04 de diciembre de 2020
04.12.2020
La Opinión de Murcia
Teatro

Un Cicerón del siglo XXI toma las tablas del Romea

José María Pou regresa a la Región en la piel del intelectual romano y bajo la dirección de Mario Gas, que dirige un texto de Ernesto Caballero

03.12.2020 | 20:44
Un Cicerón del siglo XXI toma las tablas del Romea

Rescatar del pasado respuestas a los males presentes es la propuesta que plantea el dramaturgo Ernesto Caballero en Viejo amigo Cicerón, un montaje que regresa a la Región –esta vez al Teatro Romea de Murcia– bajo la dirección de Mario Gas y con un elenco encabezado por José María Pou; o, lo que es lo mismo: un tridente de altura para la escena teatral española.

El Cicerón en el que ha trabajado Pou aborda asuntos tan candentes como el conflicto catalán sin más pretensión que la de suscitar el debate cívico a partir de las enseñanzas del político y jurista, aún válidas en nuestro tiempo. ¿Están las leyes por encima de cualquier poder? ¿Y si la ley es injusta?, ¿debe ser modificadas democráticamente? ¿Está justificada la rebelión en pro de los derechos y la felicidad del hombre?

De esta forma, el montaje demuestra que no hay grandes diferencias entre aquel mundo antiguo y el presente. El último defensor de la República Romana bien podría considerarse un intelectual contemporáneo, ya que sigue siendo una figura interesante en cuanto que encarna el eterno conflicto entre razón y poder, el debate entre «togas y espadas» que ha perdurado hasta nuestros días. Por eso en este clásico no hay túnicas: su autor ha traspasado las barreras de una época lejana y extraído la universal y atemporal potencia de Cicerón para dibujar al antiguo personaje en la figura de un hombre del siglo XXI.

Pou, que ya encarnó a Sócrates hace unos años, repite así como filósofo bajo la piel de un hombre íntegro que mantuvo sus ideales políticos hasta las últimas consecuencias y que entendía el comportamiento moral como forma de ser en el mundo. Pero también un hombre humano que dudaba de sus propias convicciones, según explica Mario Gas, algo excepcional entonces y ahora, cuando los dirigentes políticos «carecen de ideología» y el compromiso y posicionamiento se estiman «anticuados». Y es que este Cicerón, que se sabe imperfecto, da cuenta de sus errores, reconoce sus decisiones equivocadas y confiesa haber sido soberbio, tiene mucho que decir a la clase política de hoy: «No necesitamos héroes, sino encontrar a los mejores para que nos representen», señala del director.

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