Fiel al estilo más folclórico de Bob Dylan, con la camiseta de aquel y provisto de un cinturón de armónicas y guitarra acústica, León Gieco levantó a la Argentina y, también a España, en el concierto que ofreció el miércoles en Cartagena.

Se estrenó con una versión de 'Blowing in the win' de Dylan y siguió con temas locales de la cultura popular argentina henchidos de hippysmo y repletos de mensajes de libertad y paz, más allá de toda ideología.

El público, -que abarrotó el Patio de Armas, en pie, con los brazos en alto y envuelto entre los blancos y azules de la bandera de Argentina-, era suyo. "Si no fuera por mis queridos ilegales, no estaría aquí", dijo León. Uruguay, Colombia, Chiapas (...), todos los rincones de la tierra tuvieron su espacio en la voz de este embajador de la Argentina.

Gieco intercaló la canción protesta con temas como 'Madres de Amor', en honor a las madres de la Plaza de Mayo y a las de las torres de Nueva York "que también llevan pañuelos blancos, igual que ya se ven cacerolazos en Madrid", explicó. Más tarde reincidió con un aleluya 'Madres', cantó rancheras y hasta un rock rappero con 'Ojo con los Orozco' haciendo una onomatopeya con la 'o'.

Alternó lo acústico y lo eléctrico durante casi tres horas, arriesgándose incluso a la 'tomatina', -por aquello del descanso vecinal-. Ya rozando el final compartió al público con los requiebros rockeros de Charly García, -quien actuó ayer en el Parque Torres-, interpretando 'El fantasma de Canterville'. León le agradeció su intervención dedicándoles 'Los salieres de Charly'.

Más allá de su voz llena de registros, agudos y graves, el argentino es una leyenda viva, un símbolo que arrastra a sus paisanos acompañado de guitarras acústicas, mandolina, teclados y percusión. León dijo adiós con 'Sólo le pido a Dios', himno a la paz que le la hecho traspasar fronteras y que cantó junto a Miguel Ríos.