04 de noviembre de 2019
04.11.2019
La Opinión de Murcia
Cartagena Jazz Festival

Dorantes + Benavent, di Geraldo y Pardo: el arte del trío

El Cartagena Jazz Festival recibió el sábado el virtuosismo del pianista lebrijano y a El Trío estrenando su nuevo disco, 'Flamenco leaks'

04.11.2019 | 04:00
Jorge Pardo a la flauta, Benavent al bajo y Di Geraldo a la batería, forman El Trío.

Tras la belleza de la apertura del viernes con el concierto de Omara Portuondo, el Cartagena Jazz Festival disfrutó el sábado de una noche de jazz flamenco con Dorantes y la puesta de largo de Flamenco leaks, el nuevo disco de El Trío: Jorge Pardo, Carles Benavent y Tino Di Geraldo.

David Peña Dorantes es uno de los más grandes pianistas flamencos que ha dado la historia de este instrumento. Tuvo la osadía de introducir el piano en el mundo del flamenco sin traicionar las raíces. Por eso, desde que se abrió el telón y el pianista lebrijano tocó los primeros acordes de una rondeña, en el patio de butacas se comenzaron a escuchar improvisados vítores fruto del entusiasmo, y consecuencia de la genialidad de una propuesta musicalmente exquisita. Dorantes demostró así, una vez más, su enorme capacidad creativa y su dominio del instrumento, dejando que sus manos recorrieran frenéticamente las teclas para dejar salir las melodías más inspiradoras y envolviendo de sensibilidad y flamencura cada pieza.

El concierto, alentador, gustó por la indiscutible maestría de Dorantes, y el continuo intercambio de papeles permitió que el siempre preciso percusionista acentuara los versos que el piano pronunciaba, o éste parecía responder a las preguntas que lanzaba el contrabajo.

Dorantes transmitía algo sobrenatural, espectacular, íntimamente ligado con el espíritu, con la emoción y con lo más profundo. Su enorme fuerza interpretativa y sensibilidad favorecían la unidad del discurso con agilísimas coloraturas para una noche de arte sublime, y despertaron la euforia en el público.

Abrió Dorantes solo, arrancando a las tripas de su piano melodías que anunciaban un torrente emocional. La breve introducción sirvió para que se incorporaran contrabajo y batería y se creara el ambiente que se mantuvo hasta el final. Siguió La danza de las sombras, y Dorantes, cambiando de compás como quien cambia de camisa, saca una marcha de Semana Santa, Cristo errante, que interpreta rozando la excelencia. Tiene profundidad y gusto, y duele. El personal gozaba de esos alardes de gran virtuosismo y sobrada capacidad para exhibirlo; de manera ininterrumpida daba una gran lección en la continuidad de una línea melódica llevada con un cuidado y tenue rubato, sin que por ello evitara que la propuesta sonara sutil, incluso melancólica, como sucedió en Barejones, que rinde homenaje a Lebrija y al barrio que lo vio crecer.

Aunque sonaron piezas más cercanas al jazz, el virtuosismo clásico y el linaje jondo marcan la diferencia. En cualquier caso, nunca una rondeña, ni nada de lo que tocan juntos Dorantes y sus muchachos suena igual. Según la arquitectura de cada pieza, el contrabajo decía la melodía, y el piano se hacía guitarra para acompañarlo, o viceversa, en un juego muy sutil. De repertorio, nuevas versiones de temas suyos como Orobroy –uno de los más emblemáticos– y Semblanzas de un río (del álbum Orobroy); Caravana de los zincalís, La danza de las sombras y Batir de alas (del álbum Sur), reminiscente de algún preludio de Debussy, que dedicó a su madre nuevamente solo; Sin muros ni candados y Errante (del álbum ¡Sin muros!). Tangos y bulerías caracterizados por la exuberancia rítmica y el lirismo melódico de su piano. Al frenesí sucedía el lirismo de manera natural.

