22 de mayo de 2019
22.05.2019
La Opinión de Murcia
Entrevista

"Durante años me obsesioné con las novelas del mar como el Quijote con las de caballería"

"'Los nombres de los barcos' no es una novela negra, sino azul marino", explica Juan Carlos Velázquez

21.05.2019 | 22:50
"Durante años me obsesioné con las novelas del mar como el Quijote con las de caballería"

El asturiano presentó el año pasado la que es su primera novela, un «híbrido entre el noir y una de piratas (contemporáneos)» que ganó el premio literario Felipe Trigo y ha sido editada por Planeta. Esta tarde, acompañado de Antonio J. Ruiz Munuera, la presenta en la Sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Murcia.

Dice Juan Carlos Velázquez que no entiende cómo en España, que se asienta sobre una península, no hay más novelas marineras, y que llegó un punto en el que, tal era su obsesión y el embrujo que el mar ejercía sobre él, que no le quedó más remedio que ponerse a escribir una él mismo. Ganadora del XXXVII Premio Felipe Trigo de Novela y publicada el año pasado por Planeta, Los nombres de los barcos –una novela que más que negra es azul marino– incluye un robo millonarios, una historia policiaca y, sobre todo, mar. El autor asturiano, que llega hoy a Murcia con el escritor murciano Antonio J. Ruiz Munuera como padrino, presentará esta tarde (19.30 horas) se debut literarios en la Sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Murcia.


Juan Carlos, ¿qué tiene el mar que le atrapa?

No sé si estarás de acuerdo conmigo, pero el mar es una de esas poquitas cosas que te embruja, por lo menos en mi caso; otra son las montañas y otra, el fuego. Y a mí el mar me ha atrapado desde niño, desde la primera vez que lo vi. Por alguna razón, siempre me ha llamado tanto físicamente como en las lecturas.

En cualquier caso, un sitio raro para ambientar una novela negra como Los nombres de los barcos ...

Bueno, es que no es una novela negra exactamente..., yo digo que es azul marino [Risas]. Diría que Los nombres de los barcos es un híbrido entre la novela negra y una de piratas (contemporáneos), como las de Stevenson, Conrad, London...; que, por otro lado, fueron las lecturas de mi juventud y, en cierto modo, he querido rendirles un homenaje con una historia en la que el mar y los barcos fueran protagonistas.

Supongo que también es por 'deformación profesional', porque a usted se le define como «escritor/periodista y navegante». ¿Una vez se echa a la mar, es difícil quitársela de la cabeza incluso en un apartamento en tierra firme?

Sí. De hecho, ahora vivo en León, con el mar a más de 100 kilómetros, así que... [Risas]. Pero bueno, yo soy marinero de domingo, aficionado; me gusta mucho la vela, pero siento admiración por la gente que vive en o del mar porque es un trabajo muy duro. En este sentido, en la novela reflejo la dicotomía que existe entre quienes van al mar a trabajar y los que van a divertirse, por deporte o por placer. El mar es el ochenta por ciento del planeta, y, como en el veinte restante, hay buenos y malos, ricos y pobres, y gente que tiene que luchar para sobrevivir y otros que se aprovechan de los demás.

Le iba a preguntar por las tres embarcaciones que ocupan el grueso de la novela: el Argon, el Bernard y el Sniper; un mercante, un velero y un yate. Antes de hablar con usted, suponía que no era casualidad enfrentar tres barcos tan distintos; ahora, imagino que esta decisión gira en torno a esto que acabas de comentar, ¿no? Pues el mar no solo es cosa de ricos...

Claro, en el mar hay de todo. Como te decía, hay gente que lo disfruta como deporte; otros que lo utilizan como medio para hacer ostentación, luciendo esos yates que a veces vemos por el Mediterráneo o el Caribe, y gente que va a trabajar. De hecho, los marinos mercantes de lo buques de Conveniencia están casi esclavizados, trabajando día y noche por comida y poco más y arriesgando su vida. En esta ocasión, en El nombre de los barcos, como en la vida misma, estas tres tripulaciones y sus historias, en rumbos de colisión, terminarán por confluir con el asunto policial.

