09 de junio de 2019
09.06.2019
La Opinión de Murcia
Entrevista
Exposición

Jesús Montoia: "Ya tuve mi dosis de cuadros 'bonitos', ahora quiero aportar algo"

El 'molinense' expone su obra "más cañera" en Bruselas, nada menos que en la sede del Consejo Económico y Social de la Unión Europea, desde donde pretende denunciar los excesos del capitalismo

09.06.2019 | 04:00
El 'molinense' Jesús Montoia.

Jesús Montoia apenas habla de arte. Una vez que comienza, es difícil erradicar de su discurso –tanto pictórico como verbal– su compromiso político. No, no habla de partidos, ni de ideologías –aunque, desde luego, el capitalismo no es santo de su devoción...–, pero ya saben que los mítines, los eslóganes y los tira y afloja entre hombres y mujeres encorbatadas –como concepto– son solo una pequeña parte de esta turbulenta historia. Su activismo no se enfoca en disputas entre diputados y concejales, sino en algo mucho mayor, en una "crisis global" que lo devorará –vaticina– todo (incluso las corbatas...).

"Destruimos el medio natural al ritmo de una gran extinción, con doscientas especies perdiéndose para siempre cada día; el calentamiento global no nos deja respirar y, mientras tanto, islas de plástico flotan a la deriva en nuestros océanos; se crean nuevas y absurdas fronteras como la de México y Estados Unidos, y persisten las viejas, como la de África y Europa, que es la más letal del planeta –con el Mediterráneo de por medio–, según Naciones Unidas... Por no hablar de las migraciones imparables que estamos viviendo por culpa de las guerras, el hambre y la ausencia de agua potable o medicamentos en algunos rincones del planeta, o la semiesclavitud de gran parte del mal llamado tercer mundo para abaratar costes y consumir más y más con todo el rollo del Black Friday, el low cost y demás", lamenta Montoia (Vitoria, 1960), que añade: "Este listado es interminable, y yo solo puedo denunciarlo en mis cuadros, aunque sin renunciar a la belleza, a veces, de lo decadente".

Este gasteiztarra, afincado en Molina de Segura desde finales de los noventa, ha sabido reciclarse y evolucionar para dar cabida en su arte a una cuestión –o miles, según se mire– que realmente le preocupa. "Lo que hagan los demás artistas es cosa de ellos, yo ya tuve mi dosis de cuadros 'bonitos', ahora quiero aportar algo", insiste con rotundidad desde Bruselas, que acoge su última exposición. El título de la muestra, por si acaso, no deja lugar a dudas: Sociedades postindustriales: arte y crisis de valores. Y es que Montoia pinta, pero también ensaya –en el sentido más reflexivo de la palabra–; teoriza, si lo prefieren. Y grita, grita cuando necesita agarrar al espectador de las solapas y decirle: ¿Es que no ves lo que está pasando? "Cada obra se centra en uno de esos problemas –los citados unas líneas más arriba–, y su objetivo, como te decía, es bien sencillo: hacerlos visible, de modo que las personas que las vean tomen conciencia de que tienen que hacer algo para mejorar este planeta, algo que ayude a que las personas podamos convivir con el entorno natural y entre nosotros mismos, o a que haya un reparto equitativo de la riqueza".

La cosa, además, gana en contundencia por el simbolismo que acompaña al lugar en el que expone en esta ocasión: el Consejo Económico y Social de la Unión Europea. "La verdad es que llegar al CESE fue algo un tanto casual: Un amigo de Zarautz (Guipúzcoa), exponiendo yo en esta localidad, me comentó que su hermana trabajaba por allí, y que a menudo organizaban exposiciones en las que ella pensaba que podría encajar. Así que el año pasado mandé un proyecto con mi obra más cañera y me seleccionaron para exponer. Si te soy sincero, me sorprendió, y más cuando me dijeron que mis cuadros estarían allí colgados todo un mes (junio). Así que, evidentemente, estoy contento por tener mi obra en el corazón de Europa, pero, sobre todo, por tener la oportunidad de hacer visibles estos problemas en este escenario", añade.

Montoia, que en su día a día es técnico de la Oficina Municipal de Información al Consumidor de Molina –"Desde 2011 hasta esta fecha hemos parado, en equipo, claro, más de seiscientas ejecuciones hipotecarias", señala– ha encontrado, asimismo, un lenguaje perfecto para expresar sus inquietudes sociales a través del arte: el grafiti. "La cultura hip-hop es herencia de algunos de los grupos más críticos con el sistema de épocas pasadas, y el grafiti –una parte imprescindible de esta cultura– es combativo por naturaleza; piensa que sus autores suelen incluso sobrepasar la legalidad... Pero su mensaje es crítico y, por más que se persigue, multe o limpie, sigue creciendo y ocupando cada esquina de la ciudad; y sus letras, a veces decoradas con dibujos, son el lenguaje artístico más social y más contemporáneo que conozco, y por eso le doy entrada siempre que puedo en mis cuadros, ya sea con un contenido explícito o como parte del paisaje urbano", explica el vasco.

No obstante, Montoia –que sepamos– no agarra el espray y bombardea las calles, sino los medios, otro sector con el que es bastante crítico pero que, a la hora de crear, le dan un soporte y un contexto, tal y como se puede ver en las obras que acompañan a este artículo y que, en este momento, se exhiben en Bruselas. "Los periódicos y sus contenidos me sirven para crear un oxímoron o hipérboles –según el caso– de forma que esos titulares también forman parte de la obra", apunta el artista, que, por cierto, solo tiene que mirar por la ventana para encontrar inspiración. "Es curioso: algún medio ha hablado de mi pasado en Vitoria, en la forja o en mi relación con el sector de la automoción –su padre trabajó en la fábrica de Mercedes de la capital alavesa– para hablar sobre esta exposición, pero esas informaciones no son del todo exactas... Esta obra ha nacido aquí, en Murcia; concretamente, en mi estudio de Molina de Segura. Y, por cierto, Molina, de crisis industrial, algo sabe... La crisis de la conserva, por ejemplo: miles de personas se fueron al paro. Pero también, claro, la crisis financiera y sus consecuencias en la construcción, con, consecuentemente, más desempleo. ¿Y cuánta gente aquí ha sido desalojada de sus domicilios por no poder pagar sus créditos? ¿Y la xenofobia? Ha llegado para quedarse, y mientras, cada mañana, muy temprano, veo a inmigrantes africanos montarse en coches casi a hurtadillas para ir al campo a trabajar. ¿Y un camarero, por ejemplo? ¿Qué sueldo tiene? ¿Puede vivir dignamente de su trabajo? Y lo peor es que, si tiene un contrato indefinido, parece que se tiene que dar con un canto en los dientes...", continúa este artista-activista.

Y, por si acaso el lector no puede ver su exposición en Bélgica, deja un último mensaje: "El capitalismo no tiene cabeza, solo un gran estómago que en lo único en que piensa es en enriquecerse aquí y ahora, y si no somos capaces de parar esta máquina de hacer dinero y convencerla de que los ricos no pueden ser tan ricos como para esclavizar a otras personas y los pobres tan pobres como para dejarse esclavizar, este sistema terminará por fagocitarse a sí mismo después de dejar el planeta hecho un solar". Pues, como él mismo dice, "el capitalismo siempre se adapta, pero esta vez tal vez parece que está llegando demasiado tarde..., y la caída puede ser estrepitosa".

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