27 de junio de 2019
27.06.2019
Artes Escénicas

Azorín pide con lenguaje operesco el fin del conflicto entre Israel y Palestina

El director yeclano abre hoy el Festival de Teatro Clásico de Mérida con una reinterpretación de la historia bíblica de 'Sansón y Dalila' que es, para su autor, el «proyecto más bonito» de su vida

27.06.2019 | 04:00
El pase gráfico mostró la espectacular puesta en escena de 'Sansón y Dalila' antes del estreno.

La 65 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida –una de las citas señaladas en rojo en el calendario de las artes escénicas españolas– arranca hoy con protagonismo murciano. Y es que será el director, escenógrafo y productor yeclano Paco Azorín quien levante el telón con la historia bíblica de Sansón y Dalila, una «ópera democrática y sin barreras» basada en el amor y el «odio cronificado que hace que pueblos enteros se aniquilen».

En la rueda de prensa oficial de presentación del espectáculo, el director del festival emeritense, Jesús Cimarro, puso ayer de relieve que se trata de un montaje «especial y único» en el se batirá un récord de intérpretes en escena, con unas 450 personas en total, entre figurantes, solistas y los integrantes del Coro de Cámara y de la Orquesta de Extremadura, que acompañan a Azorín en esta ópera inclusiva.

En este sentido, los más de 300 figurantes que se dan cita en el montaje pertenecen en su mayoría a colectivos con discapacidad y a grupos de teatro no profesionales, un ambicioso proyecto con el que el yeclano quiere «acercar a todos un género tan elitista y exclusivo como la ópera».

La mezzosoprano murciana María José Montiel, Premio Nacional de Música en 2015, encabeza el reparto -no es la primera vez que trabajo con Azorín- junto al tenor neoyorquino Noah Stewar, aunque en el elenco del yeclano se dan cita también el tenor Alejandro Roy y los barítonos David Menéndez, Simón Orfila y Damián Castillo, todos ellos bajo la dirección musical de Álvaro Albiach, al frente del Coro y la Orquesta de Extremadura. Junto a músicos y figurantes –estos últimos para representar a un pueblo de refugiados–, los cantantes darán vida a esta tragedia en tres actos que habla de los conflictos y de la rivalidad entre los pueblos y del amor y el odio congénito del ser humano. Así, el Teatro Romano de Mérida trasladará a los espectadores a Palestina, a una plaza pública de Gaza y al templo de Dagón, donde hebreos y filisteos se enfrentan en un conflicto sin tregua desde el año 1150 a.C.


El director Paco Azorin (c) junto al tenor Noah Stewart y la mezzosoprano María José Montiel.

La ópera Sanson y Dalila, una coproducción del propio festival y de la Maestranza de Sevilla, se representará en la capital extremeña hoy y este fin de semana (sábado y domingo).

Un proyecto «único»

Todos los asistentes a la presentación, este miércoles, del espectáculo, desde directores, escenógrafos, solistas, músicos y figurantes, se mostraron emocionados con esta experiencia, que definieron como «única» y «muy especial», y en la que los colectivos de personas con discapacidad han dado a todos «una gran lección de vida, de ilusión, compromiso y ganas», según reconoció el propio Cimarro.

Por su parte, Paco Azorín declaró que su «sueño» es que «la opera llegue a todo el mundo», por lo que tiene claro que Sansón y Dalila es el «proyecto más bonito» de su vida, una «obra de ingeniería» de la que dice sentirse «muy orgulloso» y con la que invita a reflexionar sobre la cronificación del odio «en la que pueblos enteros se aniquilan sin recordar ya por qué».

No obstante, uno de los momentos más emotivos de la presentación lo protagonizó el responsable de la coreografía escénica, Carlos Martos, encargado de trabajar con todas las organizaciones que se han sumado al proyecto, como la Once y los colectivos de personas sordas y autistas. Martos se subió a la mesa para «romper una barrera más» y leer una emotiva «carta de agradecimiento», una misiva dirigida desde Plena Inclusión Extremadura en la que los participantes en esta ópera dan «mil veces las gracias» por «ponerles en el escenario» y asumir «de verdad» lo que es la plena inclusión y la eliminación de barreras en la cultura.

María José Montiel y Noah Stewar se mostraron igualmente encantados de participar en este proyecto, al igual que Alvaro Albiac, quien reconoció que se trata de un proyecto «muy bonito pero muy difícil», pues el Teatro de Mérida, dada sus dimensiones y su acústica, no es el sitio más fácil para ejecutar una ópera. En cualquier caso, el equipo de Azorín ya ha demostrado que en cuestión de derribar muros y superar obstáculos son unos expertos.

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