Ahora volvemos a la novela, pero hay una cosa que me ha llamado la atención: ha dicho que es «marinero de domingo», pero tengo entendido que no escribe desde el desconocimiento, que ha navegado por las aguas del Mediterráneo, el Adriático, el Egeo?

[Ríe] Sí, la vela me gusta mucho, pero, sobre todo, el Mediterráneo, que es una bendición que tenemos que cuidar. Así que, bueno, durante unos años, con unos amigos, acostumbrábamos a alquilar un velero y pasar los veranos conociéndolo y disfrutándolo.

Volviendo al libro, además de los tres barcos y sus correspondientes tripulaciones, pone el foco en un grupo de ladrones que acaba entrando en la ecuación. ¿Como ha conseguido hilvanar una historia tan compleja?

Pues todo gira en torno al robo. La historia se inicia en Madrid, con el Atlético celebrando el título de liga en la fuente de Neptuno; esta es la distracción que los ladrones aprovechan para robar dos marinas del Museo Thyssen-Bornemisza –que está justo enfrento– y huir camuflados entre los miles de hinchas. Este preámbulo me surgió visitando un museo en Boston en el que el cuadro más visitado era una fotografía de una obra que no estaba, una marina de Rembrandt que habían robado aprovechando el desfile de Saint Patrick. Luego, hojeando algunos periódicos y a través de Google, me di cuenta de que hay un gran porcentaje de los robos en museos se cometen así, aprovechando una multitud y con los ladrones confundiéndose entre la misma. Así que me pregunté: ¿Cómo robaría yo estos dos cuadros –que son de mis favoritos–?

No quiero preguntarle mucho más por la trama porque la cosa perdería su gracia, pero, cuénteme: ¿qué le ha inspirado o en qué se ha basado –además de este suceso que comentaba– para elaborar esta historia?

Bueno, yo estuve unos años obsesionado como don Quijote con las novelas de caballerías, solo que con las del mar. ¡Llegó un día en el que se me acabaron! [Ríe], y me dio por pensar por qué, viviendo en una península, tenemos tan pocas novelas españolas de este estilo. Así que, me dije: ¿por qué no escribir yo una novela con el mar como protagonista?

Este es, además, su primer libro. ¿Tiene alguna otra cosilla de ficción por ahí publicada y esto –ese nicho poco explotado de las novelas marinas en España– fue lo que le llevó a intentarlo definitivamente con esto de la literatura o, directamente, se lanzó a la aventura?

Pues fue un poco eso último, la verdad. Yo he trabajado mucho como redactor en un periódico y, como sabrás, eso te genera un habito de escribir a diario. Pero hace unos años cambié de empleo: sigo en el mundo de la comunicación, pero en el gabinete de prensa de una empresa, y en el trabajo de oficina no escribes tanto... No obstante, el cuerpo me lo pedía, así que canalicé todo esto en hacer esta novela y alguna otra cosa que tengo pendiente.

Pues, para ser el primero, no le está yendo mal, ¿no? El premio Felipe Trigo, salir con Planeta?

Desde luego. La verdad es que lo del premio fue un sorpresón: mandé la novela al 'Trigo' como quien hecha la primitiva los jueves, así que imagínate... Y, luego, al margen del premio y el aldabonazo que supone, salir con Planeta es..., desde luego, algo para contar a los nietos.

¿Ayudan todas estas cosas a pensar que esta incursión en la novela no va a ser la última por parte de Juan Carlos Vázquez?

Tengo intención de que no lo sea, pero hay que ver cómo vienen dadas las cosas. Además, cuando empiezas tan bien se crea una gran responsabilidad, ya que las expectativas son altas y yo, al menos, quiero igualarlas. Lo intentaremos.

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