienzos de 2004 volvió a ingresar en una clínica de Barcelona, acompañada de su hijo Julián, "para iniciar un nuevo tratamiento contra su adicción a los somníferos". En la actualidad, continuaba con tratamiento ambulatorio, pero muy mejorada gracias al apoyo constante de familiares y amigos.

La noche, las malas compañías y el desamor la desestabilizaron en todos los terrenos. Aunque su hijo pequeño, Julián, siempre estaba muy pendiente de ella. Carmina Ordóñez confesaba estar bien pero nadie podía asegurar que estuviera libre de una recaída. No obstante, parecía estar en un momento 'dulce' y se la veía feliz.