21 de julio de 2019
21.07.2019
Jazz San Javier

El magisterio de Steve Gadd en San Javier

El festival cierra un sábado con la lección de jazz limpio del baterista y con la sensualidad de la argentina Karen Souza

21.07.2019 | 19:59
Steve Gadd y su banda, durante su actuación en San Javier.

Al atardecer arrancó esta nueva jornada del Jazz San Javier con la presencia de la voz grave y sensual de la cantante argentina Karen Souza, que se ha hecho célebre gracias a sus versiones en clave jazz de canciones famosas del pop y del rock, como Creep de Radiohead, aunque también ha grabado composiciones propias y standards de jazz.

Tras dar muchas vueltas, en el jazz y la bossanova ha encontrado Karen Souza su zona de confort, en esa posibilidad que ofrece de mezclarlo todo. Sus versiones, esas adaptaciones aparecidas en Jazz and 80s con continuidad en discos similares, no son los únicos temas de su repertorio, que interpretó con una presencia magnética. De hecho, con París, un tema propio de Hotel Souza, empezó prometedoramente su show, que a esas horas, con el sol todavía alto, se habría disfrutado más al borde de una piscina tomando cócteles.

Miss 'Cover' Souza es argentina, pero canta como si fuera una norteamericana criada en Nueva Orleans. Su suave revival decadente, unido a su manera un tanto retro de peinarse y vestirse –muy film noir y un punto Gilda–, te traslada a esos clubes que muestra David Lynch en sus películas.

Las interpretaciones se iban sucediendo una tras otra, con una extraña y atrayente sensación de frialdad. Karen Souza mantuvo su voz susurrante en los registros más bajos, con un estilo que une el smooth jazz con la música chill out, toques puntuales de bossa-nova, y el easy listening. Su hierática actitud en escena, muy estudiada, era de total distanciamiento, agudizado por el amplio aforo del auditorio. En escasamente hora y media, interpretó 21 canciones, entre versiones y temas propios (estrenó uno nuevo: It's gonna happen tonight, a solas con el guitarrista), casi sin mediar palabra, y aprovechó un tema instrumental intercalado para un cambio de vestuario.

Souza estuvo acompañada por un trío. Al piano estuvo Jaume Vilaseca, al contrabajo Dick Them y a la batería Ramón Díaz, los dos últimos procedentes de la Escuela de Estudios Superiores de Música de Cataluña (Esmuc), que, además de su notable labor de acompañamiento, tuvieron sus espacios de concierto instrumental, a trío y solistas, brillando por sí solos en Softly as a morning sunrise, un standard de Oscar Hammerstein, sacado de la opereta A new moon.

La sensual cantante pampera parece ir detrás de unos géneros, el blues, el jazz, la bossa nova, que están unidos por una profunda melancolía, que es lo que parece atraerle. Si luego sale algo sensual, eso ya no lo controla. En clave jazzística íntima y envolvente fue entregando canciones conocidas y no tanto, revestidas de sabores y texturas nuevas que generan sensaciones muy distintas.

Un entretenimiento añadido era jugar a adivinar cada canción con solo oír las primeras notas. Así sonaron desde Strawberry field forever a I'm not in love de 10cc, Tainted love (aquí salió por primera vez el guitarrista David Pedragosa), que cantara Gloria Jones a mediados de los 60 y luego hicieron éxito en los 80 Soft Cell, Bette Davis eyes (Kim Carnes), Valerie (Amy Winehouse), Wicked game (Chris Isaack), Don't you (Simple Minds), Billie Jean (Michael Jackson), Summertime de la inolvidable ópera Porgy and Bess, Creep (Radiohead) o Every breath you take (The Police), que hicieron en el bis junto con Feels so good; aunque la que mejor quedó fue Have you ever seen the rain?, de Creedence Clearwater Revival, con un arreglo blues, y la citada Creep, que arrancó los mayores aplausos. Cuando escuchamos voces como la de Karen Souza, nos queda más que claro que la palabra jazz sigue significando sensualidad.