En cuanto a los dos músicos que acompañaban a Dorantes, Javier Moreno es un contrabajista de toque firme, seguro, de sonido redondo, que mostró sabiduría, profesionalidad, muy buena improvisación y mucha interactuación y complicidad con sus dos compañeros. Isidro Suárez fue el encargado de las percusiones –se estrenaba sustituyendo a Javier Ruibal, realizando un trabajo muy rico tanto en sonoridad como en técnica–. El arte del trío, según Dorantes. Es larga la tradición del trío de jazz, desde Oscar Peterson hasta Brad Mehldau y Bill Evans. Y en este concierto se pudo encontrar la seguridad rítmica y el swing del primero, la paleta dinámica y la delicadeza melódica del segundo, la sensibilidad armónica y el sentido del color del tercero. Con este conciertazo ya nos podíamos ir satisfechos. Dorantes es un creador original y, aunque se vende caro, existe el duende del flamenco.


Los tres por bulerías

Tras el pianista lebrijano llegó El Trío: Benavent, di Geraldo y Pardo, estrenando su nuevo disco, Flamenco leaks. Veinte años han pasado desde la grabación en directo de El concierto de Sevilla, disco de referencia para los amantes tanto del jazz como del flamenco. El concierto era una apuesta segura y lo hicieron bonito. El público aplaudió a rabiar al son de los tres maestros, que han tocado con Paco de Lucía, Chick Corea, Miles Davis€ Benavent y Jorge Pardo son músicos muy versados en este maridaje de jazz y flamenco. Tras interesantísimas aventuras de ambos, se les sumó Tino Di Geraldo y se dio forma al magistral trío. Desde su batería, Di Geraldo se encarga de las interjecciones; los colores y los fragmentos melódicos quedan al cuidado de Pardo y Benavent, para seguir maravillando a la afición con unas escalas flamencas saludablemente contagiadas de aires mediterráneos y rumbas.

El Trío embarcó a los presentes en un viaje musical de calma y naturalidad en el que demostraron su virtuosismo y su grandísimo nivel a través de solos que provocaban fascinación. Jorge Pardo, por su parte, dejó interpretaciones individuales con la flauta que quedarán grabadas en la memoria. Por bulerías, por tangos o por cualquier otro registro que suene –aunque no se atengan a un concreto estilo flamenco–, lo que oímos, con toda su brillantez, calidad y empaste de grupo de jazz bien acoplado, nos sonó a jondo. Las piezas se ensamblaban sobre la marcha, iban y volvían del flamenco a otros géneros. Era caos y orden al mismo tiempo, encuentro y dispersión al mismo compás; cada noche es única, Carles Benavent como un Pastorius flamenco, Tino di Geraldo creando estructuras rítmicas evolucionadoras, y Jorge Pardo con sus sonidos de flamenco le sigue arrancando las notas al tiempo, las hace suyas, las transforma. Impresionantes las improvisaciones, los mano a mano, la flauta travesera, el saxo y las palmas; y siempre aparece la melodía, aterciopelada y voluptuosa.

Tras Leyendas, con la que iniciaron el recital, Pardo dio un poco de información: "Hemos hecho improvisaciones de Camarón, Chick Corea, Paco de Lucía, de Tino y Carles también". La cita continuó a dúo bajo-batería destilando swing fusión en Bluestorius (un homenaje a Jaco Pastorius con guiños al Salt peanuts), con los alardes virtuosos en corto de Benavent y su bajo gomoso de cinco cuerdas, pero la magia comienza cuando la flauta travesera de Pardo empieza a sonar. "Y ahora hacemos un corte", anunció Benavent, retirándose todos del escenario, tras lo cual salió Pardo tocando la flauta por Falla. Dio la sensación de no haber tenido suficiente tiempo de preparar este estreno, pero cuando los tres tocan por bulerías se olvidan las imperfecciones y se reúnen los duendes del flamenco. Esta gente abre el corazón.

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