25 de septiembre de 2019
25.09.2019
La Opinión de Murcia
Exposición

La patria de Juan Carlos Caval y Sofía Tornero

El murciano y la abaranera reinauguran la sala de exposiciones del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales con una muestra doble de fotografía y escultura centrada en la 'instantaneidad' de su proceso creativo

25.09.2019 | 04:00
Sofía Tornero y Juan Carlos Caval posan durante la inauguración.

Ubi bene, ibi patria, o algo así como que tu patria está en donde te encuentras a gusto. Pero, ojo, porque aquí nadie ha hablado de territorios, o al menos no de los físicos (países, regiones o lo que proceda, según el caso); solo del lugar al que, de alguna manera, perteneces. ¿Nunca han tenido esa sensación, aquello de estar –puede que mentalmente– en el sitio en el que se supone que debes estar? Si es que sí, empatizarán con esta muestra (Ubi bene, ibi patria, inaugurada este lunes en el Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales de Murcia), y si es que no, quizá las obras que en ella muestran Juan Carlos Caval y Sofía Tornero les ayuden a entender a lo que se refieren estas líneas. Porque para ellos, su patria, es la fotografía y la escultura, respectivamente, y eso se nota.

«Cuando no es por una cosa es por otra: si no es por trabajo es porque tengo que hacer algo para algún amigo, pero al final siempre llevo la cámara encima», reconoce Caval, fotoperiodista de dilatada trayectoria –actualmente en LA OPINIÓN– y, como demuestra en esta exposición a cuatro manos, retratista de lo absurdo. «Llevar la máquina conmigo 24 horas al día me permite pillar estas cosas, que es verdad que a veces son muy raras... Pero es que la vida es rara», apunta el murciano sobre esta colección de imágenes, algunas ya expuestas y otras inéditas, aunque en ocasiones anticipadas a golpe de posts en Facebook o Instagram: «Para esta 'expo' he seleccionado fotos que he hecho en los últimos 20 años y que, bueno, me apetecía que vieran mis amigos –apunta entre risas–, aunque es verdad que soy bastante activo en redes y... Quizá no debería hacerlo tanto, pero quiero creer que esto es un poco como la música, que aunque tengas el disco en casa también te gusta ver el directo».

Desde luego, el formato y la calidad de las impresiones ayudan a apreciar el 'superpoder' del que Caval hace gala en Ubi bene, ibi patria: su capacidad para encontrar la ironía de nuestra realidad; ironía casi siempre efímera, fugaz, imperceptible a veces, pero que él convierte para el espectador en algo eterno. Inconsciente camuflaje urbano, surrealismo atropellado, un contraste inesperado, metáforas publicitarias... Poco o nada se escapa al ojo del artista, que deambula por las calles con su cámara como el bandido que en el salvaje oeste no podía permitirse el lujo de enfundar su revólver, observando el mundo que le rodea casi de manera exclusiva a través de su objetivo; es más, pensándolo bien, casi merecería más la pena graduar las lentes de su Canon que las de sus Ray-Ban...

De hecho, es aquí donde se encuentra la «magia» de esta muestra que, recordemos, es doble. La conexión entre la obra de Caval y la de Tornero no es tanto temática, como de método; pues, de la misma forma en que el fotógrafo camina con uno o los dos ojos puestos en su próxima fotografía –sin saber muy bien cómo o cuándo aparecerá ésta ante su cámara–, la escultora abaranera 'busca' en el campo, en la ciudad o incluso en la basura su nueva obra. «Rescato elementos naturales y artificiales que son desechados por el hombre y que en ocasiones deteriora nuestro entorno, y los incorporo –por su pasado, por su textura, por su color o por su funcionalidad– a la obra de arte como con una barita mágica», apunta la otra mitad de Ubi bene, ibi patria, que ha servido para reinaugurar la sala 'Ingeniera María Mercedes de Andrés Garzarán', en honor a la primera colegiada activa en los registros del Colegio de Ingenieros Técnicos Industriales.

La inmediatez, instantaneidad si lo prefieren, sirve así de hilo conductor entre las piezas de Caval y Tornero, pero mientras el primero –no exento de crítica– apuesta por sacar una media sonrisa al visitante con sus fotografías, la escultora presenta un alegato frontal contra el proceso de «autodestrucción» que ha iniciado el ser humano en su constante desprecio al medio ambiente. Es el caso de obras como En el mal menor, en la que la artista muestra a un personaje nadando a la deriva en un mar de plástico, pero también de otras en las que Tornero, por ejemplo, denuncia el avance imparable de lo que ella llama «la cultura del envases». Eso sí, también hay esculturas en las que abordo temas no relacionados con la ecología –siempre y cuando obviemos que casi siempre trabaja con materiales reciclados, claro–, como Libro de artista, «que muestra a ese creador desamparado y con la necesidad de unos estatutos que regulen su actividad profesional», explica.

En resumen, Ubi bene, ibi patria muestra a dos artistas con un estilo propio; dos amigos que, cada uno en su formato, han sabido encontrar un lenguaje único, personal y de potente mensaje. Pero, sobre todo, muestra a dos creadores que, más allá del lugar en el actúen o el espacio en el expongan, cuando agarran sus herramientas, son libres para ser ellos mismos, para expresarse en su idioma; dos ciudadanos que han encontrado, en la fotografía y la escultura, respectivamente, su verdadera patria.

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