El hombre conocido como "el mejor actor de todos los tiempos", Marlon Brando, falleció hacia la medianoche del pasado jueves en un hospital de Los Ángeles a los 80 años de edad, según confirmó ayer viernes su abogado. En su prolongada carrera como actor, algunos de sus trabajos más conocidos fueron 'El Padrino' o 'La ley del silencio', por los que consiguió un Oscar. Los rumores de la muerte de Brando despertaron ayer a Hollywood, aunque las primeras informaciones no pudieron ser confirmadas. Brando tenía su residencia en Los Ángeles, en una mansión situada puerta con puerta con la de Jack Nicholson, si bien llevaba un estilo de vida ermitaño y no acostumbraba a aparecer en público.

Por el momento se desconocen todos los detalles sobre su muerte, incluida la causa de su fallecimiento, aunque el actor sufría problemas de salud relacionados con su excesivo peso. El maestro del "método" y modelo de todos los que se dedican a esta profesión atravesaba los peores momentos de su carrera. Según una biografía publicada esta semana, 'Brando in the Twilight', el intérprete de 'Apocalypse Now' le debía al banco más de 20 millones de dólares.

Según la misma biografía, el intérprete estaba viviendo de su pensión como actor y había tenido que dejar su mansión por una habitación solitaria porque era lo único que podía pagar.

Al parecer su ruina económica sobrevino tras pagar la defensa legal de su hijo Christian, que en 1991 fue condenado a cinco años de cárcel por asesinar al novio de su hermanastra y que acabó suicidándose en enero de 1996. Además, Marlon Brando tenía que pagar el apoyo económico a los tres hijos que tuvo con su asistenta Cristina Ruíz.

Marlon Brando, cuya imagen como padrino mafioso, esquirol portuario, pandillero motorista o coronel enloquecido han marcado la historia del cine, nació en Omaha, en el estado norteamericano de Nebraska, el 3 de abril de 1924. Abandonó los estudios secundarios y posteriormente la academia militar para dedicarse a la vida bohemia en Nueva York, y a los 19 años estudió arte dramático en la escuela de Stella Adler.

Con 20 años de edad debutó en los teatros de Broadway, al tiempo que trabajaba en el famoso Actor's Studio de Elia Kazan y Lee Strasberg. Su primer éxito teatral tuvo lugar con la obra 'Un tranvía llamado deseo', de Tennessee Williams, llevada al cine en 1951 por Kazan en la que fue la segunda película de Brando y la primera en la que su interpretación dejó boquiabiertos a crítica y público, sobre todo al femenino, dada la intensa sexualidad que imprimió a un personaje que convirtió al actor en símbolo erótico de la época.

Su debut en el cine había llegado un año antes, después de rechazar varios papeles, había sido con la película 'Hombres', a las órdenes de otro grande del cine, Fred Zinnemann. En pocos años se convirtió en un mito. En 1952 recibió el premio a la mejor interpretación en el Festival de Cannes por 'Viva Zapata', en la que encarnaba al revolucionario mexicano, de nuevo bajo la dirección de Kazan, que en 1954 le procuró su primer Oscar por su actuación en 'La ley del silencio'.

El segundo Oscar tardaría casi veinte años en llegar, hasta que lo obtuvo por otro papel no menos memorable, el de Vito Corleone en 'El padrino' (1972), obra maestra de Francis Ford Coppola. Sin embargo, en la ceremonia de entrega del premio, Brando protagonizó una de las anécdotas que han hecho historia en Hollywood, al rechazar la estatuilla y enviar en su lugar a una joven vestida de india norteamericana que leyó un comunicado en protesta por la situación de esas tribus en Estados Unidos.

De sus numerosas películas, entre las que figuran algunas de las más destacadas de la historia del cine, resaltan 'Julio César' (1953), de Joseph Leo Mankiewicz; 'El baile de los malditos' (1958), de Edward Dmytryk; 'La jauría humana' (1966), de Arthur Penn; 'La condesa de Hong Kong', de Charles Chaplin, y 'Queimada (1969), de Gillo Pontecorvo.

Después de esa cinta, su popularidad entró en declive y, de hecho, no intervino en ninguna otra durante los siguientes tres años. Sin embargo, su regreso fue arrollador y 1972 se convirtió en su "año prodigioso", en el que sentó cátedra con su patriarca mafioso de 'El padrino' y su existencialista personaje entregado a la lujuria y la autodestrucción en 'El último tango en París', de Bernardo Bertolucci.

A partir de entonces, su carrera entró en un definitivo bucle de altibajos que incluyó desde trabajos puramente comerciales como 'Supermán' (1978), de Richard Donner, hasta una obra maestra de la talla de 'Apocalypse Now', de nuevo con Coppola, en la que encarnó a un atormentado coronel Kurtz al que erigió en símbolo de la irracionalidad de la guerra.

Después de esa película, estrenada en 1979, y de 'La fórmula' (1980), de John Avildsen, entró en otro largo periodo de alejamiento del cine, que duraría hasta 1989, cuando regresó a la gran pantalla en 'Una árida estación blanca', de Euzhan Palcy.

Para esta cinta, basada en una novela del sudafricano André Brink y que trataba el problema del racismo, Brando tuvo que adelgazar cerca de cincuenta kilos, aunque en compensación, fue candidato al Oscar al mejor actor secundario por su interpretación de un abogado.

Sin embargo, sus días de gloria estaban ya lejanos, a juicio de la crítica, situación en la que pudo influir su propia tragedia personal, la que marcó el final de su vida, protagonizada por Christian, uno de sus nueve hijos, cuatro de ellos habidos fuera de sus tres matrimonios, todos los cuales acabaron en anulación o divorcio. El 28 de febrero de 1991 asistió a la condena de su hijo Christian a diez años de prisión en Santa Mónica, en el estado norteamericano de California, por el asesinato del novio de su hermanastra Cheyenne.

Último papel trágico