16 de julio de 2019
16.07.2019
Mar de Músicas

El poder artístico de una imagen, la nueva exposición de Cartagena

Piezas de led, fotografía intervenida, serigrafías, dibujos, esculturas, cajas de luz y otros objetos alejados de la esfera tradicional del arte componen la última muestra de La Mar de Músicas

16.07.2019 | 17:50
Trabajo de Sophie Calle, incluido en la muestra.

La presencia del arte, esencial en la filosofía y desarrollo de La Mar de Músicas, ha traído a Cartagena, a lo largo de sus 25 años de recorrido, muchos de los grandes nombres internacionales que componen una parte importante de la historia del arte contemporáneo. Sobre esa idea se compone El poder de las imágenes, una exposición que lleva a cabo una revisión del festival a través de algunos de los artistas icónicos que han pasado por la ciudad; en total 18 artistas, de 12 países. La muestra podrá verse en el Palacio Molina hasta el 30 de septiembre.

"El poder de las imágenes es una exposición en la que las obras están presentes en su condición material y simbólica tanto como propiamente artística. Para ello, se han seleccionado piezas de referencia de muchos de los grandes artistas vivos, piezas muy reconocibles en distintos lenguajes que comparten una naturaleza icónica: son imágenes poderosas tanto por su contenido como por la firma de su autor", declaran fuentes del festival.

Piezas de led, fotografías intervenidas, serigrafías, dibujos, esculturas, cajas de luz y otros objetos alejados de la espera tradicional del arte esperan al público en esta muestra, que toma su título y esencia de un libro fundamental en la construcción de la iconografía contemporánea: El poder de las imágenes de David Freedberg, quien definió una nueva interpretación de las cualidades místicas, esotéricas y simbólicas de las obras de arte, añaden desde la organización.

Los artistas participantes en la muestra son Erwin Wurm (Austria), Jenny Holzer (EEUU), Alfredo Jaar (Chile), Sophie Calle (Francia), Thomas Ruff (Alemania), Félix González Torres (EEUU-Cuba), Isidoro Valcárcel Medina (España), Gilbert & George (Reino Unido), Alberto García Alix (España), Per Barclay (Noruega), Nobuyoshi Araky (Japón), Antoni Muntadas (España), Luis Gordillo (España), Danielle Buetti (Suiza) y Takashi Murakami (Japón), pero de entre todos ellos cobra especial protagonismo el artista Pedro Cabrita Reis, ya que la exposición lo contextualiza generacionalmente como uno de los grandes maestros portugueses contemporáneos.

La producción de Pedro Cabrita Reis es conocida porque en ella se entremezclan la pintura, la escultura, las construcciones arquitectónicas, las instalaciones y la fotografía. La brillante aparición de este artista portugués en la escena internacional a raíz de su participación en la Documenta de Kassel de 1992 se consolidó en las bienales de Sao Paulo de 1994 y de 1998, junto con las de Venecia de 1997 y de 2003. Tras la apariencia de una obra de carácter minimalista, influida por los minimalistas estadounidenses Donald Judd, Dan Flavin o Carl Andre, en la obra de Pedro Cabrita Reis planea siempre una visión cotidiana del mundo, la contemplación de la naturaleza y del paisaje, así como el tacto y la percepción de los objetos, la sensación del vacío y el rastro humano. En una primera mirada a las obras que se pueden ver en la exposición (una escultura y dos dibujos), afloran todos estos elementos, directa o indirectamente y la mano del artesano que huye de la perfección técnica del minimal tradicional.

Además, de las piezas que se muestran destaca también una serigrafía de Luis Gordillo que fue atacada en 2016 por un espectador, golpeándola con una escultura mientras estaba expuesta. Una vez producida la rotura se planteó la restauración pero su propietario decidió no hacerlo y dejarla en este estado al considerar que así su creación tendría un doble sentido. Este no es un hecho frecuente, ya que la idea de conservación del objeto artístico choca con este planteamiento ni es habitual que un coleccionista esté dispuesto a mantener una obra dañada y, por consiguiente, devaluada económicamente.

Otra de las piezas que llamará la atención del espectador es la de Takeshi Murakami, que presenta una obra con un aspecto más mundano y comercial. Murakami diseña objetos que pasan a las tiendas de los museos y que vende a precios astronómicos. Imi Knoebel financia campañas solidarias produciendo la edición anual de un broche, Fernando Sánchez Castillo convierte un separador de páginas en un juguete o un fotograma de 2001, una odisea en el espacio en objetos de culto cercanos a las ediciones de arte. Estos objetos incluso se numeran y firman. La reflexión sobre la esencia de estos productos industriales se presenta tan reveladora como la del objeto artístico per se y abre caminos poco transitados para la historia del arte.

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