Naturalidad y grooves

En la segunda parte del programa figuraba un concierto exclusivo en España del festival: Steve Gadd –uno de los mejores bateristas de la historia del jazz– con su banda. Además, acaba de ganar el Grammy al Mejor Álbum Instrumental Contemporáneo por su reciente trabajo Steve Gadd band.

Steve Gadd está en los créditos de sesiones con Frank Sinatra, Aretha Franklin o Carly Simon, pero también redujo el jazz y el funk en los 70 a la mínima expresión, para dar un nuevo enfoque que se refleja en un sonido de banda nítido, líneas minimalistas y control del ritmo.

Un auténtico dios para muchos bateristas (cuya presencia se hacía notar en el graderío), Gadd entró al escenario sonriendo y saludando con la mano. Se sentó rápidamente a la batería y empezó a tocar con su increíble banda un sencillo y relajado groove. Todo el tiempo dieron la sensación de hacer exactamente lo que querían; disfrutaban cada minuto interactuando y retroalimentándose. Se percibía afecto y respeto mutuo. De lo más impresionante fueron los solos de batería, relativamente cortos, con una dinámica alucinante: discreta, versátil y técnicamente suprema; sin necesidad de alardes. A Steve le sale tan natural... Es como si la batería fuera una extensión de sí mismo. Aunque lleva décadas tocando con peces gordos como Paul Simon y Eric Clapton, y por supuesto Chick Corea (tocó con él en Return To Forever, y fue parte de muchos de los proyectos más importantes del pianista en los 70), últimamente se ha centrado en su propio sonido. En seis años ha publicado cuatro álbumes propios, donde la música es todo naturalidad y grooves.

Steve Gadd siempre ha parecido feliz en el estudio colaborando con las estrellas, pero el papel de líder lo ha ejercido en raras ocasiones. Ahora se le ve encantado con sus compañeros de la banda de gira de James Taylor (excepto Kevin Hays, que reemplazó a Larry Goldings). Los demás son el guitarrista Michael Landau, el trompetista Walt Fowler (que tocó con Franz Zappa) y el bajista Jimmy Johnson. Como en álbumes previos, la Steve Gadd Band prioriza las texturas, el groove y el sentido global sobre las hazañas individuales.

Where's earth comenzó el recital con misteriosos ecos interestelares desde el Fender Rhodes, surcó por varias órbitas funkies y regresó a su inicio espacial. Después, el bajista Jimmy Johnson apuñalaba el ritmo soca de I know, but tell me again mientras la trompeta y el teclado se perseguían. El fraseo espaciado de Walt Fowler en la trompeta asordinada y el fliscornio producían sensaciones fuertes que el guitarrista Michael Landau impulsaba con punteos sutiles y algunos zarpazos. La trompeta con sordina bordaba la soledad que expresa The long way home. Todos los músicos tenían voz: Green foam sonó con funk estilizado y psicodélico de extraña melancolía, una astuta mezcla de groove fuerte y jazz etéreo.

El hecho de haber girado con James Taylor no llega a ser determinante para que su elegante jazz fusión llegue a ser rock, ni siquiera el bis con Watching the river flow de Bob Dylan, que cantó el pianista Kevin Hays, aunque sonó en clave blues (Hays, junto con Walt Fowler a la trompeta y el fliscornio aportaban las constantes de jazz).

Excepto la versión de Dylan y Temporary fault (Allan Holdworth), Gadd y compañía se centraron en temas originales. La banda rezumaba prudencia y discreción, con tempos lentos y solos más bien reservados, pero con solvencia de sobra para manterner el interés. En Way back home daba la impresión de que Steve tenía dos escobillas en cada mano.
Alternando estilos y ambientes, mostraron un habilidoso unísono, desde la alegría de I know, but tell me again al fuego lento de Timpanogos. Si de Gadd esperabas desparrame y fuegos artificiales, te equivocaste (las susurrantes escobillas de Gadd eran un dechado de imaginación y precisión), pero si lo que buscabas era una lección urgente y sucinta de jazz limpio, con generosos capítulos dedicados al relato improvisado, aquí lo hubo para dar y regalar.

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